miércoles, 22 de junio de 2016

CRÍTICA DE THE PROGRAM (2015)

MUERTE DE UN CICLISTA… 
Por Lucía Pérez García  






El dopaje está a la orden del día. Salen dopados de debajo de las piedras (pronto saldrán de detrás de los los olímpicos). El gremio de neveras y congeladores domésticos está empezando a mosquearse. Se tienen evidencias de un manifiesto de los frigoríficos en contra de esconder bolsas de sangre detrás de las cajas de leche. Luego dicen que si los lácteos son perjudiciales para la salud… 

El mundo del deporte profesional, con el ciclismo y el atletismo en la “tete de la course”, es un mar de dudas. Un thriller policiaco en toda regla. Una película de drogas al más puro estilo Trainspotting. L.A. Confidential, literalmente. Ganar es arriesgarse a ser despreciado por los rivales, la prensa, los aficionados e incluso por los políticos. Las miradas de reojo, los comentarios por lo bajini y los titulares irónicos aumentan en proporción al éxito. ¿Envidia, ambición, realidad? Dichosos los deportistas mediocres que nunca serán el centro de atención. ¿Nos preparamos para una era dominada por los amateurs?


Desde que el deporte el deporte, es decir, desde que el deporte conlleva una buena dosis de competitividad y sano egoísmo para buscar la victoria, existen medios para mejorar el rendimiento. Permitidos o no. Más o menos cuestionables. Sin peligro para la salud o letales. El avance de la ciencia ha permitido lo increíble. Pero a estas alturas, cuando ya nadie pone la mano en el fuego por nadie, nada, ni el orgullo, es para siempre.

Uno de los mayores culpables de todo esto es Lance Armstrong. El hombre al que todos creíamos un héroe. Cuyos sueños y esperanzas adornaron nuestras muñecas en forma de pulserita –incluida la mía-. Capaz de superar al mismísimo Indurain. Resulta que no era un hombre, sino una mentira. Pero una mentira con las patitas más largas y fuertes de lo normal que se resistió a ser atrapada durante muchos años. La decepción fue general. Algo que tocaba el corazón y el alma casi a nivel personal. Porque dejar de creer en él era dejar de creer en los milagros. Su vida fue siempre digna de una película. Una de esas en las que, literalmente, segundas partes nunca fueron buenas. 


En mente se tuvo durante mucho tiempo la historia del mito, con Matt Damon, Christian Bale, Jake Gyllenhaal, Matthew McConaughey y –sin duda mí preferido- Michael Fassbender como candidatos a interpretar a Lance. Pero el dopaje no solo acabó con la carrera del ciclista, sino con el proyecto cinematográfico. Unos años después Stephen Frears, director de Alta fidelidad (2000), Las amistades peligrosas (1988), La reina (2006) o Philopmena (2013), decidió agarrar el asunto por las jeringuillas, y eligió, y con mucha vista, a Ben Foster para encarnar la caída del imperio Armstrong. 

Y es precisamente eso, la caída, lo que nos cuenta en director británico. Basándose en el libro Seven Deadly Sins: My Pursuit of Lance Armstrong del periodista David Walsh -un hombre al que retrata literalmente “solo ante el peligro”- narra la vida del ciclista desde el objetivo de un microscopio de un laboratorio antidopaje. Los siete tours pasan tan rápido como el pelotón cuando mira a pie de carretera. Solo los detalles relacionados con la extrema ambición de Lance son tratados de forma más atenta la formación del US Postal, la táctica de equipo, y las amenazas en plena carrera), lo que ayuda a oscurecer aún más la imagen del ciclista, cuya personalidad queda al nivel de su ética. 


Mucha gente afirma que así fue. Encantado de conocerse a sí mismo. De una competitividad y unas ansias de victoria y éxito superlativas. De una personalidad arrolladora. El mismo Walsh lo define en el prólogo de su libro como una ola que rompe sobre ti y te arrastra con ella. Así de claro lo deja Ben Foster. Y así de claro lo dejan Frears y su guionista John Hodge, cotándonos los flirteos –y más que eso (son impactantes las escenas de charlas entre amigos con las agujas y la sangre fluyendo)- con el dopaje desde antes de serle diagnosticado el cáncer, y todo el ambiente, cada vez más insano, que se creó a su alrededor, haciendo especial hincapié en Foyd Landis (este sí que podía haber sido interpretado por un Matt Damon algo más joven). 


Interesante, aunque solo sea por el morbo y la actualidad del tema, de principio a fin. Con la curiosidad de recordar a aquellas figuras del ciclismo que quedaron eclipsadas injustamente por el torrente texano. Por ver a un todavía pre-campeón Contador. Eso sí, interpretado por un actor que habla español con acento británico… y por hacerse una idea general de todo el conglomerado y los ingenios que hacen falta para montar un programa como el que construyó Arsmtrong sobre su figura, y nada más que su figura. Si algo tiene de regulero es el enfoque demasiado aplastante contra el ciclista, el pequeñó impás melodramático en el hospital de cáncer infantil o al firma de libros (que índice aún más en aplastar a la leyenda), la poca atención al hecho deportivo, y el personaje del médico italiano Michele Ferrari, que se creía el descubridor del EPO, cuando esta sustancia ya había sido usada años ha, cuyos efectos ya conocemos e historial de tramposos varios ya conocemos. 


Con el libro de Walsh, los artículos periodísticos, científicos, oficiales, imágenes de archivo, testimonios y un consultor de primera fila como David Millar, todo apunta a que no podemos dudar mucho de esta historia. Una pena. Pero como a mi siempre me gusta quedarme con la parte buena, pensemos en todos esos que superaron en cáncer gracias a la voluntad que les infundió el campeón fantasma antes de salir de su escondrijo de aquel Agujero del muerto (nunca un accidente natural tuvo un nombre más acertado) de Texas.  

La famosa frase se ha tornado triste: El orgullo es temporal, el dolor, para siempre…

Valoración: 6.5 / 10 

THE PROGRAM (EL ÍDOLO) (2015) 
Director: Stephen Frears 
Reparto: Ben Foster, Chris O'Dowd, Jesse Plemons, Guillaume Canet, Lee Pace, Dustin Hoffman, Denis Ménochet, Elaine Cassidy, Laura Donnelly, Edward Hogg, Chris Larkin, Jorge Leon Martinez, Michael G. Wilson, Lucien Guignard 
Género: Drama, biopic, basado en hechos reales, ciclismo. 
Duración: 103 min.

 

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