viernes, 4 de marzo de 2016

CRÍTICA KNIGHT OF CUPS (2015)

TERRENCE MALICK: CABALLERO DEL ABSURDO 
Por Lucía Pérez García 




Arriesgándome a no ser entendida, me aventuro a escribir una crítica a lo Terrence Malick. Preparada la voz en off. Cámara en mano. Luz natural. Música maestros. 


"Había una vez un joven príncipe cuyo padre, el rey de Oriente, lo envía a Egipto para encontrar una perla. Pero cuando llega, el pueblo le sirve una taza. Al beberla, se olvida de que era el hijo de un rey, se olvida de la perla y cae en un profundo sueño". 

La playa. El atardecer. Olas. Viento. Detrás de la melancolía, Emmanuel Lubezki. ¿Déjà vu?  


Voces de programa de radio nocturno. Frases supuestamente profundas y filosóficas que queriendo tener más sentido que ninguna, lo pierden. 

La dolce vita de Christian Bale. Malick intenta su propia gran belleza. Y no le sale. 

Mujeres de una vida: Cate Blanchet, Natalie Portman, Imogen Pots…, mujeres de un día, de una noche. Un trozo de película para cada una. ¿Su significado dentro de la historia?

Música original de Hanan Townshend. Malick también paga a un compositor. Pero ya no hay Zimmer. Ya no hay Horner.

Christian Bale en una fiesta. De noche.

Christian Bale en su casa. Arquitectura moderna. De día. Recuerdo los planos de Sean Penn en El Árbol de la Vida. Nada que ver.



Christian Bale con problemas de amores. A todas horas. Malick y el amor. Malick y la tragedia. 

“Canon en Re Mayor” de Pachelbel. 

He dejado de pensar en la película. Imposible comprenderla. Solo veo a Christian Bale.  

Me gustaban las primeras de Malick. Cuando se tomaba su tiempo para reflexionar en vez de intentar hacernos reflexionar a nosotros precipitadamente.  

Repaso mentalmente la filmografía del director. Malas Tierras. Nada que ver con el Malick que conocemos. Genial. Días del Cielo. Ya empieza a ser Malick. La Delgada Línea Roja. Sigo llorando. Un Nuevo Mundo. Sobraba Colin Farrel. El Árbol de la Vida. Me daba miedo y terminé hipnotizada, sorprendida. To The Wonder. Necesité dos intentos y mucha voluntad para verla. Ya se está pasando. Y ahora, solo queda la estética por la estética. La belleza por la belleza. Pretensiones filosóficas de un filósofo conformado con aquello que le hizo célebre. Vacío. Como el vacío existencial del personaje de Christian Bale. 

Christian Bale sigue en la playa, dentro de esas paredes de hormigón y cristal, en una fiesta, en una discoteca llena de luces de colores sobre la oscuridad de los pensamientos. 

No he visto por ninguna parte al príncipe de oriente. Si acaso al mismo actor que una vez fue el Moisés de Ritley Scoot. ¿Aceptamos pulpo como animal de compañía? Christian Bale. Es lo único que veo. 

¿Quien es, o qué es, el caballero de copas? El personaje de Christian Bale es un caballero. Solo de presencia. Va de copas. Pero...

La magia de Terrence Malick se va esfumando película a película. El director misterioso quizás esconda algún misterio y nos sorprenda gratamente la próxima vez. Lo dudo, no se haya tomado su tiempo… mientras tanto: ÉSTO YA LO HE VISTO, Y MUCHO MEJOR.

Ahora es cuando no has entendido nada. Ahora es cuando sientes lo mismo que yo al acabar: Knight of Cups


Valoración: 3 / 10 

KNIGHT OF CUPS (2015) 
Director: Terrence Malick 
Reparto: Christian Bale, Cate Blanchett, Natalie Portman, Brian Dennehy, Antonio Banderas, Freida Pinto, Wes Bentley, Isabel Lucas, Teresa Palmer, Imogen Poots, Peter Matthiessen, Armin Mueller-Stahl, Cherry Jones, Patrick Whitesell, Rick Hess, Michael Wincott, Kevin Corrigan, Jason Clarke, Joel Kinneman, Clifton Collins Jr., Nick Offerman, Jamie Harris, Lawrence Jackson, Dane DeHaan, Shea Whigham, Ryan O'Neal, Bruce Wagner, Jocelin Donahue, Nicky Whelan 
Género: ¿drama?
Duración: 118 min.



 

2 comentarios:

  1. Buena crítica. Me aburrí bastante con esta película. La estética centralizada en planos lentos, voces en off y discursos ambiguos de filosofía y religión debieron quedarse en el Nuevo mundo.

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    1. Pues sí, bastante aburrida. Y eso que a mi em gusta Malick, pero cuando uno se empeña en un estilo acaba por estilizarlo demasiado.

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