domingo, 2 de junio de 2013

CRÍTICA 360. JUEGO DE DESTINOS (2011)

360. JUEGO DE DESTINOS (2011), FERNANDO MEIRELLES
Reparto: Anthony Hopkins, Jude Law, Rachel Weisz, Ben Foster, Moritz Bleibtreu, Jamel Debbouze, Marianne Jean-Baptiste

Valoración: 4.5 / 10

MEIRELLES NOS INVITA A UNA RONDA EN LA TORRE DE BABEL
Por Lucía Pérez García

El mundo es un pañuelo…un pañuelo sucio y lleno de mocos. Y así, según Meirelles (Ciudad de ángeles, El jardinero fiel), es el amor en el siglo XXI, verde y pegajoso. Un trozo de papel donde dejamos nuestras excreciones para luego tirarlo a la basura. Y lo peor de todo es que los síntomas son tan contagiosos como los de un resfriado…
Un resfriado que se extiende por todo el mundo, arrasando con todo aquel que se encuentra en su camino. Todos padecen la misma enfermedad. Se la trasmiten unos a otros sin preocuparse del mal que pueda causar. Y cuando el mal está hecho, hay que atenerse a las consecuencias y arreglar el estropicio…
Estropicios mentales y eróticos es lo que recrea Arthur Schnitzler en sus obras. Unas obras un tanto freudianas que causaron grandes polémicas en la sociedad alemana de principios del siglo XX. Por entonces no existían los cleenex y todo el mundo tenía pañuelos de tela bordados que, una vez usados, se lavaban y quedaban como nuevos. Y dentro de esa discreción no cabían obras como La ronda (1900), donde el virus del amor, inmune a los lavados, corría de un pañuelo a otro…
El otro, the other, l´autre…nadie tiene nombre porque nadie quiere ser el culpable de la cepa. Y mientras, los pañuelos cuelgan empapados en las ventanas de una torre de Babel (véanse las similitudes con la película de Alejandro González) disfrazada de rascacielos. Es fácil subir. Para eso se inventaron los ascensores. Pero una vez en la cima nadie se atreve a mirar hacia abajo. Siente vértigo. Entonces se arrepiente y desea no haber ascendido nunca…
Nunca digas nunca. La ronda se prohibió en sus inicios y hoy ya van dos las adaptaciones al cine. La historia da tanto juego que la cámara se desboca. Quiere mirar a tantos sitios que tiene que partirse en dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve…

Nueve historias que son solo una, porque el mundo es un pañuelo…un pañuelo sucio y lleno de mocos…

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