sábado, 10 de enero de 2015

CRÍTICA BIG EYES (2014)


BIG EYES (2014) TIM BURTON
Reparto:



Valoración: 6 / 10



DONDE TIM BURTON PONE EL OJO…

Por Lucía Pérez García



…no siempre pone la bala, pero suele acercarse al centro de la diana, ya que el director le tiene echado el ojo a un equipo de muy buen ver, cuya puntería es bien conocida: un músico con oídos por ojos: Danny Elfman; dos guionistas que ven historias dentro de las historias: Scott Alexander y Larry Karaszewski; y un alma kitsch-expresionista que ve el mundo con otros ojos. Sin embargo, en esta ocasión ha querido experimentar un tanto y ha innovado en ciertos aspectos, lo cual ha podido desviar el artefacto unos centímetros  la derecha, o la izquierda, según el color del cristal con que se mire. 


Burton es de los que abren los ojos en una gran expresión de asombro ante las obras de aquellos que aparcan en segunda fila con los faros encendidos. Es de esos que padecen una versión extravagante y oblicua del síndrome de Stendhal. Capaz de llorar con la interpretación de Vincent Price en una película de Ed Wood, y de emocionarse hasta lo sublime con un cuadro de Margaret Kane. Se diría que tiene alma de perdedor y que siente impotencia al no padecer de perdición. Una elección arriesgada que todo el mundo ve con buenos ojos.



Burton vive en su propio y peculiar  microcosmos cambiante: unas veces lúgubre y tenebroso, y otras colorido y luminoso. ‘Big Eyes’ no puede más que habitar en el segundo de estos mundos. Unos ojos tan grandes y abiertos necesitan luz para ser pintados y observarnos desde el lienzo, el estilo de Kane pide a gritos colores y más colores por todas partes y el tormento de la pintora necesita un contraste que lo agrande. Vecino del barrio de ‘Eduardo Manotijeras’ y a pocas millas del pueblecito de ‘Big Fish’, Kane vive encerrada en su casa angulosa con un pincel por mano y cientos de ojos de óleo observándola. Porque los ojos humanos están ciegos, y solo ven a su marido embustero. Ya lo decía Lennon: “Vivir es fácil con los ojos cerrados”.




Burton es un animal musical. No solo tiene un objetivo por ojos. También tiene orejas. Y dentro de sus orejas, agazapado entre sus órganos auditivos, vive un pequeño compositor que sabe traducir como nadie las imágenes de este pintoresco director en sonidos que penetran por las pupilas. Pero al ser esta una película de ojos, parece que los oídos se han cuidado de robarle protagonismo a sus compañeros de cara, no sea que por creerse protagonistas de una cinta sobre pintura se les pareciera Van Gogh y los arrancase de un corte. Ni fu, ni fa. Melodías exóticas para las islas paradisiacas, notitas secas de piano para crear tensión y su característico sonido agudo y amable, acompañado por alguna que otra cancioncilla de la época y por dos canciones originales de Lana del Rey (a la que ya escuchamos en ‘Maléfica’) con claras ambiciones estatuíticas (Big Eyes y I CanFly). 
 


Burton sabe llevar sus historias por un camino diferente y personal. Sabe cómo hacernos mirar en una dirección diferente. Sabe cómo entretenernos y, en ocasiones, enamorarnos de sus fantasías y pasiones. Y, aunque no siempre clave la flecha en el corazón, algo nos deja. Si la trama no está desarrollada con gran interés, los actores, todos nuevos en el universo Burton, la elevan un escaloncito. Si no entendemos o no nos convence la obra de Kane, Burton hace una reflexión crítica a través de distintos personajes y situaciones (kistsch, cultura de masas, consumismo, modas, arte…). Si no nos termina de convencer del todo, es porque pequeñas motas de polvo nos irritan los ojos, que en esta ocasión no lloran de emoción, sino para limpiarse las impurezas. 



En fin, ojos que no ven, corazón que no siente. Y ojos de tamaño desmesurado que quieren ver demasiado, no terminan de abarcar el terreno del corazón que, tristemente, queda en un ángulo muerto.




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