martes, 29 de marzo de 2016

CRÍTICA UNA PASTELERÍA EN TOKIO, "AN" (2015)

UNA PELÍCULA FABRICADA CON EL CUIDADO Y EL CARIÑO DE UN BUEN PASTEL. 
Por Lucía Pérez García  


 
Todo empieza con un pétalo de flor cerezo en un dorayaki. Todo es efímero y fugaz. La vida, la belleza, las flores, los pasteles. Lo único que vive para siempre es el recuerdo de lo que hemos hecho. Mueren las personas, pero queda lo que fueron. Llegan las arrugas y los achaques, pero queda la sonrisa. Se marchitan las flores, pero el olfato conserva su olor. Doraemon se come todos los dorayakis, pero siempre nos queda un nuevo capítulo del gato cósmico. Bromas aparte, Una Pastelería en Tokio encarna en forma de película el concepto de lo pasajero, la belleza silenciosa y la relación simbólica y espiritual de la cultura oriental con la naturaleza.  

El cine japonés siempre ha reflejado esa especial relación con la naturaleza que tiene la cultura oriental. Lejos de la actitud proteccionista de occidente, que conlleva una posición de superioridad respecto a ella, Oriente se coloca a una misma altura, pero con el respeto de quién se siente agradecido y a la vez intimidado por aquello que le regala belleza y le da la vida. También la muerte. Ya sea mostrando su cara más fiera o regalando la oportunidad de renacer en ella como una semilla. Solo así se entiende el cine de Naomi Kawase. 


Toda su filmografía, y su obra artística en general (fotografía, poesía, ensayo, video arte…), busca el origen. De sí misma, en su versión más autobiográfica. Del hombre, espiritual y corporalmente. De los elementos. El Bosque del Luto (2007), Hanezu (2011), Aguas Tranquilas (2014), o los documentales El Sol se Pone (1996) y Cielo, viento, fuego, agua, tierra (2001). Todas ellas están especialmente enfocadas desde la mirada de una directora que ve en el cine una forma de arte, entendiendo por ello la expresión externa de su interior: sus pensamientos, vivencias y traumas; y de éste con todo lo que le rodea.  


Una Pastelería en Tokio nos cuenta lo efímero de tal forma que nunca lo olvidemos. Y lo hace desde el punto de vista de una señora mayor que ha visto pasar todas las cosas del mundo y, aun así, lo sigue adorando. No es una película pasajera. Es triste y la vez alegre. Nos enseña en la belleza del mundo en cada pequeño detalle. En esas cosas que olvidamos mirar porque las creemos sin importancia y cuando nos damos cuenta, ya se han ido. Kawase se detiene en ellas. En forma y en fondo. Desde su objetivo, hasta una crema de judías de un marrón feo y con grumitos encuentra su sitio y su valor positivo. Y cuando somos capaces de sentirlo, hasta la luna, japonesa hasta las trancas (tanto que tienen un festival de contemplación de la luna), nos sonríe. 

Un empacho de dorayakis que merece la pena no dejar pasar.  


Y todo termina con un pétalo de flor de cerezo… 


Valoración: 8.5 / 10 

UNA PASTELERIA EN TOKIO, “AN” (2015) 
Director: Naomi Kawase 
Reparto: Masatoshi Nagase, Kirin Kiki, Miyoko Asada, Etsuko Ichihara, Miki Mizuno, Kyara Uchida. 
Género: Drama, vejez, enfermedad. 
Duración: 113 min. 


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