lunes, 5 de agosto de 2013

CRÍTICA LO QUE EL DÍA DEBE A LA NOCHE "ÇE QUE LA JOUR DOIT À LA NUIT" (2012)

LO QUE EL DÍA DEBE A LA NOCHE, “ÇE QUE LA JOUR DOIT À LA NUIT” (2012) ALEXANDRE ARCADY

Reparto: Nora Arnezeder, Fu'ad Aït Aattou, Anne Parillaud, Vincent Perez, Anne Consigny, Fellag, Nicolas Giraud, Olivier Barthelemy, Matthias Van Khache, Pierre Abbou, Tayeb Belmihoub, Salim Kechiouche

Valoración: 7.5 / 10

LA CONFUSIÓN DEL ATARDECER
Por Lucía Pérez García

El amor nace donde le viene en gana. No necesita una tierra donde hundir sus raíces. Su semilla brota de la nada y crece hasta convertirse en todo. Pero ese todo el limitado. Alberga tanta claridad que no deja ver las sombras. Y un mundo sin sombras corre el peligro de abrasarse.
Lo contrario ocurre con el odio. Éste prende en cualquier suelo y se afianza tanto a sus estratos que termina por consumir sus recursos, lo deja seco. Seco de todo. Seco, por tanto, de amor. Entonces el mundo se vuelve oscuro y frío.
Sin embargo, hay personas que confunden el odio con el amor o, incluso, el amor con el  odio. De forma equivocada siembran el amor en la tierra y dejan que el odio crezca en su corazón. Ya no distinguen el día de la noche.

Esto no es nuevo, ni será viejo jamás. Y esto es lo que ha querido retratar el argelino Alexander Arcady (Le coup de sirocco) en esta adaptación de la novela de Yasmina Khadra. Por un lado, la historia romántica de Younes, o Jonas; un argelino reintegrado en la comunidad colonial francesa. Y por otro, la historia política del propio país, que en 1954 se reveló contra la ocupación francesa (1830-1962), obligando a miles de argelinos de origen europeo y a los musulmanes simpatizantes a abandonar el país. Dos clases de amor, el amor por el ser amado, por la familia y los amigos; y el amor por la patria. Y dos clases de odio, el odio de la impotencia y el odio al extraño e,  incluso, al hermano. Dos caras diferentes, si, pero de una misma moneda. Tan difícil es separarlas como mantenerlas unidas. Y ahí surge el conflicto y el interés de la película.
Más allá de esto, no hay detalles brillantes, pero no por ello la película se desmorona. Es más, sus dos horas cuarenta minutos se pasan de forma agradable (y eso es una cualidad difícil de conseguir en este tipo de largísimometrajes). Las actuaciones no son la mejor baza. De hecho, el protagonista, Fu'ad Aït Aattou, nos mira siempre con la misma cara, lo cual puede dar un poco el cante; pero es eso precisamente lo que le da un aire de confusión que encaja muy bien con su situación, la de alguien que se ha perdido en su propia identidad. Tampoco el resto del reparto destaca precisamente, pero en conjunto nos brindan escenas que van desde divertidas, como algunas de las ocurrencias de los jóvenes amigos (por cierto, es sorprendente el parecido de los actores en todas las etapas de sus vidas, desde niños, hasta ancianos); hasta las más tensas, cuando se va gestando el ambiente de la guerra civil y cada uno obra según sus convicciones, dejando en segundo plano la amistad, la lealtad y el amor.



En el aspecto formal tampoco es nada novedosa: planos panorámicos de las distintas zonas de Argelia, desde el desierto a la ciudad;  Transiciones convencionales en los saltos de tiempo, etc, etc…pero lo que aquí cuenta es otra cosa.
Al final todo se resume en las palabras de un niño: <<Amigos para siempre>>. Porque en los niños no existe el odio. Para los niños no existe la noche. Y todos, en el fondo, seguimos siendo un poco niños, aunque a veces lo olvidemos.


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