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domingo, 10 de diciembre de 2017

CRÍTICA DE THE SQUARE (2017)

20:00:00 0 Comentarios
¿Te atreves a entrar en el cuadrado?


Es curioso cuando las colas se convierten en cara-colas y dan vueltas y vueltas alrededor del más insignificante, e incluso inexistente, mobiliario urbano hasta perder la cola. Cuando la pescadilla, literalmente, se muerde la cola, y la cola vuelve a empezar espontáneamente, derivando en figura geométrica alternativa, o similar. Entonces llegas tú, inocente y emocionada, con tu entrada de cine en la mano, y preguntas: “¿Es esta la cola para la sala 1?” Y nadie sabe nada. Y llega otro iluso y te hace a ti la misma pregunta. Y tú tampoco lo sabes. Y la cola se va formando aleatoriamente. Y tú te empiezas a hacer mucho pis. Y le pides al de detrás que te guarde el sitio. Y sales corriendo, pensando que acabas de arriesgar tus cervicales ofreciendo tu total confianza a un desconocido. Pero tienes mucho pis, y dos horas y veinte minutos de película por delante. Y al volver, ya no recuerdas la cara del desconocido. Porque es eso, un desconocido. Y la cola ya no es lo que era. Y giras y giras sin rumbo definido hasta que alguien grita: “¡Chica!”. Y te sientes aliviada. Y la cola empieza a correr hasta que ya no es cola. Y la película empieza. Y la película acaba. Y no sabes si te han engañado o no. Y piensas. Y piensas. Y piensas… hasta que la pescadilla se muerde la cola y desconfías de tus pensamientos. Y quieres escribir. Y quieres que se fíen de tu crítica fundamentada como historiadora del arte que ha visto una película sobre arte. Y no sabes que escribir para no parecer bohemia. Y la lías. Como una caracola. Y vuelta a empezar. Si la cola hubiera sido cuadrada…

“El Cuadrado es un santuario de confianza y solidaridad. Dentro de él todos tenemos los mismos derechos y obligaciones”.

¿Estás segura que va sobre la confianza? ¿o lo aparenta? Aparenta. Aparente. Apariencia… ¿apariencias? Y todos los de la sala salimos aparentando que somos súper expertos. Y todos ponemos cara de estar mirando una instalación súper conceptual en un museo. Y llegamos a casa y vemos un telefilme alemán de sobremesa. Pero todos hemos entendido The Square.

¿Sobre el contraste entre la imagen y la verdadera personalidad? Y un niño de cinco años se acerca y te dice que porque ves películas tan aburridas que solo dicen tonterías. Y tú le intentas explicar. Y el niño te mira con cara. Y tú acabas dándote cuenta de las tonterías que estás diciendo.


¿Y el arte? Y descubres lo que ya sospechabas sobre el mundo del arte contemporáneo, y de la mejor y más mordaz forma posible. Que un bolso en un museo no es una obra de arte. Que muchas exposiciones nos toman el pelo. Que muchas performances nos tiran del pelo, literalmente. Que ni ellos mismos se lo creen. Que detrás de un traje y una tarjeta de visita de diseño hay un personaje. Y que un niño te puede escupir en la cara. Y el escupitajo sí que será arte.

¿En fin? Hay escenas de un humor soberbio e inteligente. El humor de Ruben Östlund, que además de ser muy aficionado al arte contemporáneo, es bastante peculiar, y a mí me hace gracia. Todo se remonta a aquella película sobre la avalancha donde un padre salvaba su móvil antes que a su familia. Muy serios los adultos, pero luego se comportan como niños. Parecen muy importantes, pero no se puede confiar en ellos. Y mientras, los niños, más coherentes, se lo echan en cara. Qué buena era eh. ¿Cuál? Fuerza mayor. Y esta, ¿es buena? Ha ganado en Cannes. ¿Pero? Es complicada. ¿…? Es graciosa. ¿Te estás haciendo la sueca? No. El sueco es el director.

Valoración: 7 / 10


THE SQUARE (2017)
Director: Ruben Östlund
Reparto: Claes Bang, Elisabeth Moss, Dominic West, Terry Notary, Christopher Læssø, Marina Schiptjenko, Elijandro Edouard, Daniel Hallberg, Martin Sööder, Linda Anborg, Emelie Beckius, Peter Diaz, Sarah Giercksky, Jan Lindwall
Género: Comedia, arte
Duración: 142 minutos.

CINE Y ARTE: LOVING VINCENT (2017)

19:05:00 0 Comentarios

IMPRESIONANTE IMPRESIONISMO CINEMATOGRÁFICO

Por Lucía Pérez García




Animación o no, nunca he visto nada tan real. Una película que huele a óleo. A toneladas de óleo. Una película con empaste. Que se toca y se ve. Se siente.



El paisaje por el que has paseado millones de veces. Los personajes con los que has pasado horas y horas hablando de la vida, y de la muerte. Un hombre pelirrojo pegado a un pincel. Llueva o nieve. Corazón y alma. Emoción brillante e inquieta. Eterno parpadeo de angustia y pasión. Quietud inexistente. Luz de día y luz de noche. Perspectiva perdida en los recovecos del subconsciente creativo. Tristeza errabunda que alegra la vida. Un girasol. Un campo de trigo. Un cuervo. Una Estrella. Millones. Remolino sin forma que da forma a un mundo: Van Gogh.



Minimalismo para el impresionismo de una mente. Clint Mansell y un piano que siempre toca. Nervios frágiles de pintura. Incapaces de permanecer. Desgarrados. Cambiantes. Y la luz. Presente y escondida al mismo tiempo. Voces. Llamadas de locura. ¿Locura? Arte y nada más. Y una canción: “Vincent (Starry, Starry Night)”, de Don MacLean. Si Van Gogh fuera música.




Armand Roulin en busca de un misterio. El doctor Gatchet y un secreto. Tanguy, Gaugin, Pissarro, Lautrec. Surealismo, simbolismo, impresionismo, París. La iglesia de Auvers-sur-Oise. El café Terrace Place Du Forum. De noche. Estrellada. Campos de trigo. Olivos. Una habitación. Unas botas. Gente: Marguerite Gachet, el cartero Joseph Roulin, Theo... Vincent. También fue.



“Por momentos tengo una lucidez terrible, cuando la naturaleza es tan bella como en estos días y entonces dejo de sentirme y el cuadro me viene como en un sueño”. Mejor incluso que el de Kurosawa. Más sueño. Porque es no es de otro, sino suyo. Una película pintada a su imagen y semejanza. Van Gogh. Una historia del arte. Una vida en un gran guión. Un guión que es un cuadro. Un cuadro al que ni Kirk Douglas ni Anthony Quinn añadirían un plus, porque ella sola es plus que la propie vie.



Valoración: 9.5 / 10




LOVING VINCENT

Director: Dorota Kobiela yHugh Welchman
Reparto: Douglas Booth, Helen McCrory, Saoirse Ronan, Aidan Turner, Eleanor Tomlinson, Chris O'Dowd, Jerome Flynn, John Sessions, Holly Earl, Robert Gulaczyk, James Greene, Bill Thomas, Martin Herdman, Josh Burdett, Richard Banks, Shaun Newnham
Género: Animación, drama, arte, biopic.
Duración: 95 min.

miércoles, 6 de julio de 2016

CRÍTICA DE WASTE LAND (2010)

10:40:00 0 Comentarios
LA DIGNIDAD DE LA BASURA 
Por Lucía Pérez García 






Vik Muniz (1961, Sao Paulo) es un artista que no se reconoce como tal. Nunca quiso serlo hasta que una bala perdida le llevó a Nueva York con 22 años. El arte le dejó fascinado. Así es como Vik Muniz se convirtió en un retratista de su mundo. De sus recuerdos. Recuerdos que a veces son imágenes de otros, grabadas como un hito importante en su memoria. Iconos de masas, víctimas de la era de la reproductibilidad que cuestiona como algo personal y universal de muy distinta manera. Transmisible al resto del mundo como una pregunta: “Disfruto viendo cómo reacciona la gente […] los artistas somos mejores haciendo preguntas que contestándolas”. A nosotros nos toca interactuar con sus recuerdos y decidir si los compartimos, le devolvemos la pregunta o los seguimos desarrollando a través de nuestra propia existencia.  

“A a veces para crear algo nuevo hay que olvidar lo que significa la palabra nuevo”. Muchas de sus obras reproducen las de otros artistas: la Medusa de Caravaggio, la Gioconda de Andy Warhol, el retrato del Che Guevara… pero no como simple reproducción versión o copia, sino como parte de un significado justificado por un elemento esencial en el contexto del momento, y como parte de un estilo personal del que se han apropiado –como una forma de reproductibilidad técnica- centenares de artistas y artesanos callejeros. Hilo, azúcar, espaguetis, chocolate, agujas, arena y hasta nubes. Cualquier materia es válida para aportar simbolismo a la obra. Obras tan efímeras como reproductibles. Con un proceso creativo de ida y vuelta: fotografía, proyección-dibujo-fotografía. El original dibujado desaparece dejando todo el trabajo posterior de comunicación a la fotografía. ¿Fotógrafo? Tampoco se considera uno de ellos. Influido por el arte pop (incluyendo sus inicios en la publicidad), el arte povera, el minimalismo, el foto realismo de Chuck Close, la obra de Joseph Beuys, el cine y los propios recuerdos de su infancia y juventud en Brasil; la obra de Muniz intenta acercarse a todo tipo de personas: entendidas y ajenas al arte, de las clases altas a los más pobres.  


La documentalista londinense Lucy Walker, nominada en dos ocasiones al Oscar, por el documental pertinente y por el corto documental The Tsunami and the Cherry Blossom (2011), es experta en contar caminos vitales, de superación, transición y cambio (Devil's Playground, A ciegas, The Crash Reel). La eterna duda del documentalista ¿involucrarse o no? No es para ella una cuestión: “¿Deben interferir los documentalistas en la vida de las personas objeto de su trabajo? No creo en la objetividad […] Tu presencia está cambiando algo; no hay duda. Y tú tienes una responsabilidad”. Waste Land es una muestra clara de esta filosofía traspasada arte de Vik Muniz, cuya serie de retratos con basura (o material reciclado) de los trabajadores del vertedero de Jardim Gramacho (Río de Janeiro), sirvió para ayudar a estas personas, muchos de ellas metidas entre montañas de basura desde la infancia: “No creo en el arte que se origina en una idea o un mensaje político que luego se vuelve arte. Pensar en hacer arte para defender a los oprimidos, eso no es hacer arte, es hacer política. Si en el camino de hacer arte, de buscar concretar una idea artística, se puede transmitir un mensaje político, eso es otra cosa”. 



El trabajo que muestra el documental Waste Land recuerda a los Niños de azúcar –hito en la carrera del artista-, donde retrató a los hijos de una plantación de caña de azúcar con eso mismo: azucar. Lucy Walker, a quien el tema de la basura, como esta habla del ser humano, su transformación y cambio, así como los grandes espacios en los que se amontona, le llamaba especialmente la atención, rueda con el interés del documentalista, la pasión del cineasta, el cariño de alguien totalmente implicado y el amor por el arte. Casi sin darnos cuenta que estamos caminando hacia delante al son de la banda sonora de Moby: conocemos al artista, el contexto social de Río, la vida de los trabajadores del vertedero, como grupo, dentro de su asociación ACAMJG (the Association of Recycling Pickers of Jardim Gramacho) y como individuos, sus vidas, sus intereses (algunos realmente sorprendentes y todos menormente interesantes), sus sueños… no hay lugar para la pena y la compasión. La dignidad eclipsa el olor de la basura y cualquier vergüenza que pueda conllevar la profesión: no son basureros, trabajan con material reciclable y hacen un bien inmenso a la sociedad y al mundo. Y casi sin darnos cuenta llegamos al final, donde la emoción del proceso artístico (que se viene desarrollando desde el inicio en forma de idea y llega hasta el mismo final de la subasta, la compra, la exposición y la reproducción) se mezcla con la emoción humana. Porque un documental puede emocionar tanto como una película de ficción. Y el arte, como no, es siempre pura emoción.  


Waste Land -en mi opinión, uno de los mejores documentales sobre arte contemporaneo- es una fusión de emociones: la del mejor documental de Lucy Walker, la de una de las obras más interesantes de Vik Muniz y la de una historia de dignidad que nos enseña que la belleza está en cualquier parte. Ya lo decían los pintores realistas: todo es digno de ser pintado.  

“El momento en el que una cosa se transforma es el más bello de los momentos”. Vik Muniz, Waste Land. 



Valoración: 9 / 10 

WASTE LAND (2010) 
Director: Lucy Walker 
Reparto: Vik Muniz, trabajadores de Jardim Gramacho
Género: Documental, fotografía 
Duración: 90 min.

 

jueves, 30 de junio de 2016

CINE Y ARTE: EL NOMBRE DE LA ROSA (1986)

11:09:00 3 Comentarios
EN EL NOMBRE DE LA ROSA, DE UMBERTO ECO, DE JEAN JACQUES ANNAUD Y DE SEAN CONNERY. AMEN. 
Por Lucía Pérez García

Justo antes de comenzar a relatar el primer día, Adso teme que el recuerdo merme sus facultades: “Ojala mi mano no tiemble cuando me dispongo a narrar lo que sucedió después”. Justo antes de empezar a leer el primer día de Adso, yo ya no podía despegar mis ojos del libro. Mis temores no estaban en el recuerdo, sino en quedarme petrificada ante tal fascinación novelesca y no ser capaz de hacer otra cosa que seguir leyendo. Mis manos no temblaban, pero mi cabeza vivía inmersa en un laberinto de bibliotecas e iconografía medieval del que me era imposible salir. Cuando no tenía el libro de Umberto Eco en las manos, tenía uno de historia del arte medieval, o incluso el Apocalipsis. Justo antes de llegar a la última frase del último día, la película de Jean Jaques Annaud me esperaba dentro del DVD. En palabras del director: “una entretenida trama policiaca. Una historia asombrosa que te lleva a otro mundo”.  


Eran todos tan feos… Ron Perlman a la cabeza. ¿Acaso no eran feas las representaciones del mal del arte medieval? Fachadas y capiteles llenos de criaturas esperpénticas, terroríficas, dignas de cada pecado, mortal y capital, para adoctrinar a los fieles iletrados, supersticiosos y asustadizos. ¿No hay superstición también en estos personajes? El director francés buscaba realidad. Histórica, pero también literaria. La propia historia destila una misteriosa maldad: “La tierra baila la danza de Macabré; a veces me parece que surcan el Danubio barcas cargadas de locos que se dirigen hacia un lugar sombrío”. 




Sean Connery… 
Presencia. Por él mismo. Cualquier papel a cualquier edad. No importa. Es Sean Connery. Es William of Baskerville. No podía ser otro y así quedará para siempre, pese a que las dudas asaltaron a Annaud durante el casting. La luz del conocimiento y la belleza entre tanta suciedad y conspiración maléfica. La criatura opuesta del lado derecho del tímpano. La que tiende la mano a Dios, aunque con cierto orgullo intelectual, siempre en pos del bien. Su personaje es todo: el bien, la inteligencia, la deducción y la transmisión del conocimiento.  


La arquitectura… 
La palabra espectacular es un pobre cúmulo de letras al lado del diseño de producción de las películas de Annaud (Siete años en el Tibet, El oso, Enemigo a las puertas, El último lobo). Un adjetivo que con la fotografía de Tonino Delli Colli y la música de James Horner aumenta más si cabe. Porque la arquitectura no es solo ella misma, sino todo lo que la habita y la rodea. Fiel a la historia. Rodada entre el monasterio cisterciense de Eberbach (pese a que el arte cisterciense alcanzó su apogeo en el siglo XII, y que a principios del XIV muchos de estos monasterios quedaron en ruinas, este monasterio sobrevivió) y los grandiosos decorados construidos en Italia. Con la niebla y la nebulosa y húmeda suciedad siempre presentes. Y una música anacrónica y con cierta atonalidad, grave, solemne y sobretodo misteriosa, que incrementa la oscuridad del entorno; acompañada de los siempre inquietantes cantos gregorianos, cuyo eco transmite más que ningún otro elemento, la forma, la función y el espacio de esta arquitectura religiosa. Enorme.  



Los códices… 
El conocimiento. Se puede depender de él como de una droga. Más aún incluso. Querer más y más. Llegando a matar. Muerte por curiosidad intelectual. Lo creo. Y en la Edad Media, es que algunos siguen considerando oscura, el conocimiento era parte esencial. Los monasterios eran criaderos de eruditos. Hombres proponiendo teorías hasta debajo de las piedras (o de la mugre). Hombres afanados hasta perder la vista y sangrarle los dedos en copiar esos textos para su transmisión futura. Sin ellos, hoy no sabríamos ni la mitad. Hoy solo sabríamos que sabríamos absolutamente nada. La oscuridad medieval no es tal. Es luz y nada más. 
Las bibliotecas y scriptorium son parte esencial de la historia. En la película no falta detalle, como no falta en la descripción que de ellos hace Adso en la novela: “El scriptoprium me parecía un tranquilo y jubiloso taller del conocimiento. Los sitios mejor iluminados estaban reservados a los restauradores, miniaturistas, expertos y copistas. Cada mesa tenía todo lo necesario para pintar. Tinteros, plumas finas que muchos monjes afilaban con cuchillos, piedras pómez para fijar el pergamino y reglas para trazar las rayas de los versos”. 


Miniaturistas. Porque no solo había textos. Las letras se acompañaban de dibujos de no menor significado. Parte fundamental de la historia del arte. De entre los millones de códices iluminados que existen, los beatos merecen mención importante. Umberto Eco lo sabía y por eso los incluyó como parte de la trama principal. Sumergirse en su iconografía apocalíptica es bucear por los colores, los ojillos redondos y expectantes de las figuras, criaturas infernales y, por su puesto Dios. Sumergirse doblemente en un beato y en El nombre de la rosa, es el colmo del éxtasis cinematográfico, artístico e intelectual. Tu cabeza puede entrar en un bucle con forma de escalera de caracol de biblioteca de monasterio. 

Yo aún sigo subiendo y bajando por esas escaleras: Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemos… 


Valoración: 8.5 / 10 
EL NOMBRE DE LA ROSA, “THE NAME OF THE ROSE” (1986)
Director: Jean-Jacques Annaud 
Reparto: Sean Connery, Christian Slater, F. Murray Abraham, Michael Lonsdale, Valentina Vargas, Ron Perlman, Feodor Chaliapin Jr., William Hickey, Volker Prechtel, Leopoldo Trieste, Helmut Qualtinger, Elya Baskin, Michael Habeck, Urs Althaus, Vernon Dobtcheff, Andrew Birkin 
Género: Drama, intriga, religión 
Duración: 131 min.

 

lunes, 20 de junio de 2016

CINE Y ARTE: TRANCE (2013)

11:14:00 0 Comentarios
LA PINTURA NEGRA DE DANNY BOYLE 
Por Lucía Pérez García 




Parafraseando a Forrest Gump, dijo Goya un día: “La vida es como un aquelarre, nunca sabes que bruja te va a tocar”. Si la película es de Danny Boyle, la suerte está echada. Bienaventurados aquellos que consigan salir ilesos de sus frenéticos montajes. Si además nos deja en Trance, apaga y vámonos. A lo mejor, por casualidad, así como quien no quiere la cosa, crees que te has enterado de algo. Un segundo después, volverás a pensártelo dos veces. O tres, o cuatro… hasta que verdaderamente entrés en trance. 

Goya dijo más cosas: “El sueño de la razón crea monstruos”. Danny Boyle también. Monstruos que se apoyan en pantallas divididas, por el montaje o por los encuadres de plano; en colores llamativos, en velocidad, en flashbacks, en música electrónica y minimalista de John Hodge que martillea el cerebro hasta que consigue traspasar la tercera dimensión y abrirse a su especial universo; en personajes apasionados perdidos en su propia vida. Si algo tiene Trance de diferente, es llevar las monstruosidades al extremo, utilizando como excusa los inextricables misterios de la mente humana. El olvido (con un pequeño homenaje musical diegético a la saga Bourne) y el recuerdo como armas principales. El arte como obsesión. Para el personaje de James McAvoy, entusiasta historiador de arte, y para el ladrón de Vincent Cassel. Ambos interpretados con la intensidad física propia de ambos actores. 
La emoción que el arte puede producir en un historiador puede verse en los ojos, los recuerdos, las visiones y las frases de Simon (MacAvoy). Su admiración ante una sala llena de cuadros perdidos, la forma de explicar un elemento iconográfico, el juego de convertirse en el personaje de una pintura… incluso sus más secretos sueños eróticos están relacionados con el arte. 
La obsesión del ladrón, por su parte, no tiene nada que ver con el hecho artístico, sino con el económico. Ladrones hay de todo tipo, pero los de arte siempre han tenido, en su mayoría, una sensibilidad especial. Hombres respetados del mundillo, ansiosos coleccionistas, enamorados, o al menos conocedores, de su presa. En ladrón de Vincent Cassel solo tiene de artístico el ser interpretado por el actor francés. Es un hombre de los bajos fondos, con dinero pero sin cultura. Con un plan pero sin conocimiento real de lo que significa el golpe para la historia. No ve óleo, ve billetes. Y en el arte hay muchos, pero que muchos de ellos. Y de los grandes. Allí todos tienen dinero. Lo que importa es demostrarlo. Y no hay mejor forma de hacerlo que mediante la propiedad. Y si es digna y da caché ilustre e intelectual, mejor. Dice más un cuadro que un coche. Y el dinero vuela cuando de arte se trata. El ladrón de Cassel lo sabe. 



El cuadro de la obsesión es Vuelo de brujas (1798), de Goya. El único de una serie de seis que hoy se conserva en el Museo del Prado y que, casi con total seguridad, nunca estará vendiéndose en una subasta en Londres. Si algo tiene que ver con la trama, más allá de ser el objeto alrededor del cual gira todo, es su oscuridad, la locura, los entresijos de la mente, la magia, las brujas… elementos que están representados en la historia por cada uno de los personajes principales, o hacen efecto en ellos. Rosario Dawson podría ser las brujas. El burro es siempre la ignorancia. Ignorancia de los personajes de McAvoy y Cassel, que serían los dos hombres que tras llegar a la cima, se tapan los oídos y se esconden bajo una sábana para no escuchar las voces engañosas y caer en el encantamiento, o la maldición… Goya es uno de los pintores, junto a Picasso, más citados en el cine (biopics, cuadros colgados en paredes de casas, colecciones y museos, diálogos, planos basados en su pintura y grabados, la luz y la oscuridad…). En este caso la excusa era el robo, lo que une el valor económico al artístico. Curiosamente, Goya tiene un grabado que critica los expolios de arte. 


El robo en cuestión es el que abre, de forma impactante, la película. La voz en off de MacAvoy nos va guiando por los menesteres de una subasta y los dispositivos de seguridad de las mismas. La casa de subastas, como no podía ser de otro modo, está en Londres, centro junto a Nueva York del comercio de arte actual. El tema de la seguridad pasa por el filtro del cine de acción, robos y atracos, pero tiene su lógica en cuanto a que se comprueba el entrenamiento al que se someten los propios trabajadores de la casa ante una posible situación límite, algo necesario para la seguridad del patrimonio y que no siempre se hace. El robo, es tan exagerado como eficaz dentro de una película de estas características. Ruidoso, multitudinario, en plena subasta. Nunca un ladrón de arte se hizo ver tan explícitamente, guerras y terrorismo aparte. ¿Hay secretos mejor guardados? Un día se descubren cuadros en un sótano del lugar más recóndito e insospechado. Otro día un coleccionista se levanta y ve sus paredes vacías (los recientes robos de Francis Bacon). Al día siguiente se intercepta un barco sospechoso con un Picasso (el del señor Botín)…y así sucesivamente. Pero lo que tenemos delante es puro thriller de acción. No hay lugar para robos silenciosos. 



Ni aun así no es fácil entender la película más enrevesada de Boyle. Difícil no solo la primera vez. Puedes ir a preguntarle a una bruja, puedes preguntarle a Goya o puedes preguntarle a Danny Boyle. Y si sigues sin enterarte de nada, prueba a ver la película de nuevo. A lo mejor descubres que puede ser que, quizás, por casualidad, así como quien no quiere la cosa, lo mismo sales con una idea aproximada de que va todo este lío lleno de arte.  


Valoración. 8.5 / 10 

TRANCE (2013) 
Director: Danny Boyle 
Reparto: James McAvoy, Vincent Cassel, Rosario Dawson, Tuppence Middleton, Danny Sapani, Wahab Sheikh, Lee Nicholas Harris, Ben Cura, Gioacchino Jim Cuffaro, Hamza Jeetooa 
Género: Thriller, acción 
Duración: 97 min. 

 

viernes, 17 de junio de 2016

CINE Y ARTE: LA DAMA DE ORO (2015)

11:37:00 0 Comentarios
UN CUADRO DE ORO PARA UNA PELÍCULA ALGO MENOS BRILLANTE PERO NECESARIA
Por Lucía Pérez García 



El arte es reflejo de la vida en todos los sentidos. Desde su estilo, el más personal del artista, la subjetividad, la iconografía y la simbología; el color y la forma; su conservación y sus devenires históricos. Es lo que proyecta en la vida y lo que la misma vida a proyectar en él. La historia de un edificio, una escultura o una pintura pueden cambiar con el paso del tiempo según el mundo decida, para ser recordados más por la acción humana posterior que por la intencionalidad primigenia. Es lo que ocurre con los expolios de guerra. Aquella Inmaculada de Murillo que ya no es de de los Venerables, sino del mariscal Soult. El retrato de Adele Bloch-Bauer, bautizado con el nombre antisemita de La dama de oro. 

Simon Curtis, director de la genial Mi semana con Marilyn (2011), se une a George Clooney y su The monuments men (2014) para reivindicar una parte necesaria de la historia del arte que ya fue carne de cine allá por 1964 gracias a la inmensa El tren de John Frankenheimer. Y su unión va más allá del fondo, pues ninguna de las películas, ni la de Curtis ni la de Clooney, han pasado a mayor gloria. Aun así, es de agradecer que de vez en cuando alguien decida recordar el papel que el arte ha jugado en la historia. 


La dama de oro cuenta la disputa de Maria Altman con el gobierno austriaco por recuperar uno de los retratos que Gustav Klimt hiciera de su tía Adele Bloch-Bauer, el conocido como La dama de oro desde que los nazis, allá por 1938, decidieran descolgarlo de la casa de loa Bloch-Bauer y quitarle todo rastro de judaísmo. Una lucha que se centra más en el recuerdo, el orgullo y el despecho, que en el propio hecho artístico. Algo que refleja perfectamente la película mediante los flashbacks, el regreso de Maria a Viena, y el mismo final del caso. Se puede sentir el rencor, las ansias de venganza y hasta cierto egoísmo, obviando en muchas ocasiones la condición de arte de la pintura de Klimt. 


Una pintura, el primer retrato de Adele Bloch-Bauer (1907), que supone el comienzo de la etapa dorada de Klimt, de la cual saldrán obras maestras como Danae (1908) o El beso (1908). La estética del dorado fue poseyendo a Klimt desde que rompiera con el historicismo y se uniera a la Secesión Vienesa e 1987. Se inspiró en las modas contemporáneas de su ciudad. Y fue llenándolo a partir de sus visitas a Rávena, una de las capitales del arte bizantino –no por casualidad el edificio de la Secesión remite a estos templos-. No solo el color dorado y su luz, sino el efecto espiritual de los mismos, la ausencia de perspectiva, la estilización y el horror vaqui. Una simbología que eleva el arte a un plano más allá del material y que permitía a Klimt alejarse del naturalismo y buscar su propia verdad del arte, volviendo la espalda al racionalismo institucionalizado. ¿Podría haber pensado Curtis en una fotografía levemente más dorada y un diseño de producción algo más estilizado y rico? ¿Podría haber diferenciado de este modo las dos épocas? Se intuye un intento. 


El retrato que nos ocupa encierra todas estas características, acercándose como ningún otro a las vírgenes bizantinas. Virgen, curiosa comparación para una mujer casada que, como casi todas las modelos de Klimt, tuvo una relación con el pintor. Virgen en cuanto a ensalzamiento. En cuanto a reina. En cuanto a gran mujer. Sumergida en un mar dorado infinito y carente de toda referencia. Lleno del simbolismo, masculino y femenino, de ojos que miran, como los de Klimt. Pero lleno también de esa moda que reinaba en la Viena del momento. La de la liberación de la mujer (Adele era una mujer por encima de su época), cuyos hombros quedan al descubierto y cuya figura, ornamentada con las más ricas joyas como una reina, es elevada hasta el trono. Y la de la moda, con un traje que bien podría haber salido de la tienda de Emilie Floge, gran amiga y compañera eterna de vivencias de Klimt. Lógico que Austria no quisiera desprenderse de tal maravilla y alargara la lucha siete años. Normal que la sobrina de la retratada lo reclamara, aunque solo fuera por orgullo y por sentirse tan fuerte como lo fue su tía. Como ya he dicho, los guionistas desechan la parte artística, a la que tan solo conceden unas escenas en las que vemos a Klimt pintando a su modelo. Podemos ver, sin embargo, el carácter de Adele y el detalle del collar que decora el cuello de su imagen pintada y que ella misma regaló a su sobrina, cayendo finalmente en manos de la esposa de Goering. ¿Una justificación más para vengarse? 


Klimt pintó otro retrato de Adele (1912), mucho más comedido, cercano casi al fauvismo en el color, y con un fondo lleno de motivos florales y orientales (parece que Adele fue también retratada en Judith I). Además de estos, cuatro paisajes entraron a formar parte de la colección de los ricos Bloch-Bauer, mecenas del pintor. Pero ninguno tan bello y tan influyente como La dama de oro. Pues, pese a que también le fueron restituidos, no fue por ellos por los que se libró la lucha encarnizada. En la película no juegan papel alguno más allá de su simple mención en el testamento de Ferdinand Bloch-Bauer. 

Poco más que decir aunque mucho todavía por aprender. La dama de oro es una excusa pefecta y necesaria para curiosear sobre la historia del arte y los expolios de guerra. Un buen inicio para nuestra propia y personal indagación. En cuanto a cine, no es la maravilla (no destaca especialmente en ninguno de los aspectos, aunque se inetgran todos de forma correcta y agradable) que requiere la obra de la que trata, pero tiene a Helen Mirren, perfecta para este tipo de papeles reivindicativos de mujeres luchadoras y fuertes, que fue nominada por el Sindicato de actores por su papel. El resto es cosa nuestra. 


Valoración: 6 / 10 

LA DAMA DE ORO, “WOMAN IN GOLD” (2015) 
Director: Simon Curtis 
Reparto: Helen Mirren, Ryan Reynolds, Daniel Brühl, Tatiana Maslany, Charles Dance, Katie Holmes, Antje Traue, Max Irons, Elizabeth McGovern, Jonathan Pryce, Tom Schilling, Moritz Bleibtreu, Anthony Howell, Allan Corduner, Henry Goodman 
Género: Drama, basada en hechos reales, pintura. 
Duración: 107 min. 


lunes, 6 de junio de 2016

CINE Y ARTE: FRIDA (2002)

11:29:00 2 Comentarios
FRIDA-SALMA, ALMA DE FRIDA 
Por Lucía Pérez García  






Si hay una artista difícil de ver pero fácil de sentir esa es Frida Kahlo. La primera vez que la pintura de Frida se planta ante nuestros ojos se resiste a ser mirada como se merece. Primeras impresiones traicioneras. Hay que obligar a las pupilas a mirar más allá de esas cejas pobladas y de los cientos de detalles desagradables que pueblan sus cuadros. Dentro, allí donde lo que uno siente es más profundo y se convierte en sentir universal. Una vez tocada esa fibra. Nervios y vasos sanguíneos que brotaban de los pinceles de la mexicana como si los hilos de óleo fueran tejido vivo. Hay que mirar de nuevo. El mundo ahora es diferente. 
No ocurre lo mismo con la película, que desde el principio es contemplación y belleza. Una belleza, la de lo no bello, que cuando se consigue agarrar y se espachurra con las propias manos, muta en belleza pura e hipnotismo. La directora Julie Taymor, formada en el teatro: París, Sri Lanka, Japón, Broadway; artista del mundo de los títeres y, por su puesto, directora de cine, funde la esencia femenina –indispensable para tratar a un artista como Frida- con el conocimiento de otras culturas –en los dibujos y pinturas de Frida se pueden rastrear referencias mitológicas, no solo mexicanas, sino orientales y clásicas-, y la magia del cine y la pintura. Seis nominaciones al Oscar son justificación por sí mismas. La estatuilla para al música de su marido Elliot Godenthal (en plena competencia con Atrápame si puedes y Camino a la perdición), es el remate al buen trabajo. Sus notas son Frida y su mexicanismo. La llorona y Chabela Vargas (y lo dice alguien a quien no le hace mucha gracia esta señora), son la vivida pintura de la artista, que tantas veces fue y pinto a esa llorona. 

Diagnosticada de polio a los siete años, un accidente de tráfico le dejó casi muerta a los dieciocho: fracturas de columna, clavícula, pelis, la pierna derecha rota en once partes, el pie dislocado, el pasamanos del autobús le atravesó la cadera hasta salir por la vagina… Durante toda su vida aguantó veintidós operaciones de columna (seis de ellas en un año), la amputación por gangrena de la pierna derecha hasta la rodilla, se cayó y clavo una aguja en las nalgas, tuvo problemas de riñón, anemias, y varios abortos. Y no era solo el dolor físico. El corazón y el alma le hacían sufrir más que nada. Su Diego, Diego Rivera, mujeriego empedernido y reconocido -que le engañó hasta con su propia hermana- era su segundo, o su primer dolor. Qiso suicidarse y aguantó por ganas de vivir y por amor. “ÁRBOL DE LA ESPERANZA, MANTENTE FIRME”. Escribía Frida en su diario y sus pinturas. Y tan firme se mantuvo que hasta consentía reírse del mundo: “Nada vale más que la risa. Es fuerza reír y abandonarse. La tragedia es lo más ridículo que tiene el hombre”. Mira ahora y verás que no todo es como lo pintan ¿O sí? 
El dolor es parte central de la película, pero visto desde el lado positivo, desde esa risa de la que hablaba Frida y que mostraba siempre al resto del mundo. Estúpido él y estúpida ella. Todo es risa en su estupidez, y así lo refleja Taynor. Así lo refleja la genial Salma Hayek en su mejor papel. 



Amante de El Bosco y Bruegel el Viejo. Conoció a Bretón, Kandisnky, Picasso, Max Ernst, Yves Tanguy y Miró. Pero todo ello no fue hasta 1939. Ella, sin saberlo, ya era surrealista. Perro su surrealismo no estaba sujeto a normas ni manifiestos. Era un impulso inconsciente y casi egocentrista en lo universal. No era el fuera, sino el dentro, pero el suyo propio. Porque a ella le gustaba reírse: “ Yo quisiera poder hacer lo que me dé la gana detrás de la cortina de la locura […] me reiría a mis anchas de la estupidez de los otros, y todos dirían ¡pobre! Está loca […] Sobre todo me reiría de mi estupidez”. Una estupidez tan mexicana como ella misma. Colores vivos, esqueletos y muertes, la luna y el sol, la llorona. 
Como en toda película sobre artista que se precie, muchas son las referencias a su pintura, destacando el montaje de Las dos Fridas, su obra más conocidas. Pero si algo hay de impactante es la forma en la que el cine nos hace comprender. La reacción de Rivera ante el dibujo del aborto es tan impactante como la imagen misma. Imposible no comprender y ver la belleza. No está escondida, como parece. 


Enamorada hasta lo más hondo de Diego Rivera. Su diario es fuente de amor y pasión “Soy él desde las más primitivas y las más antiguas células, que con el tiempo se volvieron él”, “Tu palabra recorre todo el espacio y llega a mis células que son mis astros y va a las tuyas que es mi luz”, “Nadie sabrá jamás como quiero a Diego. No quiero que nada lo hierra, que nada lo moleste y el quite la energía que necesita para vivir”. Y aun así, pocas veces lo pintó. No había colores para expresarlo.  
En ocasiones, en lugar de Frida, parece que estamos viendo Diego Rivera: la película -aunque bien visto, leer su diario es leer a Diego-. Uno de los artistas mexicanos más importantes del siglo XX, genialmente interpretado por Alfred Molina (a la altura de Hayek), miembro del grupo de los muralistas junto a Orozco o Siqueiros. Comunista convencido, aunque contradictorio en su acciones, lo que hizo que le expulsaran. Amante de todas las mujeres, pero amante solo de Frida. Frida aguantó todo lo habido y por haber. El amor podía con ella, aunque la película quiere mostrar demasiadas infidelidades y el lado lésbico de la artista. Estamos en el siglo XXI y el cine no puede evitar estas cosas, aunque haya otras que aporten mucho más. La convivencia con un gran artista es difícil. Prueba a juntar a dos. 



Y sin saberlo, también compartía con los surrealistas el pensamiento, la ideología. Comunista desde joven, casada con un comunista y amante de otros. Fiel seguidora de la revolución. Siguiendo los preceptos del Manifiesto por un arte revolucionario independiente de Rivera, Breton y Trotsky: “Consideramos que la suprema tarea del arte en nuestra época es participar consciente y activamente en la preparación de la revolución. Sin embargo, el artista solo puede servir a la lucha emancipadora cuando está penetrado de su contenido social e individual, cuando ha asimilado el sentido y el drama en sus nervios, cuando busca encarnar artísticamente su mundo interior”. Quiso hacer de su pintura un arte revolucionario: Realismo revolucionario. Siempre luchó. 
La cuestión de las influencias y el surrealismo no son contempladas por el guión, pero salen por si solas de forma implícita si se es conocedor del contexto y la época artísticas. El comunismo al contrario, está en todas partes. Tanto que no se puede evitar la relación de Frida con Trotsky. 

Frida Kahlo murió el 13 de julio de 1954, feliz de irse y de lo que dejó atrás: “Espero alegre la salida, y espero no volver jamás”. La misma frase que concluye su diario, concluye la película. No hay mejores palabras para definir la vida y el arte de Frida Kahlo. Una mujer que, en propias palabras: “Yo nunca he pintado mis sueños. Solo he pintado mi propia realidad”. 

Durante su vida expuso en varios lugares del mundo, siendo especialmente reconocida en México, Estados Unidos y Francia, donde participó en varias exposiciones, sobre todo a partir de 1940. Sus cuadros decoran no solo las paredes de museos, sino las de las casas de muchos famosos. Y su influencia y legado sigue estando presente. Sin ir más lejos, en la misma Sevilla, la exposición de Fausto Velázquez le hace un rendido homenaje a su persona. Sencillita y pequeña, pero a la vez eficaz, si uno es capaz de ver. 



Valoración: 9 / 10 

FRIDA (2002) 
Director: Julie Taymor 
Reparto: Salma Hayek, Alfred Molina, Mía Maestro, Roger Rees, Geoffrey Rush, Ashley Judd, Antonio Banderas, Edward Norton, Patricia Reyes Spíndola, Valeria Golino, Saffron Burrows, Chavela Vargas, Diego Luna, Margarita Sanz, Loló Navarro, Aída López, Alejandro Usigli, Lila Downs, Enoc Leaño. 
Género: Drama, biopic, pintura 
Duración: 120 min.

 

domingo, 17 de enero de 2016

CRÍTICA LA CHICA DANESA (2015)

19:22:00 0 Comentarios
El cine más delicado de Tom Hopper

Tom Hooper es un director que todo lo que toca se convierte en premio. Ya sea para cine o para televisión. Ya sea Oscar, BAFTA o Emmy. Trabajar con él es éxito asegurado. Imagino una larga cola de actores pegándose puñetazos para trabajar con él. A Paco Delgado pegado al teléfono, esperando la próxima llamada del londinense. A Alexandre Desplat, en los pocos segundos que le quedan libres de su ajetreada vida, acumulando borradores y melodías. Y al propio Hooper, tranquilamente en su casa, con un aura brillante alrededor. 


Si algo destaca sobre lo ya destacado de las películas de Hooper, es su aspecto. Tan bonitas y agradables de ver que uno sale con los ojos renovados. Si a eso le añadimos el mundo de la pintura, como es el caso de ‘La chica danesa”, las pupilas empiezan a despedir chiribitas. El diseño de producción, el vestuario, el maquillaje…y las pinturas. El lienzo perfecto para que los actores se apropien de sus personajes como la propia Lili lo hizo en el cuerpo de Einar Wegener.


De Eddie Redmayne no hay nada que no se haya dicho. Alicia Vikander está al mismo altísimo nivel de secundarias como Marion Cotillard en ‘Macbeth’ y Kate Winslet en ‘Steve Jobs’. Lucha a muerte asegurada en los Oscar. Y atención a Matthias Schoenaerts, uno de los mejores actores del momento y que todavía no ha sido valorado como se merece. Y a Ben Whishaw, que así como quien no quiere la cosa anda metiendo cabeza en multitud de proyectos importantes (‘Spectre’, ‘En el corazón del mar’, ‘Sufragistas’, ‘Langosta’ y ahora ‘La chica danesa’).  


Una pena que, tras todo esto, se haya perdido parte de la profundidad del proceso interior de Einar. Unos minutos más en la primera parte. Una música menos Desplat-pluriempleado (suena demasiado a ‘The imitation game’) y más Desplat-brillante. Un algo que difumine ese salto que el guión no sabido reflejar tan complejamente como debería. Y sin embargo, se puede sentir el dolor. 

Valoración: 7.5 / 10




LA CHICA DANESA, "THE DANISH GIRL" (2015)
Director: Tom Hooper
Reparto: Eddie Redmayne, Alicia Vikander, Amber Heard, Ben Whishaw, Matthias Schoenaerts, Victoria Emslie, Adrian Schiller, Richard Dixon, Paul Kerry, Helen Evans, Michael Gade Thomsen, Alicia Woodhouse.  
Género: Biográfico, drama, transexualidad.
Duración: 120 min.  


jueves, 14 de mayo de 2015

CRÍTICA EL VIAJE MÁS LARGO, "THE LONGEST RIDE" (2015)

9:37:00 0 Comentarios


EL VIAJE MÁS LARGO “THE LONGEST RIDE” (2015) GEORGE TILLMAN JR.

Reparto: Scott Eastwood, Britt Robertson, Alan Alda, Oona Chaplin, Jack Huston, Melissa Benoist, Lolita Davidovich, Amber Chaney, Lindsey Elizabeth, Brigham McNeely, Tommy Brown, Perry Ball, Mary Austin, Brenda Moss-Clifton, Stephen Mackenzie Brown.



Valoración: 6.5 / 10



POR AMOR AL ARTE

Por Lucía Pérez García



Para unos será un viaje demasiado largo (de más de dos horas). Para otros una aventura que no acaba más que empezar. Los primeros verán a Nicholas Sparks en cada plano: besos bajo el agua, historias de amor imposibles entre distintas clases y modos de vida, pasados traumáticos, Flashbacks, cartas…Los segundos disfrutarán de los inmensos paisajes de Carolina del norte, se agarrarán a la butaca como si estuvieran en un rodeo, visitarán galerías, exposiciones y museos, se quedarán pasmados ante las obras de Pollock, De Kooning, Kline, Rotko…e incluso pujarán por algunas de ellas, y saldrán del cine con un sombrero de vaquero en la cabeza, un pincel en la mano y empapados hasta las cejas, no sé si de llorar o de tantísima agua que hay de por medio.




No es la primera ni será la última. No es diferente ni tampoco es igual. Tiene algo especial. Dos realidades diferentes. El arte. La fascinación ante algo que nadie entiende. Los rodeos y la vida rural. La competición como parte de uno mismo y la naturaleza como una más de la que formar parte. Dos conceptos también incomprendidos. Loco uno, loco el otro. Al final, locos de amor, pero con matices (que de eso el arte entiende mucho). Tanto un mundo como otro son capaces de llevarte a su espacio. El arte te absorbe. Las imágenes de los rodeos impresionan aún más. 




La otra historia pierde el elemento salvaje del rodeo, pero no por ello deja de ser interesante. El arte como elemento de unión entre dos épocas diferentes. Y el amor, como el mismo arte, eterno. La conjunción entre una y otra trama se van dando la mano poco a poco, y lo que un principio parece sobrar, acaba por tener sentido.



No hay un Ryan Gosling, pero hay un hijo de maestro que, si bien es demasiado enorme de tamaño, no pinta nada mal (aunque lo suyo sean los toros y no el arte). No hay una chica imponente, pero hay una nieta de otro no menos maestro cuyas caras de felicidad son la felicidad misma. No hay una gran película, pero tras la sorpresa de ‘Un Lugar Donde Refugiarse’ (Lasse Hallström, 2013), ‘El Viaje Más Largo’ sigue manteniendo un listón que llevaba años en decadencia desde ‘El Diario de Noa’ (Nick Cassavetes, 2004).