lunes, 29 de abril de 2013

CRÍTICA ON THE ROAD (2012)


ON THE ROAD (2012) WALTER SALLES
Reparto: Garrett Hedlund, Sam Riley, Kristen Stewart, Amy Adams, Tom Sturridge, Danny Morgan, Viggo Mortensen, Alice Braga, Elisabeth Moss, Kirsten Dunst, Terrence Howard, Steve Buscemi

Valoración: 4.5 / 10

UNA CARRETERA A NINGUNA PARTE
Por Lucía Pérez García

La carretera. Ese camino interminable que nos llama con voz áspera de asfalto. Que nos invita a recorrerlo y nos atrapa en su monotonía y en su relativa temporalidad. Recto o exasperantemente curvo y enrevesado. Llano o empinado, casi vertical. Solitario o tremendamente concurrido. Dulce o agobiante. Pero siempre hacia delante, porque la marcha atrás no existe, tan solo existe un nuevo camino en dirección opuesta.
Son infinitas las razones que nos empujan a emprender el viaje. Desde el merecido descanso o la simple ansia de libertad, hasta la búsqueda de uno mismo. Y es esto último lo que ha atraído siempre al artista. Un nuevo lugar, un nuevo yo. Un yo reinventado o, quizás, un yo verdadero que no conocía.
Jack Kerouac fue uno de esos espíritus bohemios de los 50 que encontró en el viaje una forma de expresión,  más liberada, más rebelde y más espontanea. Sus vivencias, trasladadas al papel en una especie de autobiografía novelada, se convirtieron en todo un símbolo para aquella generación que compartía inquietudes y preocupaciones. Algo así como las películas de Marlon Brando y James Dean, pero en versión sublimada, itinerante y no apta para menores de 18 años.
On the road fue su novela más famosa. Muchos fueron los interesados en llevarla al cine, no en vano, ha sido una de las inspiraciones fundamentales de las road movies. Desde el mismo Kerouac, quien se lo propuso, precisamente, a Marlon Brando, hasta Coppola, pasando por Jean-Luc Godard, Gus Van Sant (Tierra Prometida) o Joel Shumacher. Sin embargo, la dificultad de la adaptación ha hecho que tengamos que esperar hasta el 2012 para ver su versión cinematográfica para la cual, según el propio director, Walter Salles (Diario de una motocicleta, otra road movie sobre jóvenes en plena búsqueda personal) han sido necesarios ocho años de trabajo. Que el esfuerzo haya valido la pena, más allá de reafirmar la dificultad de la adaptación, es cuestionable.
La historia, de por sí extraña, se hace aun más dislocada. El director intenta reproducir la prosa alocada de Kerouac mediante planos extenuantes, cortes extraños, un abuso de la cámara en mano y travellings algo estereotipados, sin llegar a conseguirlo del todo. Los personajes son confusos, ambiguos y contradictorios. Entran y salen sin una explicación clara del porqué o del cómo. Y la búsqueda de uno mismo, que debería ser la razón principal del viaje, no se siente por ninguna parte. Más que con sus respectivos “yoes”, lo que están buscando los personajes es un encuentro, lo más cercano, íntimo y carnal posible, con todo aquel que se cruce en su camino. Y si por medio se meten litros de alcohol y kilos de droga y tabaco, mejor que mejor. O es que sus “yoes” están más perdidos que ellos mismos, o es que la moralidad y la ética han muerto atropelladas por estos conductores temerarios.
El reparto parece haber sido elegido por una pandilla de adolescentes fanáticas y chillonas. Empezando por el guapo de turno, Garret Hedlund (Troya, Tron Legacy) y terminando por la superprotagonista de la saga Crepúsculo, Kristen Stewart, que comparte demacración vampírica con San Riley (Control). No es que las actuaciones sean malas. De hecho, Hedlund tiene una pinta de niñato insoportable que no puede con ella; pero distan mucho de ser buenas, quedándose en un discreto aprobado condicional.
Lo mejor de la cinta son las localizaciones, ayudadas por una más que aceptable fotografía de Eric Gautier. Salles intentó filmar en los lugares reales por donde había viajado Kerouac. También la ambientación y la música, firmada por el ganador de tres Oscar Alfredo Santaolalla (Brokeback Montain, Babel, Diario de una motocicleta), contribuyen a la parte positiva, aunque en mi opinión, no le llega ni a los talones a la increíble partitura de Brokeback. El interés y las ganas se notan, pero eso no es suficiente para salvar la película.
Quizás ha llevado demasiado la trama a la situación actual, donde parece que lo único que importa es vivir la vida sin pensar en el futuro ni en las consecuencias. Abusa demasiado de la droga, el sexo, el alcohol y la locura desenfrenada. Todo aquello que atrae a la juventud actual (Si es que a un niño de 15 años con un cigarro en la boca se le puede llamar juventud), pero que sobra en cantidades industriales en la película. En algunos momentos casi me pareció estar viendo a Almodovar escondido detrás de la cámara dando consejos “morales” al director brasileño…
Me quedo con dos frases que por sí solas resumen toda la película:

               “Has agotado toda la poesía que había e ti”
“Echa un vistazo a tu interior y veras en grado de podredumbre al que has llegado”.

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