jueves, 30 de junio de 2016

CINE Y ARTE: EL NOMBRE DE LA ROSA (1986)

11:09:00 3 Comentarios
EN EL NOMBRE DE LA ROSA, DE UMBERTO ECO, DE JEAN JACQUES ANNAUD Y DE SEAN CONNERY. AMEN. 
Por Lucía Pérez García

Justo antes de comenzar a relatar el primer día, Adso teme que el recuerdo merme sus facultades: “Ojala mi mano no tiemble cuando me dispongo a narrar lo que sucedió después”. Justo antes de empezar a leer el primer día de Adso, yo ya no podía despegar mis ojos del libro. Mis temores no estaban en el recuerdo, sino en quedarme petrificada ante tal fascinación novelesca y no ser capaz de hacer otra cosa que seguir leyendo. Mis manos no temblaban, pero mi cabeza vivía inmersa en un laberinto de bibliotecas e iconografía medieval del que me era imposible salir. Cuando no tenía el libro de Umberto Eco en las manos, tenía uno de historia del arte medieval, o incluso el Apocalipsis. Justo antes de llegar a la última frase del último día, la película de Jean Jaques Annaud me esperaba dentro del DVD. En palabras del director: “una entretenida trama policiaca. Una historia asombrosa que te lleva a otro mundo”.  


Eran todos tan feos… Ron Perlman a la cabeza. ¿Acaso no eran feas las representaciones del mal del arte medieval? Fachadas y capiteles llenos de criaturas esperpénticas, terroríficas, dignas de cada pecado, mortal y capital, para adoctrinar a los fieles iletrados, supersticiosos y asustadizos. ¿No hay superstición también en estos personajes? El director francés buscaba realidad. Histórica, pero también literaria. La propia historia destila una misteriosa maldad: “La tierra baila la danza de Macabré; a veces me parece que surcan el Danubio barcas cargadas de locos que se dirigen hacia un lugar sombrío”. 




Sean Connery… 
Presencia. Por él mismo. Cualquier papel a cualquier edad. No importa. Es Sean Connery. Es William of Baskerville. No podía ser otro y así quedará para siempre, pese a que las dudas asaltaron a Annaud durante el casting. La luz del conocimiento y la belleza entre tanta suciedad y conspiración maléfica. La criatura opuesta del lado derecho del tímpano. La que tiende la mano a Dios, aunque con cierto orgullo intelectual, siempre en pos del bien. Su personaje es todo: el bien, la inteligencia, la deducción y la transmisión del conocimiento.  


La arquitectura… 
La palabra espectacular es un pobre cúmulo de letras al lado del diseño de producción de las películas de Annaud (Siete años en el Tibet, El oso, Enemigo a las puertas, El último lobo). Un adjetivo que con la fotografía de Tonino Delli Colli y la música de James Horner aumenta más si cabe. Porque la arquitectura no es solo ella misma, sino todo lo que la habita y la rodea. Fiel a la historia. Rodada entre el monasterio cisterciense de Eberbach (pese a que el arte cisterciense alcanzó su apogeo en el siglo XII, y que a principios del XIV muchos de estos monasterios quedaron en ruinas, este monasterio sobrevivió) y los grandiosos decorados construidos en Italia. Con la niebla y la nebulosa y húmeda suciedad siempre presentes. Y una música anacrónica y con cierta atonalidad, grave, solemne y sobretodo misteriosa, que incrementa la oscuridad del entorno; acompañada de los siempre inquietantes cantos gregorianos, cuyo eco transmite más que ningún otro elemento, la forma, la función y el espacio de esta arquitectura religiosa. Enorme.  



Los códices… 
El conocimiento. Se puede depender de él como de una droga. Más aún incluso. Querer más y más. Llegando a matar. Muerte por curiosidad intelectual. Lo creo. Y en la Edad Media, es que algunos siguen considerando oscura, el conocimiento era parte esencial. Los monasterios eran criaderos de eruditos. Hombres proponiendo teorías hasta debajo de las piedras (o de la mugre). Hombres afanados hasta perder la vista y sangrarle los dedos en copiar esos textos para su transmisión futura. Sin ellos, hoy no sabríamos ni la mitad. Hoy solo sabríamos que sabríamos absolutamente nada. La oscuridad medieval no es tal. Es luz y nada más. 
Las bibliotecas y scriptorium son parte esencial de la historia. En la película no falta detalle, como no falta en la descripción que de ellos hace Adso en la novela: “El scriptoprium me parecía un tranquilo y jubiloso taller del conocimiento. Los sitios mejor iluminados estaban reservados a los restauradores, miniaturistas, expertos y copistas. Cada mesa tenía todo lo necesario para pintar. Tinteros, plumas finas que muchos monjes afilaban con cuchillos, piedras pómez para fijar el pergamino y reglas para trazar las rayas de los versos”. 


Miniaturistas. Porque no solo había textos. Las letras se acompañaban de dibujos de no menor significado. Parte fundamental de la historia del arte. De entre los millones de códices iluminados que existen, los beatos merecen mención importante. Umberto Eco lo sabía y por eso los incluyó como parte de la trama principal. Sumergirse en su iconografía apocalíptica es bucear por los colores, los ojillos redondos y expectantes de las figuras, criaturas infernales y, por su puesto Dios. Sumergirse doblemente en un beato y en El nombre de la rosa, es el colmo del éxtasis cinematográfico, artístico e intelectual. Tu cabeza puede entrar en un bucle con forma de escalera de caracol de biblioteca de monasterio. 

Yo aún sigo subiendo y bajando por esas escaleras: Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemos… 


Valoración: 8.5 / 10 
EL NOMBRE DE LA ROSA, “THE NAME OF THE ROSE” (1986)
Director: Jean-Jacques Annaud 
Reparto: Sean Connery, Christian Slater, F. Murray Abraham, Michael Lonsdale, Valentina Vargas, Ron Perlman, Feodor Chaliapin Jr., William Hickey, Volker Prechtel, Leopoldo Trieste, Helmut Qualtinger, Elya Baskin, Michael Habeck, Urs Althaus, Vernon Dobtcheff, Andrew Birkin 
Género: Drama, intriga, religión 
Duración: 131 min.

 

domingo, 26 de junio de 2016

CRÍTICA DE DESDE ALLÁ (2015)

11:21:00 0 Comentarios
DESDE ALLÁ, CON UN LEÓN BAJO EL BRAZO 
Por Lucía Pérez García 




Ganadora del León de Oro en el Festival de Venecia 2015, un festival que suele premiar películas propuestas diferentes y arriesgadas, o cine de directores especieales como Darren Aronofky o Ang Lee. De este último fue premiada justo diez años antes Brokeback Mountain, película que comparte temática homosexual con Desde Allá, debut en el largo del venezolano Lorenzo Vigas

Solo eso, la temática de fondo, porque el resto es totalmente diferente a la bella historia y el delicado estilo del director taiwanés. Levemente enfundada en la tendencia social del cine venezolano, Desde allá busca su centro no en la relación de los protagonistas, sino en el icono de la paternidad. Un asunto que obsesiona a Lorenzo Vigas y que encuadra una trilogía que comenzó con el cortometraje Los elefantes nunca olvidan (2004), continúa con esta que nos ocupa, y concluirá con la próxima The box, aún pendiente de producción. La ausencia del padre, tan común en la Latinoamérica por circunstancias diversas, es la cuestión que mueve y explica personajes y situaciones. La reacción de los hijos ante el abandono, el desconocimiento, el recuerdo, o el trato dado, es el final inesperado que define la historia y la inclina hacia un lado de la balanza, y que clava como una estaca la importancia de la figura paterna en la vida del ser humano. 

La homosexualidad, que abre la película y se siente como el foco principal, acabará eclipsada por el tema obsesión de Vigas, a la vez obsesión de los personajes. Pero es la relación de los personajes la que nos guía por la superficie en todo momento (el fondo es mucho más profundo, valga la redundancia). Aunque algo forzada (quizás por la inexperiencia del joven Luis Silva, algo negativo y positivo a la vez), tiene momentos intensos de miradas, pasiones contenidas, cariño, respeto y explosión final.  

Vistas ambas obras de Vigas se aprecia un mismo fondo, un mismo contexto y una atmósfera similar con cierto misterio. Todo contado de forma pausada, con pocas palabras, sin música y con planos que fragmentan los tormentos y confusiones psicológicas de los personajes. Cine totalmente festivalero, totalmente personal y difícil de entender en un marco comercial, mucho más aun fuera de su país de origen. Lenta y algo desesperante, incluso aburrida, en su primera mitad, crece en el tramo final, creando un interés que consigue mantenerse gracias al agradecido metraje. Eso sí, se hace necesaria una reflexión posterior.  


Valoración: 6 / 10 

DESDE ALLÁ (2015) 
Director: Lorenzo Vigas 
Reparto: Alfredo Castro, Luis Silva, Jericó Montilla, Catherina Cardozo, Jorge Luis Bosque, Greymer Acosta, Auffer Camacho, Ivan Peña, Joretsis Ibarra, Yeimar Peralta, Scarlett Jaimes, Ernesto Campos 
Género: Drama, homosexualidad 
Duración: 93 min.


 

sábado, 25 de junio de 2016

CRÍTICA DE BUSCANDO A DORY (2016)

10:36:00 0 Comentarios
SIGUE NADANDO… 
Por Lucía Pérez García 






Sigue nadando, nadando, nadando… y así sucesivamente. Hasta cruzar los siete mares. Hasta Sidney y California. Hasta el infinito y más allá. Con Dory, al fin del mundo. Luego nos olvidamos y volvemos a empezar. Una, dos, tres, cuatro. Todas las veces que haga falta. Yo no me canso de ver a estos peces nadar y seguir nadando, nadando, nadando. Déjate llevar por la corrienteeeeee… 

Es como una imagen en tu mente, y piensas: esto lo he visto antes. En eso consiste. En recordar cosas, como Dory. Y con Dory. Recordarlas a su feliz manera. Descubriendo y redescubriendo otra vez el mundo con ojos de pez olvidadizo. Averiguando el porqué de las cosas. Todo igual pero nuevo, todo maravilloso y más grande, más feliz. Para al final volver a empezar y seguir recordando, recordando, recordando. Riendo, riendo, riendo. Y dejarse llevar otra vez por la corrienteeeeee…



Hay sitio para todos y más: nutrias espachurrables, leones marinos que viven felizmente como sueñan y sueñan felizmente como viven, y que podrían ser la versión feliz y leonmarinera de las hienas de El Rey León o las gárgolas de El jorobado de Notre Damme; estrellas de mar, esponjas y demás moluscos pringosos reviviendo los miedos de los marcianitos de Toy Story; ballenas que recuperan sus capacidades a lo Liberar a Willy, un pulpo de siete brazos increíblemente húmedo y camuflable, que dan ganas de tocar, mío, mío, mío... Sobreestimulación oceánica de fabulosidad creativa, inmesifantasticidad técnica, adorabilidad y felicidad perenne. Creo que he contraído la enfermedad Pixar de la road movie subacuática de forma crónica. En mi propio Del Revés, estos pececitos tendrían un lugar preeminente en la biblioteca de recuerdos felices. Ya no puedo abandonar la corrienteeeeeeeeeee…


Definitivamente, todos los caminos submarinos llevan a Dory. Si Buscando a Nemo fue un punto de inflexión en mi vida, Buscando a Dory (mención especial para Anabel Alonso) ha sido, literalmente: INOLVIDABLE. Sigue nadando, nadando, nadando… 


Valoración: 9.5 / 10

BUSCANDO A DORY, “FINDING DORY” (2016) 
Director: Andrew Stanton y Angus MacLane 
Reparto: Anabel Alonso (Dori), Carlota de Santiago (Dori Niña), José Luis Gil (Marlin), Rodrigo Martínez (Nemop), Luis Mas (Hank), Danai Jimñenez Querol (Destiny), Juan Antonio Soler (Bailey), Ana Richart (Jenny), Carlos Isbert (Charlie). 
Género: Animación, comedia, secuela 
Duración: 103 min.

 

viernes, 24 de junio de 2016

jueves, 23 de junio de 2016

CRÍTICA DE MALDITOS VECINOS 2 (2016)

10:29:00 1 Comentarios
TÓPICOS, VECINOS Y OTRAS TONTERÍAS 
Por Lucía Pérez García 




Los vecinos son la historia interminable de las anécdotas cotidianas. Rose Byrne y Seth Rogen podrían habitar todas las casas habidas y por haber que siempre encontrarían un pintoresco inquilino digno de la comedia más tonta marca Rogen-Goldberg en el inmueble de al lado. A saber: sexo y drogas versión estúpida, alguna que otra referencia homosexual, mega fiestas, autoparodias y parodias en general, disfraces y situaciones irreales y absurdas, y un fondo ingenuo y hasta tierno, que amplía el rango de edad de los espectadores. Si a todo ello le sumamos “estudiantes” adolescentes pre y universitarios, todo se eleva al cubo: tres veces tres más de lo mismo, tres veces tres más bestia, tres veces tres más idiota… y normalmente divertido, quizás no tres veces tres, pero sí más de una vez. Al menos dos. 



La situación es la misma que en Malditos vecinos pero con cambio de género, lo cual conlleva el cambio de parodias (Dando al nota a la cabeza); Zac Efron sigue empeñado en ser el eterno universitario, el eterno descamisado y últimamente el eterno niñato fiestero; Dave Franco, siempre inocentón y adorable, se apropia del guiño homosexual correspondiente –algo así como una tradición familiar-; Seth Rogen luce barriga a lo Homer, etc, ect… nada que no hayamos visto o intuido. Y aun así, no hay más remedio que reírse. Misterios de los tópicos cinematográficos y efecto de las tonterías más elefantiásticas. 

Seguirán llegando vecinos, los mimos atores seguirán haciendo las mismas cosas -¿Por qué no si se les da bien hacer el tonto?- y nosotros nos seguiremos riendo. Quizás todos seamos también un poco tontos, pero en verano nunca vienen mal tonterías como ésta. Y las que nos quedan… ¿Te atreves con el corto Neighbors 3: Zombies Rising? Miedo me da. La que se avecina…  


Valoración: 5.5 / 10 

MALDITOS VINOS 2 “NEIGHBOROUGHS 2. SORORITY RISING” (2016) 
Director: Nicholas Stoller 
Reparto: Seth Rogen, Zac Efron, Rose Byrne, Chloë Grace Moretz, Selena Gomez, Ike Barinholtz, Dave Franco, Kiersey Clemons, Lisa Kudrow, Carla Gallo, Billy Eichner, Dennise Renae Larson, Jordanne Calvin, Taryn Jones, Clara Mamet, Elise Vargas 
Género: Comedia, secuela 
Duración: 93 min. 

miércoles, 22 de junio de 2016

CRÍTICA DE THE PROGRAM (2015)

11:28:00 0 Comentarios
MUERTE DE UN CICLISTA… 
Por Lucía Pérez García  






El dopaje está a la orden del día. Salen dopados de debajo de las piedras (pronto saldrán de detrás de los los olímpicos). El gremio de neveras y congeladores domésticos está empezando a mosquearse. Se tienen evidencias de un manifiesto de los frigoríficos en contra de esconder bolsas de sangre detrás de las cajas de leche. Luego dicen que si los lácteos son perjudiciales para la salud… 

El mundo del deporte profesional, con el ciclismo y el atletismo en la “tete de la course”, es un mar de dudas. Un thriller policiaco en toda regla. Una película de drogas al más puro estilo Trainspotting. L.A. Confidential, literalmente. Ganar es arriesgarse a ser despreciado por los rivales, la prensa, los aficionados e incluso por los políticos. Las miradas de reojo, los comentarios por lo bajini y los titulares irónicos aumentan en proporción al éxito. ¿Envidia, ambición, realidad? Dichosos los deportistas mediocres que nunca serán el centro de atención. ¿Nos preparamos para una era dominada por los amateurs?


Desde que el deporte el deporte, es decir, desde que el deporte conlleva una buena dosis de competitividad y sano egoísmo para buscar la victoria, existen medios para mejorar el rendimiento. Permitidos o no. Más o menos cuestionables. Sin peligro para la salud o letales. El avance de la ciencia ha permitido lo increíble. Pero a estas alturas, cuando ya nadie pone la mano en el fuego por nadie, nada, ni el orgullo, es para siempre.

Uno de los mayores culpables de todo esto es Lance Armstrong. El hombre al que todos creíamos un héroe. Cuyos sueños y esperanzas adornaron nuestras muñecas en forma de pulserita –incluida la mía-. Capaz de superar al mismísimo Indurain. Resulta que no era un hombre, sino una mentira. Pero una mentira con las patitas más largas y fuertes de lo normal que se resistió a ser atrapada durante muchos años. La decepción fue general. Algo que tocaba el corazón y el alma casi a nivel personal. Porque dejar de creer en él era dejar de creer en los milagros. Su vida fue siempre digna de una película. Una de esas en las que, literalmente, segundas partes nunca fueron buenas. 


En mente se tuvo durante mucho tiempo la historia del mito, con Matt Damon, Christian Bale, Jake Gyllenhaal, Matthew McConaughey y –sin duda mí preferido- Michael Fassbender como candidatos a interpretar a Lance. Pero el dopaje no solo acabó con la carrera del ciclista, sino con el proyecto cinematográfico. Unos años después Stephen Frears, director de Alta fidelidad (2000), Las amistades peligrosas (1988), La reina (2006) o Philopmena (2013), decidió agarrar el asunto por las jeringuillas, y eligió, y con mucha vista, a Ben Foster para encarnar la caída del imperio Armstrong. 

Y es precisamente eso, la caída, lo que nos cuenta en director británico. Basándose en el libro Seven Deadly Sins: My Pursuit of Lance Armstrong del periodista David Walsh -un hombre al que retrata literalmente “solo ante el peligro”- narra la vida del ciclista desde el objetivo de un microscopio de un laboratorio antidopaje. Los siete tours pasan tan rápido como el pelotón cuando mira a pie de carretera. Solo los detalles relacionados con la extrema ambición de Lance son tratados de forma más atenta la formación del US Postal, la táctica de equipo, y las amenazas en plena carrera), lo que ayuda a oscurecer aún más la imagen del ciclista, cuya personalidad queda al nivel de su ética. 


Mucha gente afirma que así fue. Encantado de conocerse a sí mismo. De una competitividad y unas ansias de victoria y éxito superlativas. De una personalidad arrolladora. El mismo Walsh lo define en el prólogo de su libro como una ola que rompe sobre ti y te arrastra con ella. Así de claro lo deja Ben Foster. Y así de claro lo dejan Frears y su guionista John Hodge, cotándonos los flirteos –y más que eso (son impactantes las escenas de charlas entre amigos con las agujas y la sangre fluyendo)- con el dopaje desde antes de serle diagnosticado el cáncer, y todo el ambiente, cada vez más insano, que se creó a su alrededor, haciendo especial hincapié en Foyd Landis (este sí que podía haber sido interpretado por un Matt Damon algo más joven). 


Interesante, aunque solo sea por el morbo y la actualidad del tema, de principio a fin. Con la curiosidad de recordar a aquellas figuras del ciclismo que quedaron eclipsadas injustamente por el torrente texano. Por ver a un todavía pre-campeón Contador. Eso sí, interpretado por un actor que habla español con acento británico… y por hacerse una idea general de todo el conglomerado y los ingenios que hacen falta para montar un programa como el que construyó Arsmtrong sobre su figura, y nada más que su figura. Si algo tiene de regulero es el enfoque demasiado aplastante contra el ciclista, el pequeñó impás melodramático en el hospital de cáncer infantil o al firma de libros (que índice aún más en aplastar a la leyenda), la poca atención al hecho deportivo, y el personaje del médico italiano Michele Ferrari, que se creía el descubridor del EPO, cuando esta sustancia ya había sido usada años ha, cuyos efectos ya conocemos e historial de tramposos varios ya conocemos. 


Con el libro de Walsh, los artículos periodísticos, científicos, oficiales, imágenes de archivo, testimonios y un consultor de primera fila como David Millar, todo apunta a que no podemos dudar mucho de esta historia. Una pena. Pero como a mi siempre me gusta quedarme con la parte buena, pensemos en todos esos que superaron en cáncer gracias a la voluntad que les infundió el campeón fantasma antes de salir de su escondrijo de aquel Agujero del muerto (nunca un accidente natural tuvo un nombre más acertado) de Texas.  

La famosa frase se ha tornado triste: El orgullo es temporal, el dolor, para siempre…

Valoración: 6.5 / 10 

THE PROGRAM (EL ÍDOLO) (2015) 
Director: Stephen Frears 
Reparto: Ben Foster, Chris O'Dowd, Jesse Plemons, Guillaume Canet, Lee Pace, Dustin Hoffman, Denis Ménochet, Elaine Cassidy, Laura Donnelly, Edward Hogg, Chris Larkin, Jorge Leon Martinez, Michael G. Wilson, Lucien Guignard 
Género: Drama, biopic, basado en hechos reales, ciclismo. 
Duración: 103 min.

 

lunes, 20 de junio de 2016

CINE Y ARTE: TRANCE (2013)

11:14:00 0 Comentarios
LA PINTURA NEGRA DE DANNY BOYLE 
Por Lucía Pérez García 




Parafraseando a Forrest Gump, dijo Goya un día: “La vida es como un aquelarre, nunca sabes que bruja te va a tocar”. Si la película es de Danny Boyle, la suerte está echada. Bienaventurados aquellos que consigan salir ilesos de sus frenéticos montajes. Si además nos deja en Trance, apaga y vámonos. A lo mejor, por casualidad, así como quien no quiere la cosa, crees que te has enterado de algo. Un segundo después, volverás a pensártelo dos veces. O tres, o cuatro… hasta que verdaderamente entrés en trance. 

Goya dijo más cosas: “El sueño de la razón crea monstruos”. Danny Boyle también. Monstruos que se apoyan en pantallas divididas, por el montaje o por los encuadres de plano; en colores llamativos, en velocidad, en flashbacks, en música electrónica y minimalista de John Hodge que martillea el cerebro hasta que consigue traspasar la tercera dimensión y abrirse a su especial universo; en personajes apasionados perdidos en su propia vida. Si algo tiene Trance de diferente, es llevar las monstruosidades al extremo, utilizando como excusa los inextricables misterios de la mente humana. El olvido (con un pequeño homenaje musical diegético a la saga Bourne) y el recuerdo como armas principales. El arte como obsesión. Para el personaje de James McAvoy, entusiasta historiador de arte, y para el ladrón de Vincent Cassel. Ambos interpretados con la intensidad física propia de ambos actores. 
La emoción que el arte puede producir en un historiador puede verse en los ojos, los recuerdos, las visiones y las frases de Simon (MacAvoy). Su admiración ante una sala llena de cuadros perdidos, la forma de explicar un elemento iconográfico, el juego de convertirse en el personaje de una pintura… incluso sus más secretos sueños eróticos están relacionados con el arte. 
La obsesión del ladrón, por su parte, no tiene nada que ver con el hecho artístico, sino con el económico. Ladrones hay de todo tipo, pero los de arte siempre han tenido, en su mayoría, una sensibilidad especial. Hombres respetados del mundillo, ansiosos coleccionistas, enamorados, o al menos conocedores, de su presa. En ladrón de Vincent Cassel solo tiene de artístico el ser interpretado por el actor francés. Es un hombre de los bajos fondos, con dinero pero sin cultura. Con un plan pero sin conocimiento real de lo que significa el golpe para la historia. No ve óleo, ve billetes. Y en el arte hay muchos, pero que muchos de ellos. Y de los grandes. Allí todos tienen dinero. Lo que importa es demostrarlo. Y no hay mejor forma de hacerlo que mediante la propiedad. Y si es digna y da caché ilustre e intelectual, mejor. Dice más un cuadro que un coche. Y el dinero vuela cuando de arte se trata. El ladrón de Cassel lo sabe. 



El cuadro de la obsesión es Vuelo de brujas (1798), de Goya. El único de una serie de seis que hoy se conserva en el Museo del Prado y que, casi con total seguridad, nunca estará vendiéndose en una subasta en Londres. Si algo tiene que ver con la trama, más allá de ser el objeto alrededor del cual gira todo, es su oscuridad, la locura, los entresijos de la mente, la magia, las brujas… elementos que están representados en la historia por cada uno de los personajes principales, o hacen efecto en ellos. Rosario Dawson podría ser las brujas. El burro es siempre la ignorancia. Ignorancia de los personajes de McAvoy y Cassel, que serían los dos hombres que tras llegar a la cima, se tapan los oídos y se esconden bajo una sábana para no escuchar las voces engañosas y caer en el encantamiento, o la maldición… Goya es uno de los pintores, junto a Picasso, más citados en el cine (biopics, cuadros colgados en paredes de casas, colecciones y museos, diálogos, planos basados en su pintura y grabados, la luz y la oscuridad…). En este caso la excusa era el robo, lo que une el valor económico al artístico. Curiosamente, Goya tiene un grabado que critica los expolios de arte. 


El robo en cuestión es el que abre, de forma impactante, la película. La voz en off de MacAvoy nos va guiando por los menesteres de una subasta y los dispositivos de seguridad de las mismas. La casa de subastas, como no podía ser de otro modo, está en Londres, centro junto a Nueva York del comercio de arte actual. El tema de la seguridad pasa por el filtro del cine de acción, robos y atracos, pero tiene su lógica en cuanto a que se comprueba el entrenamiento al que se someten los propios trabajadores de la casa ante una posible situación límite, algo necesario para la seguridad del patrimonio y que no siempre se hace. El robo, es tan exagerado como eficaz dentro de una película de estas características. Ruidoso, multitudinario, en plena subasta. Nunca un ladrón de arte se hizo ver tan explícitamente, guerras y terrorismo aparte. ¿Hay secretos mejor guardados? Un día se descubren cuadros en un sótano del lugar más recóndito e insospechado. Otro día un coleccionista se levanta y ve sus paredes vacías (los recientes robos de Francis Bacon). Al día siguiente se intercepta un barco sospechoso con un Picasso (el del señor Botín)…y así sucesivamente. Pero lo que tenemos delante es puro thriller de acción. No hay lugar para robos silenciosos. 



Ni aun así no es fácil entender la película más enrevesada de Boyle. Difícil no solo la primera vez. Puedes ir a preguntarle a una bruja, puedes preguntarle a Goya o puedes preguntarle a Danny Boyle. Y si sigues sin enterarte de nada, prueba a ver la película de nuevo. A lo mejor descubres que puede ser que, quizás, por casualidad, así como quien no quiere la cosa, lo mismo sales con una idea aproximada de que va todo este lío lleno de arte.  


Valoración. 8.5 / 10 

TRANCE (2013) 
Director: Danny Boyle 
Reparto: James McAvoy, Vincent Cassel, Rosario Dawson, Tuppence Middleton, Danny Sapani, Wahab Sheikh, Lee Nicholas Harris, Ben Cura, Gioacchino Jim Cuffaro, Hamza Jeetooa 
Género: Thriller, acción 
Duración: 97 min. 

 

domingo, 19 de junio de 2016

CRÍTICA DE ¡MAMMA MIA! (2008)

10:27:00 2 Comentarios
OUR LAST SUMMER 
Por Lucía Pérez García  






“Mamma mia, here I go again/ My my, how can I resist you?” 
¿Alguien puede ver esta película sin cantar? Incluso cuando no cantan, yo canto: “Half past twelve /And I'm watching the late show in my flat all alone”, cuando alguien me grita ¡cállate! Desde la otra habitación. “No one to hear my…” songs. Pero yo no puedo evitarlo. Canción tras canción. “Gimmy, gimmy, gimmy”... a song after midnight. 

“Mamma mia, does it show again?/ My my, just how much I've missed you” 
En 2007 Across the universe (Julie Taymor). Al año siguiente ¡Mamma mia! ¿Qué fue de mí garganta? “S.O.S.”. Eterna corista de Meryl -“The dancing queen”- Streep y Amanda Seyfried. Y no solo con ABBA. Los miserables (Tom Hooper, 2012), Into the Woods (Rob Marshall, 2014)… “Rock me”. Hay mucho que cantar sobre la primera. Seyfried solo me gusta cuando canta –exceptuando ciertas frecuencias molestas-. Juntas sus voces, Streep mantiene su caché y la chica de los ojos inmensos sube el suyo.


“Super trouper” 
“I hear the door-bell ring and suddenly the panic takes me”. “S.O.S.” de nuevo. Los hombres no saben cantar. A Colin Firth se le perdona todo. Solo el puede desafinar con estilo. A Stellan Skarsgård también. Me cae simpático. A Pierce Brosnan le nominaron al Razzie… 


“Thank you for the music” 
Phyllida Lloyd, especialista en teatro y ópera, tuvo la feliz idea de llevar el musical a Broadway en 2001. “Money money money”. 4700 representaciones. Y la más feliz aun de llevarlo al cine. “Money money money”. Record de un musical en su primer fin de semana, superando a Hairspray (Adam Shankman, 2007) y dos nominaciones a los Globos de oro. ¿“The name of the game”? Sin duda, ABBA. Todo son las canciones y algunas de las coreografías. Sin ellas, la historia no sería más que otra comedia romántica del montón, llena de tópicos, con una chica bastante cursi y un reparto estelar. 


“I have a dream, a song to sing” 
¿Cuántas veces hemos escuchado estos temas? ¿Qué tiene de nuevo volverlo a hacer? Otra feliz idea: arreglos diferentes para cada versión. Por un lado las originales, por otro el musical de Broadway y por el suyo, la película. “As good As new”. Nunca podrás decir que eso ya lo has cantado.  

“Waterloo” 
¿Preparado para la batalla? No es una batalla histórica, ni mucho menos, pero acabarás con una sonrisa… y dolor de garganta.  


Valoración: 5.5/ 10 

¡MAMA MIA! (2008) 
Director: Phyllida Lloyd 
Reparto: Meryl Streep, Pierce Brosnan, Colin Firth, Amanda Seyfried, Julie Walters, Stellan Skarsgård, Christine Baranski, Dominic Cooper 
Género: Musical, comedia, romántica.
Duración: 108 min. 

 

sábado, 18 de junio de 2016

CRÍTICA SAGA CREPÚSCULO

11:35:00 0 Comentarios
EL AMANECER Y EL CREPÚSCULO DE LAS SAGAS ADOLESCENTES 
Por Lucía Pérez García 


Hay tres cosas de las que estoy completamente segura. Primera, siento debilidad por los vampiros. Segunda, nunca digas nunca cuando se trata de un libro o una película. Y tercera, lo reconozco, pude pasarme hasta cuatro horas seguidas enganchada a un libro y he visto dos veces la saga entera de Crepúsculo. Todavía hoy me pregunto por qué. Por qué sigo escuchando la música de Cartel Burwell y tocando la nana de Bella al piano como Edward Cullen… 

Crepúsculo fue la primera (Harry Potters aparte). Con ella llegó la invasión de sagas adolescentes. De historias fantásticas y de ciencia ficción aderezadas con acción, aventura y alguna que otra dosis de algodón de azúcar del pegajoso. De protagonistas femeninas que cambian su mundo o el mundo en general. De amores prohibidos, no correspondidos y dudosos. Hollywood descubrió un filón. Una película por libro. Dos si hace falta. Millones de quinceañeras enamoradas pegando gritos. Millones de quinceañeras llorando al final de la última película. Y no solo quinceañeras… que se lo pregunten a la Julianne Moore de Cracy, stupid, love.


También fue la última. Ninguna de las sagas posteriores ha conseguido mantener el tipo como Crepúsculo. Los juegos del hambre parecía ser la elegida, pero la caída final fue inmensa, literaria y cinematográficamente hablando. Divergente empezó con fuerza y se hundió definitivamente a mitad del segundo libro y justo al inicio de la tercera película. El corredor del laberinto es un total despropósito que desaprovechó desde el inicio una curiosa historia. Otras como Cazadores de sombras o Hermosas criaturas ni siquiera superaron su bautismo. No sé qué será de La quinta ola, pero no pinta muy bien. Crepúsculo, por su parte, con un leve bache en Luna nueva (en las dos versiones), se mantuvo firme y en constante subida hasta el final. El tercer libro superó a los anteriores y Amanecer parte 2 consiguió colocarse como la mejor de las cinco entregas cinematográficas.  

Nos hizo creer en otro tipo de vampiros. Tirando a la basura la violencia y el sexo. Todo melancolía y romanticismo. Nada de oscuridad. Sino luz y purpurina. Sangre, siempre. Igual de apetecible. Igual de deseable. Un pecado, pero un pecado cometido por amor y por despecho antes que por pura lujuria, gula y ansias de muerte. Vampiros para adolescentes que acaban haciéndose querer y que han dado lugar a todo un culto nuevo en forma de novelas y series. Siendo su más fiel seguidora Crónicas vampíricas (de la que hablaré en otra ocasión) y su más fiel y querida parodia aquel inolvidable capítulo de Los Simpson en el que Lisa se enamora del misterioso Edmund (“La Casa-Árbol del Terror XXI” 22x04). 


Dio a conocer a Kristen Stewart y Robert Pattinson. La chica de expresión pasota que levanta pasiones y odios. El chico no muy agraciado físicamente que, gracias al maquillaje y a la alegre idea de enfocarlo siempre desde su perfil bueno, consiguió hacernos creer que era hasta guapo. Dos buenos actores, le pese a quien le pese, que han conseguido deshacerse de su condición vampírica y encontrar su sitio en el cine independiente y de autor. Ella: Welcome to the Rileys (Jake Scott, 2010), Camp X-Ray (Peter Sattler, 2011) y una lista impresionante de directores: Ang Lee, Olivier Assayas o Woody Allen. Él: Cosmópolis y Maps to the Stars (David Cronenberg, 2012 y 2014), The Childhood of a Leader (Brady Corbet, 2015) o su fotográfo de Life (Anton Corbijn, 2015). No ocurrió lo mismo con el pobre Taylor Lautner, pese a ser uno de los personajes que más se hacían querer.


Varios directores se vieron tentados por la sangre crepuscular, con más o menos éxito posterior: Catherine Hardwicke y Chris Weitz, que no han tenido una carrera mucho más allá. David Slade, que curiosamente venía de dirigir 30 días de oscuridad (2007), cuyos vampiros son totalmente opuestos y que después ha dirigido la genial serie de televisión Hannibal. Y Bill Condon, que lo mejor que ha hecho después ha sido la serie Mr. Holmes. 

Por ella pasaron grandes compositores ganadores de Oscar: Cartel Burwell (Crepúsculo y Amanecer), Alexander Deplat (Luna Nueva) y Howard Shore (Eclipse). Conocimos la faceta musical de Pattinson, y nos emocionamos con la canción final mientras los créditos repasaban todos los personajes de la saga: “A thousand years” de Christina Perri y Steve Kazee.  


Y aunque repleta de tonterías y empalagosidades varias, y de una calidad cinematográfica cuestionable en algunos aspectos, la saga está impecablemente adaptada, tiene un casting perfecto y nos dejó momentos para el recuerdo: las vistas desde lo alto del bosque acompañadas del tema principal de Burwell, Edward al piano, las leyendas de los hombres lobo, el esperado beso entre Bella y Jacob en la nieve, la no menos esperada boda con Edward, la extrema delgadez de Bella, sus ojos abriéndose al mundo vampírico en un plano final para cuyo desenlace habría que esperar un año, y sobre todo, la impresionante batalla final con ese impás soñado que incluso en las revisiones te vuelve a sorprender. 

Nunca digas nunca. La sangre engancha. 


Valoración: 
Crepúsculo: 6 / 10 
Luna nueva: 4.5 / 10 
Eclipse: 6.5 / 10 
Amanecer 1: 6 / 10 
Amanecer 2: 7 / 10 

SAGA CREPÚSCULO, “TWILIGHT SAGA” (2008-2012) 
Director: Catherine Hardwicke (Crepúsculo), Chris Weitz (Luna nueva), David Slade (Eclipse), Bill Condon (Amanecer, parte 1 y 2). 
Reparto: Kristen Stewart, Robert Pattinson, Taylor Lautner, Peter Facinelli, Dakota Fanning, Ashley Greene, Mackenzie Foy, Jackson Rathbone, Nikki Reed, Kellan Lutz, Elizabeth Reaser, Michael Sheen, Billy Burke, Booboo Stewart, Cameron Bright, Michael Welch, Julia Jones, Kiowa Gordon, Alex Meraz, Valorie Curry, Christopher Heyerdahl, Daniel Cudmore, Charlie Bewley, Jamie Campbell Bower, Rami Malek 
Género: Frantástico, romántico, vampiros, saga adolescente. 
Duración: 122, 130, 124, 117 y 115 min. 






viernes, 17 de junio de 2016

CINE Y ARTE: LA DAMA DE ORO (2015)

11:37:00 0 Comentarios
UN CUADRO DE ORO PARA UNA PELÍCULA ALGO MENOS BRILLANTE PERO NECESARIA
Por Lucía Pérez García 



El arte es reflejo de la vida en todos los sentidos. Desde su estilo, el más personal del artista, la subjetividad, la iconografía y la simbología; el color y la forma; su conservación y sus devenires históricos. Es lo que proyecta en la vida y lo que la misma vida a proyectar en él. La historia de un edificio, una escultura o una pintura pueden cambiar con el paso del tiempo según el mundo decida, para ser recordados más por la acción humana posterior que por la intencionalidad primigenia. Es lo que ocurre con los expolios de guerra. Aquella Inmaculada de Murillo que ya no es de de los Venerables, sino del mariscal Soult. El retrato de Adele Bloch-Bauer, bautizado con el nombre antisemita de La dama de oro. 

Simon Curtis, director de la genial Mi semana con Marilyn (2011), se une a George Clooney y su The monuments men (2014) para reivindicar una parte necesaria de la historia del arte que ya fue carne de cine allá por 1964 gracias a la inmensa El tren de John Frankenheimer. Y su unión va más allá del fondo, pues ninguna de las películas, ni la de Curtis ni la de Clooney, han pasado a mayor gloria. Aun así, es de agradecer que de vez en cuando alguien decida recordar el papel que el arte ha jugado en la historia. 


La dama de oro cuenta la disputa de Maria Altman con el gobierno austriaco por recuperar uno de los retratos que Gustav Klimt hiciera de su tía Adele Bloch-Bauer, el conocido como La dama de oro desde que los nazis, allá por 1938, decidieran descolgarlo de la casa de loa Bloch-Bauer y quitarle todo rastro de judaísmo. Una lucha que se centra más en el recuerdo, el orgullo y el despecho, que en el propio hecho artístico. Algo que refleja perfectamente la película mediante los flashbacks, el regreso de Maria a Viena, y el mismo final del caso. Se puede sentir el rencor, las ansias de venganza y hasta cierto egoísmo, obviando en muchas ocasiones la condición de arte de la pintura de Klimt. 


Una pintura, el primer retrato de Adele Bloch-Bauer (1907), que supone el comienzo de la etapa dorada de Klimt, de la cual saldrán obras maestras como Danae (1908) o El beso (1908). La estética del dorado fue poseyendo a Klimt desde que rompiera con el historicismo y se uniera a la Secesión Vienesa e 1987. Se inspiró en las modas contemporáneas de su ciudad. Y fue llenándolo a partir de sus visitas a Rávena, una de las capitales del arte bizantino –no por casualidad el edificio de la Secesión remite a estos templos-. No solo el color dorado y su luz, sino el efecto espiritual de los mismos, la ausencia de perspectiva, la estilización y el horror vaqui. Una simbología que eleva el arte a un plano más allá del material y que permitía a Klimt alejarse del naturalismo y buscar su propia verdad del arte, volviendo la espalda al racionalismo institucionalizado. ¿Podría haber pensado Curtis en una fotografía levemente más dorada y un diseño de producción algo más estilizado y rico? ¿Podría haber diferenciado de este modo las dos épocas? Se intuye un intento. 


El retrato que nos ocupa encierra todas estas características, acercándose como ningún otro a las vírgenes bizantinas. Virgen, curiosa comparación para una mujer casada que, como casi todas las modelos de Klimt, tuvo una relación con el pintor. Virgen en cuanto a ensalzamiento. En cuanto a reina. En cuanto a gran mujer. Sumergida en un mar dorado infinito y carente de toda referencia. Lleno del simbolismo, masculino y femenino, de ojos que miran, como los de Klimt. Pero lleno también de esa moda que reinaba en la Viena del momento. La de la liberación de la mujer (Adele era una mujer por encima de su época), cuyos hombros quedan al descubierto y cuya figura, ornamentada con las más ricas joyas como una reina, es elevada hasta el trono. Y la de la moda, con un traje que bien podría haber salido de la tienda de Emilie Floge, gran amiga y compañera eterna de vivencias de Klimt. Lógico que Austria no quisiera desprenderse de tal maravilla y alargara la lucha siete años. Normal que la sobrina de la retratada lo reclamara, aunque solo fuera por orgullo y por sentirse tan fuerte como lo fue su tía. Como ya he dicho, los guionistas desechan la parte artística, a la que tan solo conceden unas escenas en las que vemos a Klimt pintando a su modelo. Podemos ver, sin embargo, el carácter de Adele y el detalle del collar que decora el cuello de su imagen pintada y que ella misma regaló a su sobrina, cayendo finalmente en manos de la esposa de Goering. ¿Una justificación más para vengarse? 


Klimt pintó otro retrato de Adele (1912), mucho más comedido, cercano casi al fauvismo en el color, y con un fondo lleno de motivos florales y orientales (parece que Adele fue también retratada en Judith I). Además de estos, cuatro paisajes entraron a formar parte de la colección de los ricos Bloch-Bauer, mecenas del pintor. Pero ninguno tan bello y tan influyente como La dama de oro. Pues, pese a que también le fueron restituidos, no fue por ellos por los que se libró la lucha encarnizada. En la película no juegan papel alguno más allá de su simple mención en el testamento de Ferdinand Bloch-Bauer. 

Poco más que decir aunque mucho todavía por aprender. La dama de oro es una excusa pefecta y necesaria para curiosear sobre la historia del arte y los expolios de guerra. Un buen inicio para nuestra propia y personal indagación. En cuanto a cine, no es la maravilla (no destaca especialmente en ninguno de los aspectos, aunque se inetgran todos de forma correcta y agradable) que requiere la obra de la que trata, pero tiene a Helen Mirren, perfecta para este tipo de papeles reivindicativos de mujeres luchadoras y fuertes, que fue nominada por el Sindicato de actores por su papel. El resto es cosa nuestra. 


Valoración: 6 / 10 

LA DAMA DE ORO, “WOMAN IN GOLD” (2015) 
Director: Simon Curtis 
Reparto: Helen Mirren, Ryan Reynolds, Daniel Brühl, Tatiana Maslany, Charles Dance, Katie Holmes, Antje Traue, Max Irons, Elizabeth McGovern, Jonathan Pryce, Tom Schilling, Moritz Bleibtreu, Anthony Howell, Allan Corduner, Henry Goodman 
Género: Drama, basada en hechos reales, pintura. 
Duración: 107 min.