domingo, 27 de marzo de 2016

CRÍTICA ESPARTACO (1960)

ESPARTACO: TRES HORAS IMPRENCINDIBLES PARA REVELARSE COMO UN BUEN CINÉFILO. 
Por Lucía Pérez García 

 
Nuestro corresponsal hollywoodiense nos habla hoy desde 1960, justo a la salida del estreno del Espartaco de Stanley Kubrick. ¿Qué le ha parecido la película señor Crowter? 
“El comienzo, donde se representa la formación en la escuela de gladiadores es animado, entretenido, emocionante y expresivo, no importa lo fiel que sea a la historia. Y la parte central es pretenciosa tediosa ya que se ocupa de la aburrida lucha política”. 

¿Y los actores? 
“El señor Douglas define su contundente estilo western contra al precisión del togado Señor Laughton y el gentil perfil romano del Señor Olivier. Tony Curtys como joven esclavo contrasta en su teatralidad con la facilidad para hacer el payaso de un romanizado Ustinov”. 

Parece que a nuestro amigo Bosley no le hace mucha gracia Don Peter Ustinov ¿No es cierto? 
“En Quo Vadis su afectación y sus gritos […] fueron lo más monótono de la película. Aquí, ya lo he dicho, un payaso”. Pues la Academia, con una nominación en la primera y una estatuilla en la segunda, parece que no opina lo mismo… 


Y usted, señorita ¿Qué opina?
Para mi Espartaco fue un descubrimiento. Primero literario. Tres versiones diferentes de la historia, nada más y nada menos, me leí una detrás de otra. El cine, como yo, decidió que la mejor era la de Howard Fast. A esas alturas del siglo XX americano, las otras dos novelas, junto con el guión de Dalton Trumbo, habrían sido demasiado. Con la de Fast, que también tiraba para el mismo lado, ya era suficiente. McCarthy no hubiera salido vivo de otra forma. Aquí, al menos, salió tocado pero no hundido. Pero ambos, Fast y Trumbo, se desquitaron a su antojo.  

Con el tiempo, la película ha perdido su ración de polémica (aunque se acercan tiempos de cambios…). Ahora es, como tantas otras compañeras épicas, uno de los grandes clásicos que hay que ver al menos, una vez en la vida. Sin significados ocultos. Solo disfrutando del cine del que unos años después inventara la Space Opera contemporánea, se atreviera a mezclar los decorados pop en con Beethoven, nos dejara un plano icónico de Jack Nicholson con un hacha y el reflejo desnudo de la pareja Cruise-Kidman en un espejo. Antes que todo eso, Kubrick fue un director clásico que olía a maestro. 


¿Solo eso?...
Antes que Russel Crowe existió un gladiador llamado Kirk Duglas. Un hombre cuya alma de luchador le mantiene aún en pie con casi 100 años. Con un hoyuelo inconfundible y una presencia de esas que te transportan inmediatamente a la era dorada de los estudios. Con un porte imponente que hacía olvidar su mediana estatura (1.75). Y con la ambición de atreverse a formar su propia productora y hacer películas de este tamaño. Es difícil elegir una actuación. Me quedo con su Doc Hollyday de Duelo de Titanes (John Sturges, 1957) y, por su puesto, su Van Gogh en El Loco del Pelo Rojo (Vicente Minelli, 1956). Espartaco viene en tercer lugar. Espero que no arme una rebelión contra mí. 


Tony Curtis, visto está, que no era solamente un “loco con faldas”. Y Ustinov, en contra de lo que Usted, Don Bosley, opina, a mí me hace gracia. Jean Simmons veo que si es de su gusto. A mí se me parece demasiado a la Hepburn como para preciarla en todo su esplendor. Pero sí, el contraste de elegancia y brutalidad de la pareja protagonista es tremendo, y casi lírico. ¿Olivier? No se me olvida. También es digno de mención. Aunque pasó medio metraje sumergido en los baños, del que la mitad acabó sumergido en la censura. 


Pero si algo queda en la retina son las luchas de gladiadores y sus entrenamientos. El gran Retiario, el gladiador más cinematográfico, encarnado por Woody Strode. Los ejercicios de un Kirk Douglas que recuerdan, en su versión romana, a los entrenamientos de su boxeador en El Ídolo de Barro (Mark Robson, 1949), y el emotivo combate final.

 
¿Y la música qué tanto le gusta a usted comentar, señorita? 
Alex North… Pobre criatura traicionada por Kubrick unos años después en 2001. Espartaco es, quizás, la banda sonora más tradicional y épica de su filmografía. El compositor que introdujo el jazz en el cine junto con Elmer Berstein también sabía ser elefantiástico. Grandes temas sinfónicos, una fortísima fanfarria inicial, un melódico tema romántico, etc. Entonces… ¿Qué hay de nuevo, Viejo? Un tema para las minas donde la percusión a base de metal simula el trabajo de los esclavos, y toda una concepción musical basada en las tonalidades menores, las disonancias y los ritmos sincopados (que para eso venía del jazz), que nos anuncian la futura decadencia de Roma. ¿No es esto suficiente? A Kubrick nos e lo pareció y, en su necesidad de improvisar escenas por problemas con el personal, introdujo más música de la cuenta en algunos cortes. Ya se le veía venir lo traicionero. 


¿Ha acabado ya? 
Solo quería decir que, pese a no ser una película de “Romanos con Jesús” como se estila en Semana Santa, en el fondo, y sobre todo al final, hay momentos y enseñanzas aplicables a estas fechas. No la lucha y la venganza, sino la búsqueda de la justicia y del bien; al defensa del amor y la amistad; y la rebelión contra un imperio que seguía el camino de Sodoma y Gomorra. Si Dalton Trumbo levantara la cabeza (lo hará próximamente en el cine) quizás no pensaría igual que yo. 

FIN 

Valoración: 9 / 10 

ESPARTACO (1960) 
Director: Stanley Kubrick 
Reparto: Kirk Douglas, Tony Curtis, Laurence Olivier, Peter Ustinov, Charles Laughton, Jean Simmons, John Gavin, Nina Foch, Herbert Lom, John Ireland, John Dall, Charles McGraw, Joanna Barnes, Harold J. Stone, Woody Strode, Peter Brocco, Paul Lambert, Nick Dennis. Género: Drama, histórico, aventuras. 
Duración: 196 min. 

 

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