sábado, 3 de octubre de 2015

CRÍTICA EVEREST (2015)

Director: Baltasar Kormákur  
Reparto: Jason Clarke, Josh Brolin, Jake Gyllenhaal, Elizabeth Debicki, Keira Knightley, Sam Worthington, Robin Wright, Emily Watson, John Hawkes, Clive Standen, Michael Kelly, Martin Henderson, Vanessa Kirby, Thomas Goodman-Hill, Mia Goth.  
Género: Aventuras, alpinismo, basado en hechos reales.
Duración: 121 minutos.  

Valoración: 8 / 10 

FRÍO EN 3D 
Por causas naturales ajenas a mi voluntad, mi identificación con el congelamiento de las extremidades es máxima. Temo al invierno como a mi peor pesadilla. Este año ha llegado al cine antes de tiempo. Allí estaba yo en primera fila. Manga larga y con unas gafas gigantescas. Reconozco que, como a los alpinistas, me gusta sufrir.

 He sentido dolor e inmovilidad en las manos. He perdido la sensibilidad de los pies. He temblado, tiritado y casi agonizado. He revivido el terror de todos los diciembres cuando se acerca la temida fecha, pero a miles de metros de altura. Al respirar, cuando el oxígeno me lo permitía, salía humo. Y, sin embargo, he disfrutado. ¿Por qué? Lo mismo se preguntan los personajes de ‘Everest’. Mi respuesta es la misma que la del de Josh Brolin, pero en versión cinéfila: porque cuando estoy en el cine y la película es buena, desaparece esa nube negra que ronda por los alrededores. 


No soy seguidora de Kormákur. No es lo que se dice mi director preferido. Ha tenido que coronar un 8.000 para convencerme. Lo ha conseguido. No hay protagonista. Hay un reparto de “altura” que hace eco. Para Jake Gyllenhaal nunca tengo suficientes palabras, por muy limitada que sea su aparición. Josh Brolin se adapta mejor a las bajas temperaturas que a la desértica frontera de “Sicario” (Denis Villeneuve, 2015). Jason Clarke no tiene nada de simio. Y así sucesivamente. No es solo la aventura y la superación. Son personajes individualizados, con todas sus redondeces y perspectivas.


Tampoco es fría la historia, narrativamente hablando. Llegar o no llegar. Esa no es la cuestión. O sí, pero no completamente. Matices y emociones. Mucho más conseguidas en la montaña que a nivel del mar. Emociones de altura. Alcanzada la cima, literalmente, con la punta del dedo. Contenida la respiración. Paisaje increíble. Dario Marianelli dirigiendo la orquesta. Tensión. Agobio. Deseo continuo de ponerse los guantes. 


 

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