lunes, 28 de octubre de 2013

CRÍTICA GRAND PIANO (2013)

GRAND PIANO (2013), EUGENIO MIRA
Reparto: Elijah Wood, John Cusack, Alex Winter, Kerry Bishé, Allen Leech, Tamsin Egerton, Dee Wallace, Mino Mackic

Valoración: 8.5 / 10

UNA MELODÍA DISONANTE
Por Lucía Pérez García

Desde la obertura hasta el último compás, Eugenio Mira compone una partitura disonante en tempo real, a ratos brillante y a ratos dolente, pero con molto brío y gran bravura.
Si la clave indica la altura de lo que está escrito en la partitura, solo con ver los créditos iniciales nos podemos hacer una idea de la maestría visual de la misma: ángulos como tonos imposibles, imágenes desenfocadas y desafinadas, pantallas partidas en compases de 2x1, planos como corcheas, movimiento allegro, allegrissimo y ningún silencio.
La tensión constante de la perfección obligada se percibe en todo momento en la expresión de un Elijah Wood de eterno ceño fruncido, cuyos dedos corren por el teclado a una velocidad endiablada, haciéndonos creer que son ellos los que realmente están tocando. Pequeñito como un hobbit, pero actor de gran altura. El problema es que tanta perfección no es verosímil. Un pianista, por muy maestro que sea, no es un artista de circo. Pero no pasa nada porque, como el mismo dice: si te equivocas en una nota, el público no se da cuenta.
John Cusack, convertido en una misteriosa voz en off, cede su cuerpo a un pinganillo orejero y a un puntero láser, igual que Kiefer Sutherland se lo prestaba a un teléfono en Última llamada. Solo aparece en el momento preciso, aunque dicho momento no es precisamente el mejor, ya que queda emborronado por la fastidiosa y repetitiva cancioncilla interpretada por la mujer del protagonista (Kerry Bishé).
Más allá de la música, la potencia visual y el montaje, Grand Piano es una película bastante predecible y algo pillada de argumento, pero no por ello deja de ser una pequeña obra maestra, al menos en el aspecto formal. Pasen, vean y deléitense con la melodía.

martes, 22 de octubre de 2013

CRÍTICA CAPITÁN PHILLIPS "CAPTAIN PHILLIPS" (2013)

CAPITÁN PHILLIPS “CAPTAIN PHILLIPS” (2013),  PAUL GREENGRASS
Reparto: Tom Hanks, Barkhad Abdi, Mahat M. Ali, Barkhad Abdirahman, Faysal Ahmed, Michael Chernus, Catherine Keener, David Warshofsky, Corey Johnson, Chris Mulkey, Yul Vazquez, Max Martini, Omar Berdouni, Mohamed Ali

Valoración: 7 / 10

¿QUÉ BUEN PIRATA SOY?
Por Lucía Pérez García



A la voz de ¡barco viene!,
es de ver
como vira y se previene
a todo trapo a escapar:
que yo soy el rey del mar
y mi furia es de temer.

La canción del pirata, José de Espronceda.

Este verso resume a la perfección el argumento de Capitán Phillips: el buque mercante Maersk Alabama avista el peligro y da la señal de alarma. Intenta salir de la situación utilizando estrategias varias. No funcionan. Escapa a toda velocidad. Pero los temidos piratas son los reyes del mar y, por mucho que sus destartalados botes sean un minúsculo tapón al lado del enorme mercancías, consiguen llegar y abordarlos.
Como le gusta a Greengrass (El mito de Bourne, Green zone: Distrito protegido), la película desprende gran realismo por varias razones: porque está basada en el libro donde el propio Richard Phillips relata la experiencia vivida en 2009 a bordo del Maerks Alabama (A Captain's Duty: Somali Pirates, Navy SEALs, and Dangerous Days at Sea); por la forma en la que está filmada, con un uso magistral de la cámara en mano y un constante movimiento que nos transporta a miles de millas de la tierra firme; por la utilización de técnicas del cine documental –a parte de las ya citadas- y por la presencia de un reparto, en gran parte, sin experiencia en el cine.
Con todos estos ingredientes era de esperar una película apasionante y llena de tensión pero, exceptuando las actuaciones de Tom Hanks, como Richard Phillips, y del sorprendente novato Barkhab Abdi como Musa, el jefe de los somalíes; no se llega a conectar del todo con la situación. No sé si será porque nuestro concepto de pirata está condicionado por Jack Sparrow y el Capitán Garfio, que de terroríficos no tienen nada; o porque algunas secuencias se hacen demasiado largas. Tan solo la escena final deja ver lo realmente aterrador del suceso. Pero entonces ya es tarde, aunque para Tom Hanks nunca lo sea.




lunes, 21 de octubre de 2013

CRÍTICA CANÍBAL (2013)

CANÍBAL (2013), MANUEL MARTÍN CUENCA

Reparto: Antonio de la Torre, Olimpia Melinte, María Alfonsa Rosso, Manuel Solo.

Valoración: 8 / 10

COME, REZA, AMA
Por Lucía Pérez García

No es un caníbal, es un gourmet de paladar exquisito. No es el demonio, es un ángel devorador de almas. No odia, ama. Y su fe es infinita.
Si hubiera que definir Caníbal en una sola palabra, sería SUGESTIÓN. No hay nada explícito. Está todo ahí, pero no lo vemos con los ojos, sino con los sentidos. Con solo unos trazos, intuimos la muerte, la violencia, el placer, la necesidad, la redención…unos trazos tan sutiles y tan magistralmente concebidos que no nos damos cuenta de que todo lo que creímos haber visto, en realidad, estaba escondido tras las cámaras.
Es increíble cómo, en poco más de quince planos (comparen: la escena de la lucha entre Clarice Starling y Bufalo Bill de El silencio de los corderos concentra veinte fotogramas en seis segundos) y apenas unas palabras, Martín Cuenca (La mitad de Oscar) es capaz de mostrarnos un día completo en la vida de Carlos (Antonio de la Torre), hacernos creer que hemos asistido a cada segundo y, lo que es más impresionante aún, introducirnos en su subconsciente. Solo se para en lo esencial, y ahí es donde se recrea la cámara; una cámara cuyo objetivo va más allá de la “carne”.
A Carlos le gustan las mujeres, el mismo lo dice en una de sus pocas frases. Pero el gusto de Carlos es un tanto especial. A él le gusta olerlas, saborearlas y sentirlas dentro, muy adentro. Pero Carlos no es violento. Casi se diría -porque nos manipulan hasta el punto de llegar a pensar esto de un hombre que descuartiza mujeres y se las come- que no tiene maldad. Es un asesino, pero un asesino sofisticado. Sería el ejemplo perfecto para la discusión que James Stewart mantiene con los invitados a la fiesta de La soga: el asesinato como una de las bellas artes. Como el artista, Carlos es paciente, trabaja con sus manos, adora la belleza y es un insinuador profesional. Ni un gesto, ni una sola palabra le delatan. Con solo verlo masticar ya está todo dicho. He aquí la magia del minimalismo.
No hacen falta música, ni palabras –hasta el minuto once no escuchamos un buenos días-, ni detalles superfluos. Los paisajes de Sierra Nevada, la sencillez de las actuaciones, algún que otro sonido aumentado hasta inquietar –dígase tijeras, dígase cuchillo- y el objetivo psicológico, más que físico, de la cámara; son suficientes. El tempo es lento y pausado, pero es una lentitud que sabe a cine del bueno. Y no olviden que estamos hablando de cine español.


  

CRÍTICA TURBO (2013)

TURBO (2013) DAVID SOREN

Valoración: 4.5 / 10

UN CARACOL FUGAZ
Por Lucía Pérez García

Como dice el director de las 500 millas de Indianápolis al conocer a Turbo: <<Dentro de una hora habrá caído en el olvido>>. Y es que este caracol de jardín reconvertido en velocista dopado no pasará a la historia de Dreamworks. Cuando dentro de muchos años destapemos el baúl de los recuerdos de la animación, no habrá ni rastro de sus babas fluorescentes. Los moluscos babosos están de moda, la fórmula 1 también, y no digamos el dopaje, pero las modas son pasajeras; y esta tiene toda la pinta de pasar a toda velocidad.
Más que una película infantil, parece que estamos viendo un video-libro de autoayuda. Frases del estilo: <<Ningún sueño es demasiado grande, ni ningún soñador demasiado pequeño>>, <<Nunca me doy por vencido>>, <<No se deberían limitar el espíritu>>, <<Lo llevas dentro, siempre lo has llevado. Mi hermano pequeño nunca se rinde. No hay caracol más tenaz que tú>>, <<Jugársela y arriesgarlo todo o ser precavido y aceptar la derrota>>; se repiten una y otra vez hasta la saciedad. Y, cuando algún personaje dice lo contrario, en seguida le responden con la misma canción: <<Hemos llegado lejos, con eso basta>> <<No, no basta>>. Pues sí, si basta. Está bien que los niños aprendan que hay que esforzarse para conseguir sus sueños y que tienen que luchar por ellos aunque los crean imposibles, pero no hay que machacarlos continuamente con lo mismo. ¿Es qué no tuvimos suficiente con Aviones? ¡Qué alguien detenga a estos caracoles!
Lo peor de todo es que creo que parece que son los mismos responsables de estas películas los que hablan por boca del piloto Guy Gagne, ídolo de Turbo, cuando éste dice a los periodistas: <<Al público le encanta creer que algún día ellos también podrán conseguir lo imposible. Les encantan los soñadores ilusos>>. Señores, creo que nos están tomando el pelo.
Y la cosa no queda ahí. Además de tener vocación psicoanalítica, la película no puede presumir de una buena animación al nivel que nos tiene acostumbrados la productora. Saliendo de las fluorescencias babosas y algunas recreaciones de lugares bastante realistas, es todo bastante flojillo. Estos caracoles no le llegan ni a las babas a los de Epic, cuya textura, brillo y técnica le da mil vueltas a estos bichos automovilísticos. E incluso en la parte humorística era mejores los de Chris Wedge, lo cual deja a Turbo en un nivel muy, muy bajito porque, si aquella ya era algo insípida, ésta directamente sabe a rayos., unos rayos horriblemente aderezados.

En fin, que ni Turbo es la alegría de la huerta, ni es algo para recordar. Quizás nos llevemos a casa la musiquilla de Caracol fugaz (caracol fugaz), por pegadiza; o el Eye of the tiger, que no es precisamente un elemento original de la película. El resto caerá pronto en el olvido como la estela luminosa de un caracol fugaz.

jueves, 17 de octubre de 2013

CRÍTICA UNA CUESTIÓN DE TIEMPO "ABOUT TIME" (2013)

UNA CUESTIÓN DE TIEMPO “ABOUT TIME” (2013), RICHARD CURTIS
Reparto: Domhnall Gleeson, Rachel McAdams, Bill Nighy, Tom Hollander, Margot Robbie, Rowena Diamond, Vanessa Kirby, Lindsay Duncan, Matt Butcher, Lee Asquith-Coe

Valoración: 4 sobre 5

EL TIEMPO ES RELATIVO
Por Lucía Pérez García

El tiempo es relativo, ya lo decía Einstein, y sinó que se lo pregunten a las marmotas, que son las controladoras absolutas. Pero lo relativo no quita lo peligroso, por eso la gente no suele tener marmotas como mascota. Aunque hay algunos que de tanto dormir se convierten en marmotas, y luego les pasa como a Bill Murray.
Por eso, porque en la vida real no podemos hacer malabarismos con el tiempo más allá de atrasar  o adelantar los relojes dependiendo de la época del año, nos gusta tanto el cine, porque nos permite viajar en el tiempo cada vez que queramos. Incluso de forma redundante si vemos una película en la que, a su vez, viajan en el tiempo. Es algo así como sonar que soñamos. Bueno, es exáctamente eso: Regreso al futuro, Atrapado el tiempo, Peggy Sue se casó, Frequency, La máquina del tiempo… y así sucesivamente. ¿Quién no ha soñado alguna vez con viajar en el tiempo?
Un momento, ahora vuelvo…sdlkjdlkjsdbfjksbfjklsdf

El tiempo es relativo, ya lo decía Einstein. Pero lo relativo no quita lo peligroso, y si nó que se lo pregunten a Hommer Simpson. Richard Curtis (Love Actually) debió tener una larga charla con el señor Simpson porque, después de muchos viajes en el tiempo, comprendió que la felicidad estaba en vivir cada día disfrutando de las pequeñas cosas buenas que nos regala. Lo pasado, pasado está y, si intentas cambiarlo, te arriesgas a que tu hija sea un ser de otro planeta… (consultar Tiempo y castigoepisodio La casa del árbo del terror V, de los Simpson).
No, espera…asdkjblsjkdfbejksbjkbg

El tiempo es relativo, ya lo decía Einstein, y sinó que se lo pregunten a Tim, el personaje de Domhnall Gleeson (Harry Potter y las reliquias de la muerte, Valor de ley), que se acaba de enterar de que todos los hombres de su familia tienen la increíble capacidad de viajar en el tiempo con solo meterse en un lugar oscuro y apretar los puños. Nada más enterarse empieza a remover su mundo. El primer lugar, decidido a encontrar novia y, cuando ya domina un poco el tema, a arreglar los desajustes de la vida de los demás, lo cual no descarta desajustar la suya propia.
En el camino se irá dando cuenta de que lo realmente importante es el presente y las pequeñas cosas que se nos presentan cada día y de las que no solemos disfrutar. Se dará cuenta de que todos y cada uno de los personajes que se han cruzado en su vida tienen algo maravilloso: un dramaturgo medio loco, pero a la vez extraordinariamente sarcástico; unos amigos que le avergüenzan tanto como le quieren (Tom Hollander); un tío con síndrome de Dory pero realmente encantador (Richard Cordery); una hermana hippy y eternamente descalza, con nombre de chocolatina (Lydia Wilson); un  padre genial (Bill Nighy); una madre que se parece a Andy Warhol (detalle buenísimo) (Lindsay Duncan); unas chica especial (Rachel McAdams)…y de que por mucho que queramos cambiar algo, nunca podremos deshacernos del todo de los problemas, porque sin problemas no sabríamos valorar la felicidad.
Mmmmm, un segundito...aksjdblskjbfjklbfjhbf


El tiempo es relativo, ya lo decía Einstein. Viendo esta película, Einstein no hubiera cambiado de opinión, pero al menos se hubiera reído un rato, hasta llegar a llorar, quien sabe si de risa, de felicidad, de pena o de emoción. Seguro que el también quiso viajar en el tiempo y cambiar algunas cosas. Pero pensó, porque otra cosa no, pero pensar pensaba un rato, que era mejor mirar hacia delante, porque hasta la cosa más mala malísima del mundo mundial tiene algo especial; y si no fíjate en la forma de hongo de la bomba atómica.

martes, 15 de octubre de 2013

CRÍTICA THE BLING RING (2013)

THE BLING RING (2013), SOFÍA COPPOLA

Reparto: Israel Broussard, Katie Chang, Emma Watson, Leslie Mann, Taissa Farmiga, Erin Daniels, Nina Siemaszko, Gavin Rossdale, Stacy Edwards, Maika Monroe, Claire Julien, Joe Nieves, Halston Sage, Paris Hilton

Valoración: 5 / 10

¡PERO QUÉ FUERTE, TÍA!
Por Lucía Pérez García

El resultado final de The Blig Ring deja mucho que desear, y más teniendo en cuenta que el tema es atractivo, que los actores están bien dirigidos-atentos al cambio de Emma Watson- y que es una ocasión ideal para lucirse con el vestuario, el maquillaje y el atrezzo. Pero lo que empieza siendo una historia entretenida e intrigante, por no decir morbosa, termina convirtiéndose en una especie de tostón fhasion sobre adolescentes desfasados a los que te apetecería darles un buen escarmiento para que espabilen de una vez. Porque no es lo mismo ser un espabilado que espabilar.
Más cercana casi al documental y al reality que al largo de ficción, y algo confusa en cuanto a los roles de los personajes –no acabo de ver claro quien es el verdadero cabecilla de la banda-, la señora Coppola (Las vírgenes suicidas, Lost in traslation) nos introduce en el mundo actual, en la sociedad de masas. Viendo el comportamiento de estos jóvenes te das cuenta que no está muy alejado de lo que podemos ver hoy en día por la calle. Quizás no tan a la californiana, pero en todo el mundo los adolescentes, y los no tan adolescentes, presentan los mismos síntomas, los cuales derivan de los mismos problemas:

PROBLEMA Nº1: LAS REDES SOCIALES: Cada mañana, milllones de personas le dedican los primeros segundos del día al movil: Que tengaís un buen día (como si de verdad le importase que el resto del mundo fuera feliz), hoy me he levantado con la pierna izquierda (ok), me estoy poniendo mis zapatillas nuevas (enhorabuena), voy a tomarme un café (ojalá se te derrame encima del movil), estoy saliendo por la puerta de mi habitación, jajaja (me parto de risa)… y así sucesivamente hasta que se vuelven a acostar por la noche, con fotos incluidas de cada detalle y comentarios en riguroso directo de cada anodino y absurdo acontecimiento. ¿Dónde quedaron aquellos diarios que traían un candado y unas llaves para preservar la privacidad? Han sido sustituidos por móviles de última generación cuya mayor contradicción es tener una contraseña para desbloquearlos. ¿Qué  más da que alguién vea su contenido si antes ya lo han visto millones de personas por Twiter, Facebook, Tuenti, etc…en vivo y en directo?
En la película, los niños se pasean por las propiedades de los famosos como Pedro por su casa, sin tener en cuenta la seguridad –que, por otra parte, parece ser que no es mucha-. Y lo peor de todo es que se hacen fotos que luego distribuyen por las redes sociales, presumiendo de que han estado en la casa de tal o cual famoso y poniendo frases provocativas ¿De qué sirve hacer cualquier cosa si el resto del mundo no lo sabe y da su reconocimiento? Sin embargo, olvidan que dentro de ese resto del mundo también existen la ley y la ética.


PROBLEMA Nº2: LA MODA: Hay que vestir así, y punto. Si no lo haces, corres el peligro de ser mirado, remirado y criticado por ir en contra de los preceptos de la moda. ¿Cómo se te ocurre ser tú mismo? ¿Cómo se te ocurre comprar ropa barata? Hay quienes son capaces de gastarse el sueldo de todo un mes en unos zapatos, un bolso o, lo que es peor, en un collar para el perro con cristales de swarovsky. Qué más da el esfuerzo que haya puesto tu padre, tu madre para ganar ese dinero. Si está ahí, si puedo tocarlo, hay que gastarlo, y luego pedir más porque no tengo. Hay que vivir al día. También están los que se gastan su propio dinero y después se quejan de la crisis, pero claro está, van a las manifestaciones divinos de la muerte, no vaya a ser que el reportero de turno les saque con malas pintas.
Los niños de The Bling Ring, tienen que vestir a la última y con las mejores marcas: Miu Miu, Chanel, Prada…y si para ello tienen que robar, pues roban. ¿Para qué trabajar si puedes robar al vecino? ¿Para qué esforzarse si lo tienes al alcance de la mano? Algo así bien se merece una campaña como la de “No a la drogas”. Y por si fuera poco, en la página oficial de la película se pueden comprar las prendas que aparecen en ella. E imagínense ustedes los precios… vale que se haga publicidad de las marcas que han participado en la producción, pero no creo que sea muy acertado apoyar este tipo de consumismo entre la población normal.

PROBLEMA Nª3: LA FAMA: ¿Quién no ha soñado nunca con ser famoso? Todo el mundo, sin excepción, ha buscado alguna vez el reconocimiento en alguna actividad. La diferencia es que mientras que unos lo hacen a través de su trabajo, otros, lo hacen a través de la tontería, como es el caso de los niños susodichos. ¿En serio a alguien le gustaría ser como Paris Hilton o Lindsay Lohan? Me parece muy, pero que muy triste. Solo hay que el gusto a la hora de decorar de Paris Hilton para comprobar el tipo de persona que es. Creo que alguien cuya casa es un monográfico sobre ella misma, cojines incluidos, no es un buen ejemplo para nadie. Y menos aún una chica que ha estado yo que sé cuantas veces en la cárcel. Y luego se ríen porque encuentran una carta de amor en la casa de Orlando Bloom. El más normal de todos, y pretenden dejarlo en ridículo. Así nos va. Incluso aquí nos enseñan cómo hay madres que alientan a sus hijas a ello –quizás esto sea más cosa de las americanas, pero las hay en todo el mundo, a su manera- ¿En serio puedes pretender educar a tus hijas poniéndoles como ejemplo a Angelina Jolie?

PROBLEMA Nº 4: LAS DROGAS, LA JUERGA Y EL ALCHOOL: este tema sí que está a la orden del día, por lo que tengo mucho que decir. Haya cada uno con su salud y su vida. Si de verdad creen que así van a conseguir ser alguien, están muy equivocados.  Bueno, quizás consigan ser unos buenos enfermos.  Porque realmente estos niños lo que están es enfermos de la fama por la fama.

En fin, que así está la cosa y así nos la enseña Sofía Coppola. Quizás la reflexión haya sido algo exagerada y más cosa mía que de la directora, pero la película bien lo merecía ya que de otra forma no tenía mucho más que comentar. A algunos les gustará la música. Sin más.




viernes, 11 de octubre de 2013

CRÍTICA PRISIONEROS "PRISIONERS" (2013)



PRISIONEROS “PRISIONERS” (2013), DENIS VILLENEUVE

Reparto: Hugh Jackman, Jake Gyllenhaal, Viola Davis, Terrence Howard, Melissa Leo, Paul Dano, Mike Gassaway, Dylan Minnette, Len Cariou, Wayne Duvall, Jane McNeill, Sandra Ellis Lafferty, Tiffany Morgan, Todd Truley.

Valoración: 10 / 10


PRISIONEROS EN UNA SALA DE CINE

Por Lucía Pérez García



Prisioneros se podría definir en una sola frase: “Alguien tiene que hacerle hablar o morirán”. Prepárense, pues, para morir.

Angustia, desesperación, agobio, odio, violencia, frialdad y…detrás de todo, la fe; una fe que, contradiciéndose a sí misma, pierde todo su significado y se aleja cada vez más de Dios. Y, aún así, Dios siempre está presente porque, igual que aquel ángel que liberó a Pedro, Él siempre vendrá a sacarnos de nuestra prisión, por muy oscura que ésta sea. Y es que, al fin y al cabo, todos somos prisioneros de nuestros miedos, creencias y emociones. Cuando Keller Dover (Hug Jackman), en su desesperación, cruza el límite de lo moral, intenta sostenerse con su fe.  Cuando el detective Loki (Jake Gyllenhaal) contempla cada nuevo y estremecedor acontecimiento, acude a su fe para no salirse del camino. Cuando Grace Dover (María Bello) se derrumba, intenta levantarse a base de fe…y Dios siempre termina acudiendo en su auxilio. Sin embargo, siempre nos queda la duda de hasta qué punto están justificados nuestros actos y hasta qué punto son perdonables. Lo que sí es seguro es que Dios es más compasivo que nosotros, porque Él no vive encerrado en prisión alguna.

Todas estas dudas, todas estas emociones, se enlazan en un laberinto que parece interminable y en el que el minotauro siempre está al acecho. Un camino lleva a otro, pero no sabemos si ese otro es el camino correcto. Otras veces esos caminos se cortan en seco y no nos dejan pasar. Entonces es cuando vuelve a entrar en juego la fe. Porque la fe mueve montañas, aunque para mover las montañas sean necesarias maquinarias destructoras.

Pero Prisioneros no es solo una película para reflexionar, es una película para disfrutarla, porque es puro arte cinematográfico. Todo está pensado para “aprisionarnos” desde el primer momento: la fotografía fría, húmeda, invernal y nebulosa de Roger Deakins; la lluvia persistente; los planos inquietantes en los momentos clave; la música de Jóhann Jóhannsson, escueta y seca, pero aterradoramente abrumante; los ojos de un Hugh Jackman rozando la muerte en vida; la valentía de un Jake Gyllenhaal (por favor, no dejes de ver Brokeback Mountain) enorme; pistas y más pistas que llevan a todas y a ninguna parte; intriga medida con un cuentagotas muy, muy pausado…todo contribuye a formar una atmósfera opresiva que te mantiene inquieto y alerta hasta el último momento…y qué último momento... ¿Por qué? ¡No me lo puedo creer!

Se me vienen a la mente muchos thrillers similares, aunque quizás no tan densos ni tan cuidados: Seven, Mystic River, Adiós pequeña, adiós… e incluso, aunque arriesgando demasiado e hilando muy fino, me recordó en algunos aspectos a Matar a un ruiseñor, aunque aquí hubiera hecho falta más de un Atikus Finch para tener controlado el asunto.

En fin, como dijo Jean Valjean (o Hugh Jackman si lo prefieren) en Los miserables: “el presidio hace al presidiario”. ¿De qué eres tú prisionero?

miércoles, 9 de octubre de 2013

CRÍTICA LAS BRUJAS DE ZUGARRAMUNDI (2013)

LAS BRUJAS DE ZUGARRAMUNDI (2013), ALEX DE LA IGLESIA

Reparto: Hugo Silva, Mario Casas, Jaime Ordóñez, Carmen Maura, Terele Pávez, Pepón Nieto, Secun de la Rosa, Carolina Bang, Carlos Areces, Gabriel Delgado, Macarena Gómez, Enrique Villén, María Barranco, Javier Botet, Manuel Tallafé, Santiago Segura, Alexandra Jiménez, Javier Manrique.

Valoración: 6 / 10

HABERLAS, HAYLAS…
Por Lucía Pérez García

Buenas, malas y regulares; feas y guapas; monstruosas o impecablemente femeninas. De todo hay en la viña del…demonio. Una viña que debe de dar muy buenas cosechas porque, como dice Mario Casas, un aquelarre es como una botellona, pero medieval. Es decir, una especie de tiaso báquico en versión moderna lleno de ménades enloquecidas que se divierten descuartizando hombres y devorando sus entrañas. Cualquiera se atreve a ir de turismo enológico por estos lares…
Lo malo es que a veces el turismo no se hace por placer, sino por casualidad. Y casualidades de la vida quisieron que dos ladrones fueran a dar con sus huesos en el mismísimo infierno. Y cuál fue su sorpresa al comprobar que el demonio no era el gran cabrón (que así se le llama en el arte a este bicho) que pintaba Goya, sino una diablesa, que da mucho más miedo, porque las mujeres, si quieren, pueden ser más malas que el hambre. En cambio el hombre, cuando tiene hambre, come y se echa una siesta, porque es el rey de la selva.
Esto no es nada nuevo. Si te paras a mirar detenidamente los detalles de la decoración de una catedral románica o gótica, encuentras mujeres por todas partes aludiendo a los pecados capitales. Es más, si te fijas bien en el techo de la Capilla Sixtina, verás que la serpiente que le ofrece la manzana a Eva tiene rostro de mujer. Y así sucesivamente. Para el mundo, al mujer siempre ha sido una criatura sibilina, astuta y malvada; pero, de repente… ¡La Virgen! La historia dio un giro y las pocas brujas que quedaban fueron a  esconderse a la oscuridad de una cueva recóndita, dígase: Salem, Eastweek, Springfield, Canal 47 o Zugarramundi.
Muchos años después, un tal Alex de la Iglesia (vete tú a saber de que iglesia), viene a sacarlas de su escondrijo; un escondrijo que bien parece una pintura de Goya, donde el negro domina sobre todos los colores, las figuras y las almas se deforman y desfiguran, y los ojos brillantes nos miran desde la locura. Y una vez liberadas, ¡Qué Dios nos coja confesados!
Dice el director que siempre ha sentido que las mujeres tienen el poder y que los hombres están en inferioridad de condiciones. De ahí que ellas sean unas brujas malas medio satánicas y ellos unos tontunos…pero después de todo, ni ellas son tan malísimas como las pinta ni ellos tan idiotas. Es más, ellas tienen su corazoncito y su gracia; y ellos en el fondo son unos inocentones y unos buenazos. Total, que es todo un batiburrillo de cosas que se acaba liando más de la cuenta. Un caos.

Con sus más y sus menos, sus sorpresas y sus situaciones predecibles, sus momentos cómicos y no tanto, según el gusto del consumidor; sus idas, venidas, vueltas y revueltas; y un reparto sorprendente, Alex de la Iglesia arma la de San Quintín, si es que cabe nombrar aquí a un santo. El éxito de taquilla está asegurado, en primer lugar, por las quinceañeras (y las no tan quinceañeras) que vayan a ver a Hugo Silva y a Mario Casas y, en segundo lugar, por la excelente campaña de publicidad que han llevado a cabo los responsables de la promoción de la película. Yo la he visto, y eso que no soy muy de cine español. La razón, a saber, será que las brujas me han lanzado un conjuro. Seguro que a ti también. Y sinó, tiempo al tiempo.

martes, 8 de octubre de 2013

CRÍTICA RUNNER, RUNNER (2013),

RUNNER, RUNNER (2013), BRAD FURMAN

Reparto: Ben Affleck, Justin Timberlake, Gemma Arterton, Anthony Mackie, Sam Palladio, David Costabile, Oliver Cooper, Ben Schwartz, Laurence Mason, Dayo Okeniyi, Yul Vazquez, Louis Lombardi, Diana Laura, Carlos Sanz, Sam Upton, Bob Gunton
Valoración: 3 / 10

¿ES UN FAROL?
Por Lucía Pérez García

No se engañen, Runer, runner no es una película sobre atletismo, aunque pensándolo bien, a más de uno, incluida yo, le entrarán ganas de salir corriendo ante semejante engaño.
Un cartel muy bonito: un tríptico con los tres protagonistas poniendo mirada…mirada de cartel, y un tono general muy azul y tropical. Para llamar la atención no está mal. Lo miras y piensas, vale, voy a verla, tiene que estar bien. Entonces vas al cine, pagas la entrada y te sientas expectante. Ya has entrado en el juego. No hay vuelta atrás.
El dealer baraja las cartas y reparte. Empiezan las apuestas. Lo que aun no sabes es que ya has hecho la apuesta más arriesgada y que tus compañeros de juego están dispuestos a sacarte la mayor cantidad posible, y no de fichas precisamente.
Jugador nº1: Justin Timberlake (La red social, Bad Teacher). Junto con Ryan Gosling, el único chico Disney que ha conseguido salir del país de las maravillas sin haber probado el té del sombrerero loco. Pero no te dejes engañar, porque, en primer lugar, no es actor, sino cantante y, en segundo lugar, y por si fuera poco, ha sido pareja de Britney Spears…intentará por todos los medios encajar una buena mano, pero si consigue una pareja ya se podrá dar por satisfecho, porque las cartas que le ha tocado jugar no son las mejores.
Jugador nª2: Ben Affleck (Argo, El informador). El malo de la película y el que se sabe todas las manos. Tiene un as en la manga, pero solo lo saca cuando se trata de ser el director del juego. Como jugador deja bastante que desear. Sin embargo, es el que mejor cuando se trata de tirarse un farol. No te fíes de su cara de no haber roto un plato.
Jugador nº3: Gemma Arterton (Hansel y Gretel cazadores de brujas, Quantum of solace). La guapa de turno que los encandila a todos pero que no se deja encandilar fácilmente. Las mujeres, cuando se trata de hacer trampas, pueden ser muy peligrosas. Quizás consiga enganchar al género masculino, pero conmigo no funcionan sus armas de mujer fatal.
Jugador nº 4: Tú. Una vez que entras en la partida tienes que atenerte a las consecuencias. Espero haber llegado a tiempo para evitarlo. Si no es así, te recomiendo una estrategia que suele funcionar: concéntrate en los actores, que al menos son agradables a la vista. El argumento irá cayendo por su propio peso.
Yo perdí la partida y me dejé engañar, pero la próxima vez no me pillarán desprevenida. Y, si lo hacen, siempre puedo salir running, running.



viernes, 4 de octubre de 2013

CRÍTICA GRAVITY (2013)

GRAVITY (2013), ALFONSO CUARÓN

Reparto: Sandra Bullock, George Clooney

Valoración: 9 / 10
         
YO QUIERO SER TAN ALTA COMO LA LUNA
Por Lucía Pérez García

Ayer cumplí uno de mis sueños. Por primera vez pude ver la tierra bajo las nubes, y no las nubes sobre la tierra. Pude comprobar la inmensidad de los océanos y la sobrecogedora desventaja de los continentes.  Pude ver el amanecer verdadero, aquel que no obedece a los puntos cardinales. Pude pisar la nada. Pude, realmente, experimentar el significado de la palabra sublime.
Pero no todo fue agradable ahí arriba. Los sueños, a veces, tienen algo de pesadilla. No solo sentí la paz infinita del universo sino que, además,  sentí de cerca la muerte. La vista se volvía nebulosa, los pulmones chirriaban en su esfuerzo por exprimir cada partícula de oxígeno, el dolor recorría cada músculo de mi cuerpo paralizado por el agobio y la asfixia. Y en el silencio, solo alcanzaba a escuchar mi corazón bombeando una sangre envenenada. El reloj de la muerte tiene el timbre de un latido. Y yo pude sentirlo. Por primera vez, y en tres dimensiones. En cierto modo, era como volver a nacer, o como no haber nacido.
Cuando me quité las gafas, mi sueño escapó de golpe, pero aun seguía existiendo dentro de mí, en un rinconcito de mi hiperactiva cabeza. Y desde su  minúsculo escondrijo, cantaba; y yo solo canto cuando estoy feliz. Algo hubo en aquel sueño que me hizo ver el mundo de forma diferente. Hasta en la más dura circunstancia, existe una luz positiva, y resulta que esa estrella lleva escafandra y tiene el rostro de George Clooney.
Todo es tan simple que sorprende, aunque dentro de esa simplicidad podamos encontrar muchas lecturas. Dos personas o, más bien, dos almas flotantes. El lado positivo y el negativo de la vida. Y poco más. La ingravidez absoluta y la más absoluta belleza.
Fue uno de los sueños más hermosos que he tenido. No hubiera sido lo mismo en dos dimensiones. La sensación de poder abarcar el mundo antes de que él lo haga contigo. El impacto del silencio más absoluto. Por momentos quise extender el brazo y tocar las estrellas con mis propias manos. Por momentos me sentí fuera de mi misma o, quizás, más adentro.
Desde ayer se que el espacio es diferente a la tierra. La nitidez de la atmósfera terrestre desaparece con la distancia. A miles de kilómetros de aquí todo está más difuminado, como si el oxígeno fueran cristales graduados. O, al menos, así me lo enseñaron ayer, y fue maravilloso.
También aprendí que el silencio más placentero puede ser roto por el molesto crujir de una palomita, que el maíz suena como una bomba en tiempos de paz, y que las pajitas son un invento siniestro fruto de una mente perturbada. Y, aun así, nada de eso consiguió despertarme por completo de mi sueño.
Hoy soy un poquito más feliz. Me siento afortunada. Ya me queda menos para alcanzar a Homer. Próximo destino: ¿los Oscar?