martes, 24 de diciembre de 2013

CRÍTICA ISMAEL (2013)

ISMAEL (2103), MARCELO PINEYRO

Reparto: Belén Rueda, Mario Casas, Sergi López, Juan Diego Botto, Ella Kweku, Larsson do Amaral, Mikel Iglesias, Gemma Brió, Òscar Foronda

Valoración: 5 / 10

BONITA, SIN MÁS
Por Lucía Pérez García

En Ismael hay dos películas: por un lado, un pequeño drama familiar, romántico, y por otro, una comedia. El primero tiene como protagonistas a Ismael  (Larsson Do Amaral) y Félix (Mario Casas), un hijo y un padre que no se conocen y que, por la sorprendente iniciativa del pequeño de ocho años, que vayan ustedes a saber cómo compra el billete de AVE y se planta en Barcelona sin que su madre, Alika (Ella Kweku) y su padrastro, Luis (Juan Diego Botto), se enteren, terminan cruzando sus vidas. Y la segunda es la que viene de manos de Nora (Belén Rueda), madre de Félix y del amigo de éste (Sergi López), que dejando de lado sus problemas se abren emocionalmente el uno al otro, provocando una serie de situaciones cercanas a la comedia clásica americana.

Suena bien, pero que muy bien (calderas a parte, ya verán porqué). El problema es que es más lo que suena que lo que luego se ve. La historia es, lo que se dice, bonita, sin más. No tiene giros sorprendentes ni la profundidad necesaria para llegar a emocionar del todo. Si bien te cuestiona varios dilemas, como el del racismo, con una escena en una cafetería que bien podían haberse ahorrado y el hecho de que el niño protagonista sea fruto de la relación entre un hombre  blanco y una mujer negra; y el de la paternidad ¿Qué es realmente un padre? ¿Aquel que lleva tú sangre o el que te ha cuidado toda tu vida? Fuera de ello, es la parte cómica la que termina salvando un guión que de otra forma llegaría a ser bastante monótono. Es la que te saca una sonrisa cuando tu mueca empieza a hacerse triste o cuando la boca empieza a abrirse para bostezar. Y aquí no solo entran la abuela y el amigo pertinentes, a ellos se suman los alumnos problemáticos de Félix, cuya apariencia no tiene nada que ver con su fondo; he aquí una nueva cuestión.

En mi opinión, lo que más chirría las actuaciones. Algunas son perdonables, como la de Ella Kweku, modelo internacional que paga un poco la novatada. Pero otras son algo más que un delito. Mario Casas no me termina de convencer. Va creciendo desde el principio de la película, pero no acaba de alcanzar la calidad que a estas alturas se debería esperar de lo que se supone una promesa del cine español. Dicho de otra manera, no es el Mario de La mula, ganador del premio en el pasado Festival de Málaga. Sin embargo, nada hay que objetar al pequeño Larsson, cuyos pequeños fallitos son los normales en un niño de su edad. Y mucho menos a la bis cómica de Belén Rueda y a un Sergi López fantástico en su papel de conquistador. Juan Diego Botto tiene un papel secundario, pero lo defiende con maestría.


En general, Ismael  es poco más que una película con encanto. Algo así como el hotel rural de personaje de Sergi López; agradable, íntimo, bonito, pero con las incomodidades y ruidos propios de lo que se aparta de lo común.  Y es que después de películas tan negras como Plata quemada o Cenizas del paraíso, Marcelo Piñeyro necesita aun recorrer un pequeño trozo del camino que le lleve hacia la luz. Ismael tiene luz, pero es una luz intermitente como la llama de una vela. Pero estoy segura que cuando el director argentino pulse el interruptor y se encienda la bombilla, desaparecerán todas las sombras.


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