sábado, 5 de julio de 2014

CRÍTICA EL ABUELO QUE SALTÓ POR LA VENTANA Y SE LARGÓ (2013)



EL ABUELO QUE SALTÓ POR LA VENTANA Y SE LARGÓ, “HUNDRAARINGEN SOM KLEV UT GENOM FöNSTRET OCH FÖRSVANN” (2013) FELIZ HERNGREN

Reparto:   Robert Gustafsson, Iwar Wiklander, David Wiberg, Georg Nikoloff, Alan Ford, Kerry Shale.



Valoración: 3 sobre 5



EL ABUELO QUE QUERÍA SER FORREST GUMP Y CUMPLIÓ 100 AÑOS EN EL INTENTO

Por Lucía Pérez García



No hace falta a travesar el espejo, como hizo Alicia, para vivir aventuras pintorescas y estrafalarias. Ha habido casos de abuelos que atravesaron la ventana y les ocurrió lo mismo. Y es que si, como decía Leon Batista Alberti, una pintura es una ventana vierta al mundo, una ventana puede esconder un mundo pintoresco en su versión más abierta. Solo tenemos que saltar a través de ella, y largarnos. Y eso es precisamente lo que hizo Allan Karlsson (Robert Gustafsson) el día de su 100 cumpleaños. 


Tras la venta de Allan Karlsson había todo un mundo por explorar: contrabandistas, policías, elefantes, muertes “accidentales”, trabajadores de puestos de perritos calientes con casi cientos de carreras universitarias, ex ladrones reconvertidos en guardias de estación de tren abandonada, barbacoas en el campo, viajes en avión a lugares exóticos, aguardiente…pero lo más curioso es que al otro lado de la misma ventana el mundo no era menos raro. Como si de un Forrest Gump sueco se tratara, resulta que la vida de este abuelo centenario ha sido de todo menos normal. A partir de una curiosa afición por las explosiones y la dinamita, Allan Karlsson ha recorrido el mundo, ganándose la amistad de lo más importantes personajes de la historia: Franco, Truman, Stalin, Churchill, Oppenheimer, una versión desconocida de Einstein… (y otros tantos que no salen en la película por falta de tiempo) y es por eso que ahora, a los 100 años, no se resigna a vivir atrapado en una residencia. El show debe continuar.



Y continua, y lo hace a saltos entre un lado y otro de la ventana. Un ir y venir continúo entre el pasado y el presente. Un combate por la anécdota más divertida y estrambótica perfectamente conectado de principio a fin. Los protagonistas son exactamente como tenían que ser y los personajes históricos son exactamente como nunca hubieran (¿o sí?) sido. El entorno es típico del cine del norte de Europa, con una fotografía tan natural como el paisaje y un paisaje tan natural como los propios personajes. Diálogos de besugos, pero de besugos inteligentes, bonachones e inocentes. Y un final redondo, en el sentido más literal de la palabra. 


Buena adaptación de una novela que lo pedía a gritos…y a carcajadas.


Cosas de abuelos aventureros e intrépidos.


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