viernes, 26 de febrero de 2016

CINE Y ATLETISMO: GALLIPOLI (1981)

GALLIPOLI: EN EL ATLETISMO Y EN LA GUERRA
Por Lucía Pérez García 



Porque no solo de fondistas vive el cine. Los velocistas también tienen un hueco. La de 1980 fue la década en la que las piernas de los actores se movieron más rápido. En Carros de fuego, Eric Liddell (Ben Cross) demostró que Dios le había hecho con un propósito: correr más rápido que nadie. Un año antes, en Gallipoli, Archie Hamilton (Mark Lee) corría a la velocidad de un leopardo. Todos recordamos la escena de los atletas rodando por la playa acompañados de la música de Vangelis. Mítica y motivadora como la que más. Pero pocos recuerdan la arenga de un entrenador a su joven pupilo y sus 9.8 segundos en unos 100 metros en medio del total silencio del gran desierto australiano. ¿Por qué? Australia está tan lejos…  

¿Qué son tus piernas? 
 Muelles, muelles de acero. 
¿Y qué van a hacer? 
Llevarme a toda velocidad 
¿A qué velocidad puedes correr? 
A la de un leopardo 
¿Y a qué velocidad vas a correr? 
A la de un leopardo.  



El cine australiano empezó a conocerse internacionalmente a partir, precisamente, de los ochenta, cuando directores como George Miller o Bruce Beresford y actores como Mel Gibson o Sam Neill, encontraron un sitio en Norteamérica. Fue la época de Mad Max y Crocodilo Dundee. También la de Gallipoli. Pero la memoria, bastante ajena a lo marsupial, se decantó por la locura más universal de Max Rockatansky y Michael Dundee. No se dio cuenta de que los atletas también somos unos locos de primera, y de que la guerra, en cualquier parte del mundo, es una total locura.  


Uno de los hombres que pertenecieron a esta nueva ola del cine australiano fue Peter Weir, un director ante el cual hay que ponerse firmes y decir aquello de: “Oh capitán, mi capitán”. En su haber, maravillas tales como: El Año que Vivimos Peligrosamente (1983), Único Testigo (1985), La Costa de los Mosquitos (1986), El Club de los Poetas Muertos (1989), El Show de Truman (1998) y Master & Comander (2003). Gallipoli fue un punto de inflexión en su carrera. Su idilio con el cine americano estaba a en cámara de llamada, listo para salir a la pista. 


Y si extraordinario es el director, no lo es menos el compositor Brian May, considerado el mejor australiano de su profesión. Autor de la trilogía inicial de Mad Max y culpable de que los momentos más atleticos de Gallipoli nos lleguen al alma. A sus temas, con ese sabor tan ochentero del sintetizador, estilo Vangelis y Giorgio Moroder, se suman el tema “Oxigene” de Jean Michael Jarre para el momento de máxima tensión de la batalla final, y el Adagio en sol menor para cuerdas y órgano de Albioni, para dibujar los sentimientos hacia el horror de la guerra. Y a todo ello, el silencio, como uno de los elementos más importantes. 



Y es que como bien dice el propio protagonista (apunten bien): “Correr no es todo en la vida”. Por eso Gallipoli es, ante todo, una cinta bélica. Una fórmula que aprendería bien Angelina Jolie para hacer Invencible (2014). Y es que tanto en la guerra como en el atletismo el objetivo es siempre la victoria: personal, moral, física o material, pero victoria al fin y al cabo. Tan impresionante como la descripción de las emociones ante la inminente batalla y el miedo a la muerte, lo es la del significado del atletismo. Un modo de vida, de amor hacia los seres queridos, de amistad, de diversión, guardián de recuerdos y momentos, incluso un elemento de supervivencia y valor. Un símbolo del verdadero significado del deporte.  


Única e inolvidable. El plano final se te queda grabado para siempre como una doble imagen: victoria y muerte. La entrada en meta y en la otra vida tienen en Gallipoli un significado similar. 

Valoración: 
-Cinéfila: 7 / 10 
-Motivación: 6 / 10 
-Técnica: 6.5 / 10 

GALLIPOLI (1981) 
Director: Peter Weir 
Reparto: Mel Gibson, Mark Lee, Bill Hunter, Robert Grubb, Tim McKenzie, David Argue, Ron Graham, Bill Kerr. 
Género: Bélico, Primera Guerra Mundial, Atletismo. 
Duración: 110 minutos.

 

2 comentarios:

  1. está chulo el reportaje, mucho sentimiento.

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  2. El sentimiento del atleta cinéfilo :D gracias otra vez por recordarme la peli!

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