jueves, 5 de diciembre de 2013

CRÍTICA FROZEN: EL REINO DE HIELO (2013)



FROZEN: EL REINO DE HIELO (2013), CHRIS BUCK Y JENNIFER LEE

Animación



Valoración: 8.5 / 10



Y EL SOL VOLVIÓ A BRILLAR EN DISNEY

Por Lucía Pérez García



Erase una vez el mundo Disney sumido en un invierno eterno. Solo hielo y frio, mucho frio. La bella durmiente había decidido hibernar para siempre. Ariel había quedado atrapada bajo los glaciares y los resfriados habían acabado con su bonita voz. Aladdin había tenido que dejar aparcada la alfombra mágica porque las corrientes del polo norte le impedían planear, y su mundo ya no era tan ideal. Bella tenía tantos sabañones en las manos, las orejas y la nariz que había perdido parte de su nombre; ahora era solo del montón. La sabana había quedado convertida en una tundra y Simba había tenido que renunciar al trono, porque estaba demasiado frío para sentarse. Disney estaba criogenizado.

Pero en este mundo de cero grados aun sobrevivían algunas criaturas. Éstas estaban preparadas contra el frío, el hielo, la nieve y las tempestades. Tenían una fuerte carrocería, climatización de serie y llevaban siempre una par de cadenas de repuesto en el maletero. Eran conocidos como Cars, y habían dominado el mundo. En un principio nadie parecía lamentarse, el problema surgió cuando estos empezaron a evolucionar: coches, montacargas, camiones, aviones…la polución cubrió los cielos poco a poco y el ruido de los motores era lo único que se escuchaba, en un eco que parecía no tener fin…

Todos habían perdido la esperanza.  Todos, excepto un pequeño grupo de pintorescos personajes que había tomado la firme decisión de devolver el verano al mundo Disney. Nada de vehículos motorizados, nada de  héroes de tres al cuarto que en su falsa modestia quieren ser lo que no son, nada de secundarios insulsos. El calor achicharraría los motores y desconcharía la pintura de aquellos seres odiosos. El sol volvería a brillar y los árboles crecerían tanto como una planta de habichuelas mágicas, llevándose con ellos los malos humos del combustible y la contaminación ambiental.

Y así fue. Este grupo formado por la valiente princesa Anna, el intrépido Kristoff, su reno Sven y una pequeña versión de Mr Potato convertido muñeco de nieve; se lanzaron a la aventura para devolvernos aquello que la mecánica nos había robado, y lo consiguieron.  De nuevo Disney empezó a brillar. Se volvieron a escuchar canciones, volvieron los cuentos, las princesas, los castillos encantados; los secundarios volvieron a hacerse primarios, niños y mayores volvieron a sonreír, el mundo fue de nuevo feliz, es más, fue feliz en sus tres dimensiones, que ya es decir: paisajes fabulosos, personajes sin ningún tipo de empalagosidad e historias que mezclan la tradición más entrañable con la más feliz actualidad (y recuerdos de Enredados).

Al ver esto, la Bella durmiente despertó de su letargo, Ariel recuperó el movimiento de su cola, Aladdin voló de nuevo en su alfombra, Bella estaba más guapa que nunca y Simba volvió a reinar sobre todo aquello hasta donde alcanza la luz.

En un otoñó tan frío como este, un abrazo bien calentito, aunque este venga de un muñeco de nieve, es como el mejor regalo anticipado de Navidad. Ojalá el verano de Disney sea eterno. Ojalá un verano hasta el infinito y más allá.

2 comentarios:

  1. Me encanta como lo has contado,es fantástico y ahora estoy ansioso por ver "Frozen".Jaja

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  2. jajaja =D me alegro un montón de que te haya gustado. A mi aun me dura la felicidad de la doble sesión de ayer, y hoy he pasado menos frío. Me encanta Disney cuando es Disney. =D

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