miércoles, 12 de febrero de 2014

CRÍTICA A CUALQUIER PRECIO, "AT ANY PRICE" (2012)

A CUALQUIER PRECIO, “AT ANY PRICE” (2012), RAMIN BAHARANI

Reparto: Zac Efron, Dennis Quaid, Heather Graham, Clancy Brown, Kim Dickens, Ben Marten, Cadence Farrow, Brad Johnson.

Valoración: 3 sobre 5

PADRES, HIJOS Y SUEÑOS AMERICANOS
Por Lucía Pérez García

Américas profundas de granjas lejanas y plantaciones eternas donde los vecinos, a pesar de vivir a veinte kilómetros unos de otros, se conocen mejor que si vivieran puerta con puerta.
Henry Whipple (Dennis Quaid) es uno de esos granjeros empedernidos cuya meta en la vida es mantener, expandir y dejar en herencia sus terrenos. Como una versión algo corrupta del Rock Hudson de Gigante, Whipple pretende que uno de sus hijos siga sus pasos como el siguió los de su padre, y éste los de su abuelo, y así sucesivamente  durante generaciones. Pero los hijos a veces también tienen sus propios sueños. El mayor se ha ido a escalar montañas a Argentina y el pequeño, Dean (Zac Efron), solo quiere  ser piloto de coches.


Con tal panorama, al que se va a unir la crisis económica, el patriarca Whipple intenta mantener sus tierras y su negocio “a cualquier precio”. Si Hommer utilizó energía nuclear para crear sus famosos tomacos. Henry Whipple lava semillas -las “recicla”- para ahorrar dinero. Todo vale, incluso acudir al funeral de otro granjero aprovechando el tirón para comprar sus tierras.
La cosa va, pues, de tradiciones, de ambición, de egoísmo, de sueños y, sobre todo, de padres e hijos. Obviando la omnipresente subtrama amorosa, que es más un estorbo que un recurso dramático a sumar a la historia.
A cualquier precio podría ser una película más. Quizás con cierto aire de telefilme vespertino. Pero en fondo tiene un algo. El director Ramin Baharani, cuyo trabajo poco o nada se ha visto en España, ahonda en la herida del conflicto generacional. La hace un poco más profunda -como profunda es la América donde se desarrolla- y la pone en claro contraste con la luminosidad de los eternos campos de maíz.


 Los personajes protagonistas evolucionan visiblemente. Con picos y caídas. En dilecciones opuestas, para terminar encontrándose. Mientras Quaid pasa de ambicioso a perdedor, Efron pasa de la individualidad soñadora a la reveldía y el arrebato. Solo cuando ambos llegan a la cima de la negación,  se produce la comprensión y la aceptación. La mirada de ambos es fiel reflejo de este cambio. Quaid parece envejecer de golpe, por el golpe, y Efron ya no es el chico más popular del instituto. Es un actor que se revela tanto como sus nuevos personajes. Y parece que el intento va, poco a poco, por buen camino. Parece que se está esforzando por borrar de la mente de los espectadores esa imagen de niño high school. Algo de eso vimos en El chico del periódico y algo de eso se intuye aquí.


Una película que puede pasar desapercibida pero puede merecer la pena por tres razones: por conocer al director, por ver a un Efron algo diferente  y por una historia que, aun vista y revista, se deja ver.






2 comentarios:

  1. Me la apunto para verla.Me gusta mucho las peliculas que se ambientan en "la frontera", en el Oeste Americano, en esa Amercia Profunda que tantas cosas tiene en comun con nuestra propia España profunda, pero que al mismo tiempo es tan diferente,

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  2. Esta película está pasando muy desapercibida por todo el jaleo de los Oscar, pero está bastante bien. A mi también me gusta ese tipo de películas. De vez en cuando pienso que me encantaría vivir en un rancho...jaja

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