jueves, 16 de enero de 2014

CRÍTICA AGOSTO, "AUGUST: OSAGE COUNTY" (2013),

AGOSTO, “AUGUST: OSAGE COUNTY” (2013), JOHN WELLS

Reparto: Meryl Streep, Julia Roberts, Ewan McGregor, Chris Cooper, Abigail Breslin, Benedict Cumberbatch, Juliette Lewis, Margo Martindale, Dermot Mulroney, Sam Shepard, Misty Upham, Julianne Nicholson

Valoración: 7 / 10

UNA TRAGEDIA AMERICANA
Por Lucía Pérez García


Si la primavera la sangre altera, el verano, en pleno agosto, te desangra sin más. Y si no que se lo digan a la familia Weston…
John Wells, más productor de TV que director (Urgencias, Turno de guardia, Smith, Shameless), adapta la obra homónima de Tracy Letts (que también hace las veces de guionista), ganadora del Pulitzer en 2008, a la gran pantalla. Una obra típica del teatro norteamericano, con aires de Tennesse Williams (La gata sobre el tejado de zinc, Un tranvía llamado deseo) y tintes de comedia, más que negra, de luto.

Prácticamente toda la acción transcurre en la casa de los Weston, cuyo salón-comedor hace las veces de tramoya. Allí se reúne toda la familia con motivo de la muerte del patriarca (Sam Shepard): la madre del cordero (Meryl Streep), una mujer terrible con cáncer de lengua que no se caya ni una, por dolorosa que sea; sus tres hijas, la amargada (Julia Roberts), la responsable y conformista (Jualianne Nicholson) y la pija e “inocente” (Juliette Lewis); con sus respectivas parejas (Ewan McGregor y Dermot mulroney), la hija de la mayor (Abigail Breslin), la hermana de  la viuda (Margo Martindale), el marido de ésta (Chris Cooper) y su aparentemente tontorrón hijo (Benedic Cumberbatch). En fin, un caos en el sentido más literal de la palabra.


Agosto es como un teatro. Desde la unidad de lugar y la división de la acción, siendo la central, la de la comida familiar, la más sugerente, densa…e irritante; hasta el mismo final, donde los personajes van haciendo mutis por el foro uno a uno. Sin embargo, no deja de ser interesante el contemplar la personalidad de cada personaje y su comportamiento respecto a los otros y a la situación.

Desde el primer momento la atmósfera se nota tensa. Cada palabra es más hiriente que la anterior y cada gesto más despreciable. Tan solo algunas pequeñas pinceladas de un humor negro desteñido consiguen aligerar un poco lo cargado del ambiente. Por todos lados aparecen trapos sucios. No importa sacarlos a la luz. El caso es airearlos para que todo el mundo pueda verlos y recrearse en la miseria del prójimo. Si uno sufre, el de al lado tiene que sufrir el doble. Y, por consiguiente, sufrimos todos.


Este gusto amargo que dejan tanta desavenencia y tanta lucha se suaviza con las buenas actuaciones de un gran elenco de actores que, aun pecando un poco de teatrales , no tienen desperdicio. Meryl Streep es tremenda. Tan pronto parece venirse abajo en un baile de locura, ardor de lengua, ojeras y cabeza despelucada; como se alza enorme sobre todo aquel que ose hacerle frente o, simplemente, ponerse en su campo de visión. Julia Roberts no se queda atrás como digna hija de su madre. Arrugas y canas incipientes. Su aspecto delata su cansancio vital. Como sus gestos redundantes, fruto de la neurosis tanto tiempo contenida. No hay espacio para hablar de todos, porque nadie se salva. Pero no puedo dejar de nombrar a Benedic Cumberbach por aquello del contraste que supone verlo de esta guisa después de escuchar su voz saliendo de las fauces de Smaug.


Un detalle curioso es el del calor. En la casa hace un calor enorme, lo cual propicia ese comportamiento arrebatado. A mí me recordó a la escena de El gran Gatsby en la que están en el hotel de Nueva York. Todos sudan y la temperatura sube. Y cuando sube la temperatura, sube el pan…

Preparen el aire acondicionado.

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