lunes, 25 de enero de 2016

CRÍTICA LA JUVENTUD, "YOUTH" (2015)


Director: Paolo Sorrentino.
Reparto: Michael Caine, Harvey Keitel, Rachel Weisz, Paul Dano, Jane Fonda, Tom Lipinski, Poppy Corby-Tuech, Emilia Jones, Mark Kozelek, Rebecca Calder, Anabel Kutay, Ian Keir Attard, Roly Serrano.
Género: drama, vejez.
Duración: 118 min.

Valoración: 8.5 / 10 
Por Lucía Pérez García  


La cámara de Paolo Sorrentino tiene ese no sé qué, esa “gran belleza” que me hipnotiza hasta el punto de no saber por qué. Sus películas son pura estética del arte. Convierte la fealdad en belleza y la belleza en algo indescriptible, más allá del gusto o de cualquier convención. Convierte el espacio en algo por lo que poder deslizarse y el tiempo en algo fascinante. Convierte la vejez en la edad primigenia. Guardiana de la sabiduría y foco de meditaciones, desde la razón hasta el más absurdo de los absurdos. Es manierista y afectado. Incluso pretencioso. Entonces ¿Por qué me gusta tanto? Ya lo he dicho. No lo sé. 
 
¿El Gran Hotel Budapest?
¿Se ha colado Wes Anderson en el rodaje?
‘La juventud’ hay que verla desde dos perspectivas extremas: desde ella misma y desde la vejez, en ciertos aspectos una segunda juventud. Porque, como dice el personaje de Harvey Keitel, los jóvenes ven el futuro muy cercano y los ancianos ven el pasado muy lejano. En ambas visiones la melancolía siempre está presente. En la sensación de los años que pasan y en la de que todo lo que tenía que pasar ya ha pasado. Pero Sorrentino, como en ‘La gran belleza’, toma prestados los ojos de quien ha vivido demasiado y contempla el ahora con una mezcla de nostalgia, disfrute vano y desagrado. Los jóvenes son el adorno (contémplese todas las tipologías) que da magnificencia a la edad dorada. 

La melancolía...
La nostalgia...
La juventud y sus problemas.
Decir mucho es ser tan manierista como el mismo director. Es abrir los ojos a su mundo lo que lo explica todo. A un Michael Caine capaz de dirigir la orquesta de la naturaleza, vacas y cencerros incluidos. A los fantasmas del pasado de Harvey Keitel, convertidos en cine. A la mortal diva Jane Fonda. Al genialísimo Paul Dano, un actor que es el más claro ejemplo de fealdad llena de belleza. A la imaginación melancólica de un cine que lleva lo italiano en la sangre: la belleza, y me repito, de Visconti (y ¿por qué no? Algo de ‘Muerte en Venecia’); y el surrealismo, la decadencia y la nostalgia de Fellini. A un mundo donde el drama es comedia, la comedia es tan absurda como el drama, todo es increíblemente siniestro a la vez que atrayente y, sobre todo, a un mundo donde la arruga es bella. 

Harvey Keitel y la vida entera de un director de cine.
Michel Caine, un gran director de orquesta,  mejor actor en los premios del cine europeo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario