domingo, 31 de enero de 2016

CRÍTICA SPOTLIGTH (2015)

13:19:00 0 Comentarios
Director: Thomas McCarthy.  
Reparto: Mark Ruffalo, Michael Keaton, Rachel McAdams, Liev Schreiber, John Slattery, Stanley Tucci, Brian d'Arcy James, Gene Amoroso, Billy Crudup, Elena Wohl, Doug Murray, Sharon McFarlane, Jamey Sheridan, Neal Huff, Robert B. Kennedy, Duane Murray, Brian Chamberlain, Michael Cyril Creighton, Paul Guilfoyle, Michael Countryman.  
Género: drama, periodismo, abusos a menores. 
Duración: 121 min.  

Valoración: 6 / 10 
Por Lucía Pérez García  

Una película especial Oscar: reparto estratosférico, tema candente basado en hechos reales, compromiso social, investigación… no hay detalle que no se haya tenido en cuenta para hacer de Spotlight una de las películas de la temporada de premios. Bueno, solo uno, el rechazo que pueda provocar en algunos esa pérdida de la fe a causa de unos cuantos chalados pasados de rosca. Algo que, sin embargo, puede verse desde otra perspectiva: la de la necesidad de encontrar a los culpables que restan credibilidad a una institución cuyo objetivo principal está muy lejos de lo que esos indeseables hacen ver.  

Polémicas a parte, Spotlight se enfunda el traje de periodista hasta llegar al tópico, sin caer por ello en el aburrimiento de los despachos grises, las persianas, los archivos y los jefes de redacción. Curiosamente, un mundo tan seco y poco atractivo cuando se mira desde el exterior, ha dado películas imprescindibles. El secreto radica en dos cuestiones: sacar los trapos sucios del negocio o, principalmente, saber llevar la investigación hasta extremos intrigantes. Spotligth escoge con acierto la segunda. Transmite la emoción del descubrimiento de un dato insignificante pero valioso. El ajetreo y las prisas del trabajo. Mantiene el suspense y la tensión de forma moderada y sin sobresaltos. Y acaba como debe acabar. Correctamente correcta, y sin mostrar el lado más oscuro y desagradable del asunto.


A todo ello se une el reparto. Al que las nominaciones le salen por las orejas. Más que efectivo en conjunto. Un poco menos de forma individual, donde destacan algunos secundarios más secundarios, como un Stanley Tucci casi irreconocible. Mark Ruffalo, por ejemplo, se debería haber ganado su nominación por Infinitely Polar Bear (Maya Forbes, 2014) más que por su ansioso periodista. Y Michael Keaton se quedará otra vez con las ganas. Nada de ello quita el excelente trabajo de grupo. 


No sé si esta llamada al periodismo tradicional de investigación que viene reclamando el cine tendrá su eco en la realidad. Al menos, nosotros podremos disfrutar de películas bien hechas (hace unas semanas se estrenaba La verdad, con Robert Redford y Cate Blanchet, mucho mejor en mi opinión y con un paso más que desapercibido), a la vez que conocemos noticias que revolotean a nuestro alrededor mientras que nosotros, ajenos, no le damos la menor importancia. 



miércoles, 27 de enero de 2016

CRÍTICA LOS ODIOSOS OCHO, “THE HATEFUL EIGHT” (2015)

11:13:00 9 Comentarios
Director: Quentin Tarantino.
Reparto: Samuel L. Jackson, Kurt Russell, Jennifer Jason Leigh, Bruce Dern, Tim Roth, Dana Gourrier, Demian Bichir, Walton Goggins, Michael Madsen, James Parks, Channing Tatum, Zoë Bell, Lee Horsley, Gene Jones, Keith Jefferson, Craig Stark, Belinda Owino.   
Género: western, comedia, intriga. 
Duración: 167 min. 

Valoración: 9 / 10 
Por Lucía Pérez García 
“Un hombre tiene que hacer lo que un hombre tiene que hacer”. Pensaba Tarantino mientras encendía el televisor. En su cabeza resonaban silbidos lejanos, voces onomatopéyicas, ruidos extraños de coyotes y disparos. "El mundo se divide en dos categorías: los que tienen el revólver cargado y los que cavan. Tú cavas". Le dijo aquel hombre sin nombre mirándole con ojos de primer primerísimo plano. “¿Qué yo qué?”, respondió Tarantino indignado. “Yo me sé una mejor: cuando un hombre con un Winchester conoce a un hombre con una pistola, el hombre de la pistola es hombre muerto. Yo tengo el Winchester. Yo gano. Tu cavas”. Entonces Tarantino agarro el mando y apagó la tele. Clint Eastwood se esfumó. “Cobarde”, pensó. Escupió a la pantalla, tomó el último trago de cerveza que quedaba en la lata, agarró su famosa caja de cigarrillos personalizada y se fue al balcón a escribir. ¿A escribir? ¿Un hombre con un Winchester? Sí, porque un hombre tiene que hacer lo que tiene que hacer, y Tarantino tiene que escribir westerns, porque alguien tiene que tomar el relevo de los maestros. El western es demasiado joven para morir.


 “Hay cosas que un hombre sólo debe demostrarse a sí mismo y no al resto”. Meditaba el director americano mientras veía como su guión se filtraba. “Haré una lectura pública y luego, además, una película a lo grande. Y la gente irá a verla. Y buscará desesperada la versión de 187 minutos. Y pedirá otra. Porque yo soy el que lleva el rifle”. “¡Sí, señor!”, cantaron al unísono los fans de Tarantino. “Allí estaremos”, dijeron los cinéfilos habituales. “Como tú quieras”, susurró la crítica. Y, ¿Qué pasó? Que todos la vimos. ¿Y qué opinamos? Los tanrantinófilos salieron extasiados, la mayoría de los cinéfilos se divirtieron a lo grande y los críticos salieron divididos en dos bandos, los que pensaron que era más de lo mismo y los que se calzaron las botas de cowboy. Pero todos, absolutamente todos, salieron bañados en sangre. Y puedo asegurar que todos, absolutamente todos –por mucho que lo nieguen-, se rieron, disfrutaron como enanos y  estuvieron intrigados hasta el final de las casi tres horas de metraje. ¿La razón? Tarantino, una vez más, como en ‘Django desencadenado’, nos apuntaba con su muy personal rifle.


Tarantino volvió a su sillón y encendió de nuevo la tele. Allí estaba esperándole todavía aquel hombre sin nombre. Dedos nerviosos acariciando el revolver. Ojos gigantescos ocupando la pantalla. Un solo de trompeta. Tarantino hace un pequeño movimiento y deja el rifle en el suelo. Viene en son de paz: “Por fin entendí la moraleja en la historia de tu abuelo” le dijo a su enemigo. “Esa de la vaca que entierra al pajarito en sus heces para mantenerlo caliente y luego llega el coyote y se lo come. Es la moraleja de los nuevos tiempos. No todo el que te cubre de mierda trata de lastimarte y no todos los que te saquen de ella lo hacen para ayudarte”. “Y aun así, después de tantas críticas y complots ¿Estás empeñado en hacer otro western?”, preguntó Clint. “shut your fucking mouth”. De la pantalla salió disparado un super chorro de sangre color kétchup.


Mientras todo esto ocurría, escondido en una esquina estaba un compositor con un pequeño cuaderno de pentagramas. Morricone era su apellido. De nombre Ennio. Tarantino también le había amenazado con el rifle. Al principio resistió. Fueron muchos años de temas y canciones robadas e insertadas sin ton ni son. Pero Morricone era hombre de pistola. Y “las pistolas no discuten”. Le compuso un tema. Tarantino el seguía apuntando. No estaba satisfecho. Morricone compuso otro, luego otro, y así hasta una banda sonora completa. Entonces sacó su trompeta y tocó a “Degüello”. El Winchester cayó al suelo. 



 Las manchas de sangre son complicadas de quitar cuando vienen de un western de Tarantino. Son odiosas, pero como estos ocho, pasarán a la historia como uno de los duelos más importantes en la batalla por el nuevo dominio del western. ¿Quien disparará el próximo?


PD: algunas de las frases entrecomilladas están sacadas de famosos westerns que seguro que ha visto Tarantino cientos de veces ¿Puedes adivinar de cuales?

PRÓXIMAMENTE: no te pierdas el análisis de la BSO en De Fan a Fan. 
 

lunes, 25 de enero de 2016

CRÍTICA LA JUVENTUD, "YOUTH" (2015)

11:04:00 0 Comentarios

Director: Paolo Sorrentino.
Reparto: Michael Caine, Harvey Keitel, Rachel Weisz, Paul Dano, Jane Fonda, Tom Lipinski, Poppy Corby-Tuech, Emilia Jones, Mark Kozelek, Rebecca Calder, Anabel Kutay, Ian Keir Attard, Roly Serrano.
Género: drama, vejez.
Duración: 118 min.

Valoración: 8.5 / 10 
Por Lucía Pérez García  


La cámara de Paolo Sorrentino tiene ese no sé qué, esa “gran belleza” que me hipnotiza hasta el punto de no saber por qué. Sus películas son pura estética del arte. Convierte la fealdad en belleza y la belleza en algo indescriptible, más allá del gusto o de cualquier convención. Convierte el espacio en algo por lo que poder deslizarse y el tiempo en algo fascinante. Convierte la vejez en la edad primigenia. Guardiana de la sabiduría y foco de meditaciones, desde la razón hasta el más absurdo de los absurdos. Es manierista y afectado. Incluso pretencioso. Entonces ¿Por qué me gusta tanto? Ya lo he dicho. No lo sé. 
 
¿El Gran Hotel Budapest?
¿Se ha colado Wes Anderson en el rodaje?
‘La juventud’ hay que verla desde dos perspectivas extremas: desde ella misma y desde la vejez, en ciertos aspectos una segunda juventud. Porque, como dice el personaje de Harvey Keitel, los jóvenes ven el futuro muy cercano y los ancianos ven el pasado muy lejano. En ambas visiones la melancolía siempre está presente. En la sensación de los años que pasan y en la de que todo lo que tenía que pasar ya ha pasado. Pero Sorrentino, como en ‘La gran belleza’, toma prestados los ojos de quien ha vivido demasiado y contempla el ahora con una mezcla de nostalgia, disfrute vano y desagrado. Los jóvenes son el adorno (contémplese todas las tipologías) que da magnificencia a la edad dorada. 

La melancolía...
La nostalgia...
La juventud y sus problemas.
Decir mucho es ser tan manierista como el mismo director. Es abrir los ojos a su mundo lo que lo explica todo. A un Michael Caine capaz de dirigir la orquesta de la naturaleza, vacas y cencerros incluidos. A los fantasmas del pasado de Harvey Keitel, convertidos en cine. A la mortal diva Jane Fonda. Al genialísimo Paul Dano, un actor que es el más claro ejemplo de fealdad llena de belleza. A la imaginación melancólica de un cine que lleva lo italiano en la sangre: la belleza, y me repito, de Visconti (y ¿por qué no? Algo de ‘Muerte en Venecia’); y el surrealismo, la decadencia y la nostalgia de Fellini. A un mundo donde el drama es comedia, la comedia es tan absurda como el drama, todo es increíblemente siniestro a la vez que atrayente y, sobre todo, a un mundo donde la arruga es bella. 

Harvey Keitel y la vida entera de un director de cine.
Michel Caine, un gran director de orquesta,  mejor actor en los premios del cine europeo.



domingo, 24 de enero de 2016

CINE Y ATLETISMO: SARAH PREFERS TO RUN, "SARAH PRÉFÈRE LA COURSE" (2013)

11:40:00 2 Comentarios
CUANDO CORRER ES MÁS IMPORTANTE QUE DISFRUTAR.
Por Lucía Pérez García

Aquel atleta que no haya puesto el atletismo por encina de todo en algún momento, que tire la primera piedra. Sarah, la protagonista de esta película, lo tiene claro: lo único que le gusta en el mundo es correr. El resto, incluida su salud, es secundario. Curiosamente, si algo falta en la historia es atletismo. Y cuando aparece, lo hace de forma ridícula e irritante. Las sesiones parecen salidas de las antiguas escuelas europeas, entrenadora incluida. No falla el omnipresente estiramiento pendulante que ya nadie hace pero que el cine considera imprescindible en toda película de atletismo que se precie. La técnica de las chicas es digna de un catálogo de ropa deportiva. Y las marcas de 800 no cuadran, ni de lejos, con todo lo anterior. 


La directora francesa Chloé Robichaud no consigue en ningún momento transmitir la pasión por el atletismo que, supuestamente, tiene la protagonista. Tampoco los nervios, la tensión y el miedo de la competición. Como buen cine europeo contemporáneo, todo está demasiado enfocado hacia el interior. ‘Sarah prefers to run’ es una película sobre la obsesión como concepto, más que como forma de vida del deportista. Y el personaje de Sarah está más cercano a la depresión que a la continua focalización en la carrera. Casi no habla, no se ríe, no tiene amigos, no se relaciona practicamente con su familia, pasa absolutamente de todo menos de correr, incluso del espectador. Correr y nada más. Es decir, precisamente eso que no nos enseña la directora. Puede parecer aburrida y mal estructurada. 

Como contigo porque no tengo más remedio...
Si no pudieras correr ¿que harías?
Cuando el correr no te deja dormir.
La historia se divide en varios tramos separados por frases que decaen en motivación o por montajes abstractos que deberían situarnos en el espacio. No hay forma de saberlo, ni tiene razón aparente alguna. El acompañamiento musical brilla por su ausencia -algo, por otra parte, corriente en este cine europeo- acompañando el silencio de Sarah. Y el final... habrá a quien le guste y le intrigue, habrá a quien le indigne y habrá quien piense que es una tontería.  

A sus puestos...¿Quieres saber qué pasará al final?
En fin. Lo que nos queda es contemplar un poquito de nosotros mismos si nos lleváramos al extremo. No hay forma de saber porque nos obsesiona tanto un deporte que nos hace sufrir tanto a diario. Algo nos pasa en la cabeza cuando de no tener ganas de entrenar pasamos a morir tirados en una pista, en medio de la calle, en un parque o donde quiera que haya un sitio para correr y un suelo para arrastrarse después de las series, mirar el crono y sonreír de satisfacción. Cosa que nunca hace Sarah…porque su obsesión no le permite disfrutar de correr. De todas las películas podemos aprender algo. 


Valoración:
-Cinéfila: 4.5 / 10
-Motivación: 1 / 10 
-Técnica: 1 / 10 
Director: Chloé Robichaud
Reparto: Hélène Florent, Sophie Desmarais, Micheline Lanctôt, Geneviève Boivin-Roussy, Benoît Gouin, Ève Duranceau, Julianne Côté, Catherine Renaud, Pierre-Luc Lafontaine, André Beaupré, Jean-Sébastien Courchesne.
Duración: 94 min.




 

jueves, 21 de enero de 2016

CRÍTICA LA GRAN APUESTA, “THE BIG SHORT” (2015)

10:28:00 0 Comentarios
Director: Adam McKay  
Reparto: Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling, John Magaro, Finn Wittrock, Brad Pitt, Hamish Linklater, Rafe Spall, Jeremy Strong, Marisa Tomei, Melissa Leo, Stanley Wong, Byron Mann, Tracy Letts, Karen Gillan, Max Greenfield, Margot Robbie, Selena Gomez, Richard Thaler, Anthony Bourdain.
Género: comedia dramática, crisis económica. 
Duración: 123 min.  

Valoración: 6.5 / 10
Por Lucía Pérez García  



En una gran apuesta, ciertamente, hacer una película sobre un tema tan complicado. El reparto ayuda. Es bastante agradecido ver a Ryan Gosling sin ojos de hombre congelado. Sorprendentemente increíble comprobar la habilidad de Christian Bale para fingir un ojo de cristal en los primeros planos. Curiosa la pequeña participación de Brad Pitt. Y por no olvidar al cuarto en discordia, simplemente correcta la postura de Steve Carrell ante otro papel dramático, aunque parezca el primo del John du Pont de ‘Foxcatcher’ (Bennett Miller, 2014). Pero todo es tan tremendamente difícil de seguir que llega un momento en el que directamente desconectas de los diálogos y te dedicas a observar, pues eso, al reparto. Pero el principal, porque algunos secundarios, como Jeremy Strong, fuerzan demasiado. 


Cuando un director se ve obligado a insertar breves explicaciones “para tontos” protagonizadas por personajes tan curiosos como Margot Robbie en la bañera, algo falla. Los conceptos económicos son tan enrevesados que ni las metáforas culinarias del chef Anthony Bourdain, en una época de invasión gastronómica, pueden ayudarnos a digerirlos. Quizás el contexto, ayudado por montajes alusivos a la cultura de masas, el consumismo y las consecuencias directas de esos movimientos monetarios que se resisten a nuestro entendimiento; aportan un poco de cercanía y nos insertan dentro de una trama que va ganando algo de emoción hacia el final. 





Buena idea y muy diferente de lo que nos tiene acostumbrados McKay, buen reparto,  excelente montaje -lo mejor- y buen guión, pero demasiado complicado, y un poco aburrido, para quienes, como yo, están tan familiarizados con los conceptos bancarios que se quedan atrapados entre las puertas de las oficinas y sus fastidiosos timbrecitos y cartelitos de “tire-empuje”.


domingo, 17 de enero de 2016

CRÍTICA LA CHICA DANESA, “THE DANISH GIRL” (2015)

19:22:00 0 Comentarios
Director: Tom Hooper
Reparto: Eddie Redmayne, Alicia Vikander, Amber Heard, Ben Whishaw, Matthias Schoenaerts, Victoria Emslie, Adrian Schiller, Richard Dixon, Paul Kerry, Helen Evans, Michael Gade Thomsen, Alicia Woodhouse.  
Género: Biográfico, drama, transexualidad.
Duración: 120 min.  

Valoración: 7.5 / 10
Por Lucía Pérez García  

Tom Hooper es un director que todo lo que toca se convierte en premio. Ya sea para cine o para televisión. Ya sea Oscar, BAFTA o Emmy. Trabajar con él es éxito asegurado. Imagino una larga cola de actores pegándose puñetazos para trabajar con él. A Paco Delgado pegado al teléfono, esperando la próxima llamada del londinense. A Alexandre Desplat, en los pocos segundos que le quedan libres de su ajetreada vida, acumulando borradores y melodías. Y al propio Hooper, tranquilamente en su casa, con un aura brillante alrededor. 


Si algo destaca sobre lo ya destacado de las películas de Hooper, es su aspecto. Tan bonitas y agradables de ver que uno sale con los ojos renovados. Si a eso le añadimos el mundo de la pintura, como es el caso de ‘La chica danesa”, las pupilas empiezan a despedir chiribitas. El diseño de producción, el vestuario, el maquillaje…y las pinturas. El lienzo perfecto para que los actores se apropien de sus personajes como la propia Lili lo hizo en el cuerpo de Einar Wegener.


De Eddie Redmayne no hay nada que no se haya dicho. Alicia Vikander está al mismo altísimo nivel de secundarias como Marion Cotillard en ‘Macbeth’ y Kate Winslet en ‘Steve Jobs’. Lucha a muerte asegurada en los Oscar. Y atención a Matthias Schoenaerts, uno de los mejores actores del momento y que todavía no ha sido valorado como se merece. Y a Ben Whishaw, que así como quien no quiere la cosa anda metiendo cabeza en multitud de proyectos importantes (‘Spectre’, ‘En el corazón del mar’, ‘Sufragistas’, ‘Langosta’ y ahora ‘La chica danesa’).  


Una pena que, tras todo esto, se haya perdido parte de la profundidad del proceso interior de Einar. Unos minutos más en la primera parte. Una música menos Desplat-pluriempleado (suena demasiado a ‘The imitation game’) y más Desplat-brillante. Un algo que difumine ese salto que el guión no sabido reflejar tan complejamente como debería. Y sin embargo, se puede sentir el dolor. 



Después de ver una película sobre pintura siempre es interesante aprender un poco sobre los autores. Más que Einnar, me ha llamado la atención la obra de Gerda. Entre un expresionismo cercano a Otto Dix y Modigliani, el cubismo y las influencias orientales. Viendo sus cuadros se puede entender perfectamente la situación por la que estaba pasando. Sus miedos, sus obsesiones, sus traumas, la nueva vida que se vio obligada a aceptar. Todo ello mezclado con un éxito que llegó en el momento menos esperado, y gracias al hecho menos agraciado que pudiera imaginarse en su vida.
Sus pinturas son monotemáticas. Lili y lo femenino lo ocupan todo. No hay lugar para el hombre. La desaparición del hombre de su vida borró cualquier rastro del género masculino. Retratos de Lili, autorretratos, otras mujeres e incluso mujeres con mujeres en uan serie de ilustraciones eróticas. Su vida debió de ser tan confusa como la de Einnar-Lili. 


Autoretrato

 

lunes, 11 de enero de 2016

CRÍTICA JOY (2015)

10:30:00 0 Comentarios
Director: Davir O. Rusell.
Reparto: Jennifer Lawrence, Robert De Niro, Bradley Cooper, Isabella Rossellini, Diane Ladd, Édgar Ramírez, Virginia Madsen, Elisabeth Röhm, Dascha Polanco, Jimmy Jean-Louis, Madison Wolfe, Erica McDermott, Isabella Crovetti-Cramp, Arthur Hiou, Damien Di Paola.
Género: Biográfico, drama.
Duración: 124 min.

Valoración: 5.5 / 5
Por Lucía Pérez García  



El cine de David O. Rusell se puede definir en pocas palabras: dirección de actores. Nadie como él ha sabido sacar partido a Bradley Copper, perdido en cintas tan vanas como ‘Aloha’ (Cameron Crowe2015) o ‘Burnt’ (John Wells, 2015). Nadie como él ha sabido recuperar a un desfasado Robert De Niro, empeñado en comedias de tres al cuarto. Nadie como él ha sabido elevar a la gloria a Jeniffer Lawrence, más allá de ‘Los Juegos del Hambre’. Y sin embargo, nadie como él para darnos una decepción detrás de otra. Sus películas sufren de acumulación de premios que no acaban de hacerse realidad. Como tampoco acaban de cumplirse las expectativas reunidas con expectación ante cada uno de sus estrenos. Se les podría diagnosticar de falsa transcendencia a unas, de comedias regulares a otras, y de esperpento a las que restan (mejor no hablar de ‘Accidental Love’…). Ninguna acaba de convencer hasta el final, y el aburrimiento es mal compañero del cine. 


Parece que la cosa mejora cuando aparece en nómina la Lawrence con un papel destacado. No sé si por su presencia más carismática que la de Amy Adams, otra habitual del director, o porque sus historias suenan más entretenidas y se dejan ver. Sea como sea, el Globo de Oro es suyo de nuevo, confirmando todo lo anterior. Porque lo que es Bradley Cooper, no hace más que desmentirlo. Es difícil desde hace un tiempo ver su lado bueno, y otras cosas. Aquí ni O. Rusell ha sabido encarrilarlo. Podría protagonizar la increible historia del un actor que acabó convirtiendose en un mapache animado.


‘Joy’ es, en definitiva, una historia sobre una fregona tuneada con un Globo de Oro como aditamento. No hay nada interesante en el invento. La lucha de una mujer por una causa es un asunto demasiado repetido últimamente, que llevado a un utensilio de limpieza acaba por perder los papeles. El ambiente familiar que rodea a la protagonista es algo más que absurdo y surealista, rozando la estupidez. Solo algunos momentos, como al llegada de De Niro, pulsan el botón de la risa, o al menos de la simpatía. Si las mopas limpiaran los engaños, O. Rusell tendría un duro trabajo por delante. 


 

lunes, 4 de enero de 2016

CRÍTICA STEVE JOBS (2015)

10:41:00 0 Comentarios

Director: Danny Boyle 

Reparto: Michael Fassbender, Kate Winslet, Seth Rogen, Jeff Daniels, Katherine Waterston, Sarah Snook, Michael Stuhlbarg, Perla Haney-Jardine, Adam Shapiro, Jackie Dallas, Makenzie Moss, Afsheen Olyaie, Tina Gilton, Tom O'Reilly, Natalie Stephany Aguilar. 
Género: Biopic, informática.  
Duración: 121 min. 

Valoración: 8 / 10 
Por Lucía Pérez García  

Un dibujo y un saludo son los elementos clave del Segundo biopic del informático en dos años (documentales aparte). La rigidez y superficialidad de las máquinas quedan en un segundo plano tras una película de relaciones humanas. A diferencia de Joshue Michael Stern en 2013, a Danny Boyle no le interesa la narración lineal para contarnos los inicios del protagonista, sino el esbozo de su persona y entorno a través de tres momentos clave: los lanzamientos de Macintosh (1984), Next (1988) e iMac (1998); y tres lugares que parecen solo uno: las salas y pasillos del salón de Cupertino, el War Memorial Opera House y el Davies Symphony Hall; en los que se mueven afectos, rencores, disputas, recuerdos y reconciliaciones. ¿Las máquinas? También, pero como la parte fría y ambiciosa de un hombre que, como todos los genios, amaba más su trabajo que al resto del mundo. 

La relación de Jobs con su hija a la que tardo años en reconocer, ocupa gran parte de la película.
El siempre complicado e inteligente montaje de Boyle, su forma de colocar la cámara, y los intensos diálogos creados por Aaron Sorkin, no dan un segundo de descanso. Embotamiento mental asegurado. El espectador no puede permitirse un momento de pasividad. La interacción con los personajes es plena. El agobio y la desesperación se contagian con cada discusión (porque conversaciones, lo que se dice conversaciones, hay pocas). Y el estilo minimalista de la música de Daniel Pemberton, que aparece tan solo en esos momentos, acaba por crisparnos los nervios, empujándonos a desear la conclusión de las disputas, sea cual sea el resultado. 


Así acaba uno después de dos horas de intensos diálogos.

Fassbender, mucho menos parecido físicamente al Jobs real que Ashton Kutcher, se deja llenar por su espíritu y psicología de forma magistral, soltado las bárbaras parrafadas sin esfuerzo aparente. El actor se va desvaneciendo. Lo que queda al final es puro Jobs. Y qué decir de su compañera de viaje. Siempre impecable Kate Winslet. Capaz de sostener un combate a cualquiera. El resto del reparto no desmerece, con Seth Rogen y Jeff Daniels, demostrando que son tan válidos como cualquiera en su versión dramática, como vienen haciendo otros tantos cómicos en los últimos años. 

Fassbender, como Jobs, es el director de la orquesta.
Una historia que parece no tener final. Una vida que no dejará de contarse nunca. Steve Jobs ha llenado pantallas tanto como la cotidianeidad. Forma parte del día a día. Por eso, porque lo corriente es al final lo más interesante, Jobs seguirá apareciendo en todas partes. Finalmente, el genio ha sido elevado a divinidad. Yo prefiero elevar al Olimpo a Fassbender. ¿Y por qué no? A Winslet con él. 

Un impresionante duelo actoral.