miércoles, 9 de diciembre de 2015

CRÍTICA EL PUENTE DE LOS ESPÍAS “BRIDGE OF SPIES” (2015)

Director: Steven Spielberg  
Reparto: Tom Hanks, Mark Rylance, Amy Ryan, Scott Shepherd, Sebastian Koch, Billy Magnussen, Alan Alda, Eve Hewson, Peter McRobbie, Austin Stowell, Domenick Lombardozzi, Michael Gaston. Género: Thriller, espionaje, Guerra Fría. 
Duración: 135 min.  

Valoración: 7 / 10  
Por Lucía Pérez García 


Cuando los señores Spielberg y Hanks se juntan aparecen cosas tan curiosas como Salvar al Soldado Ryan (1998), Atrápame si Puedes (2002), La Terminal (2004) o el corto A Timeless Call (2008). Unos años después de su último encuentro, El Puente de los Espías se convierte en una digna continuadora de la lista. Guerra, conspiraciones, persecución y, ante todo, el carácter siempre amable del buenazo del tío Spielberg, que ni la oscuridad ni la violencia pueden eclipsar, vuelven a verse las caras. 


Podría haber sido obra del Frank Capra de los documentales propagandísticos y las películas protagonizadas por James Stewart. Podría haber salido de la mente de un Carol Reed jugando en el mismo equipo que Orson Welles. Podría haber sido todas esas cosas, pero la marca Spielberg es inconfundible allí donde miremos: el tema alrededor de la guerra, los niños (él también fue testigo de ese miedo y ese tipo de educación sobre americanos-buenos y soviéticos-malos), la justicia y la moral, los tipos normales capaces de hacer grandes cosas, esas escenas en la oscuridad (que tanto recuerdan aquí a El Tercer Hombre, pero que también son especialidad de la casa)…todo menos la música. 


Una operación de John Williams casi deja la película en total silencio. Entonces llegó Tomas Newman, más acostumbrado a otro tipo de dramas tipo American Beauty, Erin Brokovich o la más reciente El Juez; y a películas familiares como Buscando a Nemo, WALL-E o Al Encuentro de Mr. Banks. Debió convencer al director americano por sus trabajos en Camino a la Perdición –también con Hanks- y Skyfall. Pero el resultado está lejos de las mejores bandas sonoras Spilbergianas. La prudencia y el poco riesgo son palpables en la cantidad justa de música. Solo en las escenas necesarias. La mano de Newman y la ausencia de Williams también. No hay espectacularidad ni una melodía reconocible. Un halo de serenidad –relativa- dramática sustituye a la tensión. Un acompañamiento que sin desentonar, no entona del todo con el espíritu de sus antecesoras. 

Con una primera parte para no apartar los sentidos de la pantalla, un tercer cuarto un escalón por debajo y un final en ligero ascenso, pero sin llegar al nivel inicial, es el protagonista el que lo da todo. Hanks, como viene acostumbrando, es el mejor para estos roles de hombres corrientes con algo especial. Mark Rylance es el perfecto acompañante. Spielberg el director por excelencia (con todos mis respetos a Hitchcock). Pocas veces decepciona (esa Guerra de los Mundos y esa Calavera de Cristal…). Cada día nos hace soñar. Llevándonos a su mundo y obligándonos a querer ser como él. Porque ¿Quién no ha querido ser Spielberg cuando fuera mayor? Mejor dicho ¿Quién no ha querido ser un niño como Spielberg?

 

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