lunes, 12 de enero de 2015

CRÍTICA BIRDMAN O (LA INESPERADA VIRTUD DE LA IGNORANCIA) (2014)

BIRDMAN O (LA INESPERADA VIRTUD DE LA IGNORANCIA) “BIRDMAN OR (THE UNEXPECTED VIRTUE OF THE IGNORANCE)” (2014) ALEJANDRO GONZÁLEZ IÑÁRRITU
Reparto:



Valorción: 9.5 / 10



IÑÁRRITU, O LA INESPERADA VIRTUD DEL CINE

Por Lucía Pérez García



Volarás, volarás, volarás. No lo dice Peter Pan, lo dice una especie de Pepito Grillo emplumado, enfundando en un ajustado traje de superhéroe. El espíritu ¿santo? que acompaña a la trinidad formada por Michael Keaton, su personaje y el personaje de su personaje. Un todo que es casi lo mismo. La Voz de la inconsciencia. La inesperada virtud de la ignorancia. Birdman. 




Una sátira (y una crítica, y una crítica de la crítica) de dimensiones superheroicas: desde Hollywood hasta la psicología humana, y deshumanizada. Una visión de un mundo, el del cine, el del arte, el mundo mismo; que es puro teatro. Un mundo que, si no se desmorona, es porque el show debe continuar. Y por eso Alejandro G. Iñárritu, en una manifestación de maestría formal y casi psiquiátrica, deja a la cámara volar libremente en busca de esa ignorancia que se esconde en el título. Como el Hitchcock de ‘La Soga (1948), el director oculta los cortes de plano tan sutilmente que parece regalarnos un plano secuencia de casi dos horas. Aquí no hay chaquetas negras que eclipsen el cambio de rollo. Aquí casi ni sabes lo que hay. Solo continuidad. La continuidad, el nerviosismo y la neurosis del ambiente teatral en el que se desarrolla la historia. La continuidad, el nerviosismo y la neurosis de este teatro que es el mundo, y del que ignoramos, ignorantemente, sus continuos e intrincados resortes.




 Y por si no bastaba con esto para dar un realismo lo suficientemente virtuoso e ignorante, Iñárritu sigue añadiendo matices. La música, Santaolallas aparte, también se contagia del ambiente teatral y satírico, con temas cercanos a los musicales de Broadway, temas más tradicionales y un absoluto dominio de la innovación en forma de percusión. La batería de Antonio Sánchez acompaña al protagonista en sus desvaríos mentales, en su no sentirse nadie, en su creencia de ser una broma (y aquí es donde suena un golpe de platillo). Violines melancólicos arrastran su tristeza. Y ciertos aires épicos y de libertad dejan volar su imaginación. Y mientras, nosotros, como ilusos espectadores, ignoramos que lo que estamos escuchando, en realidad, siempre ha estado ahí, presente en cuerpo y alma, con sus baquetas, sus tambores, sus voces y todos sus instrumentos. Porque en esta película nada es incidental, ni está hecho por accidente.




El único accidente es el que el ocurre a Reggan, el personaje con el que Michael Keaton se hace su propio y genial homenaje. Pero es un accidente tan maravilloso y fantasioso que te hace volar con capa y mallas de superhéroe, sin necesidad de aterrizar en el universo Marvel, ni de luchar contra más villanos que el propio mundo y su cultura de masas. Y es que: si acaso quieres volar, piensa en algo encantador o, simplemente, ignóralo.





2 comentarios:

  1. La vi ayer y simplemente me encanto, es que enserio es buenísima.

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    1. Totalmente de acuerdo! es que todo, todo, todo, te deja pasmado! acabó y pensé: otra, otra, otra!!! jajaja

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