jueves, 31 de marzo de 2016

CRÍTICA PHILLIPS MORRIS ¡TE QUIERO! “I LOVE YOU PHILLIP MORRIS” (2009)

I LOVE YOU AUNQUE QUE LA CARCEL NOS SEPARE 
Por Lucía Pérez García 




Glenn Ficarra y John Requa son una pareja de “big, stupid comedies”. Si Phillips Morris ¡Te Quiero! Fue la primera ¿Qué podíamos esperar después sino un Crazy, Stupid Love (2011)? Screwball de la buena en una época de comedias románticas estúpidas, que no Crazy, ni Stupid, ni Love. Para enredar el enredo bien enredado, los directores americanos mezclan un hecho real con Cadena Perpetua (Frank Darabont, 1994), Mentiroso Compulsivo (Tom Shadyac, 1997), un poco de Atrápame si Puedes (Spielberg, 2002), otro poco de Lejos del Cielo (Todd Haynes, 2002) y un mucho del sello personal y absurdo de la casa. El orden de los factores no altera un producto que es igual a: me pongo nerviosa, me río, me pongo nerviosa otra vez, me vuelvo a reír, nervios, risa… momento delicado, pañuelito, enfado, nervios, nervios, sonrisa final. 


Está claro a quien corresponde cada momento. Jim Carrey siempre es una elección arriesgada. Lo mismo te saca un Ace Ventura que un ¡Olvídate de Mí! (Michel Gondry, 2004) o un The Majestic (Frank Darabont, 2001). Aunque el tonto muy tonto que lleva dentro le supera, tiene momentos en los que se supera. Aquí se queda a la mitad, con un pie en el lado de los tontos y otro en la conmovedora otra acera. O lo que es lo mismo: un pie en Stupid y otro en Love. Ewan McGregor hace lo propio cuando el que tienes en frente te pone una mueca desencajada, pero su personaje es tan abrazable que no importa lo amanerado que sea. Verlo y escucharlo es quererlo. 


La fotografía tan teñida de amarillo como el pelo de McGregor, los engaños del montaje y la simpática musiquilla de Nick Urata, habitual e inseparable del cine de Ficarra y Requa, con homenaje a Cadena Perpetua incluido, completan una comedia tan imperfecta y enervante como genial e ingeniosa. 


Valoración: 6 / 10


PHILLIPS MORRIS ¡TE QUIERO! “I LOVE YOU PHILLIP MORRIS” (2009) Director: Glenn Ficarra y John Requa 
Reparto: Jim Carrey, Ewan McGregor, Antoni Corone, Leslie Mann, Rodrigo Santoro, Nicholas Alexander, Michael Beasley, Tony Bentley, Allen Boudreaux, Sean Boyd, Brennan Brown, Marcus Lyle Brown, Michael Showers 
Género: Comedia, drama carcelario, romántica, homosexualidad. 
Duración: 95 min. 


miércoles, 30 de marzo de 2016

CINE Y ATLETISMO: CARROS DE FUEGO, "CHARRIOTS OF FIRE" (1981)

CARROS DE FUEGO O LA PELÍCULA QUE NOS ENSEÑÓ A SER ATLETAS 
Por Lucía Pérez García 

“Dios me hizo con un próposito, pero también me hizo rápido” 

 
Uno no puede considerarse 100% atleta hasta que no ha visto, al menos tres veces (una por cada cajón de pódium) esta película. No se es un fondista completo si no se ha corrido por la playa tarareando el tema principal de Vangelis. No hay mejor definición de la palabra atletismo, y del deporte en general, que la que nos propone Hugh Hudson en Carros de Fuego

El director inglés hace que la etiqueta “basada en hechos reales” nos haga salir corriendo, pero en dirección contraria a la que suele hacerlo. Corremos hacía los Juegos Olímpicos de 1924. Corremos para sentir que corremos. Simplemente. Para sentir la tensión de la competición, los nervios y el sufrimiento. Para sentir lo que es la satisfacción de una victoria. Para sentir esa cosa inexplicable que uno solo siente cuando corre. Y lo hacemos a través de las piernas de dos atletas tan diferentes fuera de la pista como iguales dentro de ella: Erick Liddell y Harold Abrahams. 


El espíritu olímpico al completo está presente en los 123 minutos de metraje. La sana competencia, la deportividad, la amistad, el sacrificio, la tolerancia… nada queda olvidado en este contenedor de valores llamado a ser un hito del cine deportivo. Un estudio histórico exhaustivo: el diseño de producción, las competiciones, los entrenamientos, la técnica… Una historia, la de la competencia entre atletas, que se ha seguido repitiendo a lo largo del tiempo (Carl Lewis y Ben Johnson; Heile Gebrselassie y Paul Tergat...), y que por las fechas de estreno de la película estaba encarnada en Sebastian Coe y Steve Ovett. Un arte universal, el del cine, que continuamente nos hace revivir.


Muchos la comparan, o al contrario, con Gallipoli (Peter Weir, 1981), pero aquella no tuvo la misma suerte en la carrera por los premios. Mientras que su compañera australiana solo consigió un Globo de Oro, Carros de Fuego fue nominada a siete premios de la Academia y ganó cuatro estatuillas: mejor película, la cuarta en la historia de Warner Brothers hasta ese momento (tras La Vida de Emile Zola, Casablanca y My Fair Lady) y la primera de un director debutante; mejor guión original, mejor vestuario, cuidado al extremo, estética e históricamente; y mejor banda sonora. Grande Vangelis. 


Vangelis, el compositor griego que inventó el sintetizador para la música de cine de los ochenta. Un hombre que funciona: “como un canal a través del que la música emerge del caos del sonido”. Aquel que nos hizo llorar lágrimas en la lluvia con Blade Runner (Ritley Scott, 1982). Que nos descubrió América como ni el mismo Colón lo hizo, a través de la música de 1942, La Conquista del Paraiso (Ritley Scott, 1992); y que todavía en 2007 que nos transportaba a la época de El Greco (Yannis Smaragdis). Pero que sobre todo nos invita a correr cada vez que las ganas y la motivación se ceban sobre nosotros. Su música para Carros de Fuego contribuyó como nadie a que la película volara hacia al gloria. Cada tema, no solo el principal, avanza una zancada más. Los dedicado a Liddell y Abrahams suponen ya una entrada en meta triunfante. 

 
Y es precisamente la música la que le da nombre a esta obra maestra del cine y el atletismo: "Bring me my chariot of fire", rezaba el himno “Jerusalem” de William Blake. Dame Carros de Fuego, y nunca olvidaré que soy atleta.  

Valoración: 
-Cinéfila: 9 / 10 
-Motivación: 10 / 10 
-Técnica: 9 / 10 

CARROS DE FUEGO, “CHARRIOTS OF FIRE” (1981) 
Director: Hugh Hudson 
Reparto: Ben Cross, Ian Charleson, Nigel Havers, Cheryl Campbell, Alice Krige, Ian Holm, John Gielgud, Lindsay Anderson, Brad Davis, Dennis Christopher, Nigel Davenport, Peter Egan, Patrick Magee, Kenneth Branagh 
Género: Drama, atletismo, basado en hechos reales. 
Duración: 123 min. 

 

martes, 29 de marzo de 2016

CRÍTICA UNA PASTELERÍA EN TOKIO, "AN" (2015)

UNA PELÍCULA FABRICADA CON EL CUIDADO Y EL CARIÑO DE UN BUEN PASTEL. 
Por Lucía Pérez García  


 
Todo empieza con un pétalo de flor cerezo en un dorayaki. Todo es efímero y fugaz. La vida, la belleza, las flores, los pasteles. Lo único que vive para siempre es el recuerdo de lo que hemos hecho. Mueren las personas, pero queda lo que fueron. Llegan las arrugas y los achaques, pero queda la sonrisa. Se marchitan las flores, pero el olfato conserva su olor. Doraemon se come todos los dorayakis, pero siempre nos queda un nuevo capítulo del gato cósmico. Bromas aparte, Una Pastelería en Tokio encarna en forma de película el concepto de lo pasajero, la belleza silenciosa y la relación simbólica y espiritual de la cultura oriental con la naturaleza.  

El cine japonés siempre ha reflejado esa especial relación con la naturaleza que tiene la cultura oriental. Lejos de la actitud proteccionista de occidente, que conlleva una posición de superioridad respecto a ella, Oriente se coloca a una misma altura, pero con el respeto de quién se siente agradecido y a la vez intimidado por aquello que le regala belleza y le da la vida. También la muerte. Ya sea mostrando su cara más fiera o regalando la oportunidad de renacer en ella como una semilla. Solo así se entiende el cine de Naomi Kawase. 


Toda su filmografía, y su obra artística en general (fotografía, poesía, ensayo, video arte…), busca el origen. De sí misma, en su versión más autobiográfica. Del hombre, espiritual y corporalmente. De los elementos. El Bosque del Luto (2007), Hanezu (2011), Aguas Tranquilas (2014), o los documentales El Sol se Pone (1996) y Cielo, viento, fuego, agua, tierra (2001). Todas ellas están especialmente enfocadas desde la mirada de una directora que ve en el cine una forma de arte, entendiendo por ello la expresión externa de su interior: sus pensamientos, vivencias y traumas; y de éste con todo lo que le rodea.  


Una Pastelería en Tokio nos cuenta lo efímero de tal forma que nunca lo olvidemos. Y lo hace desde el punto de vista de una señora mayor que ha visto pasar todas las cosas del mundo y, aun así, lo sigue adorando. No es una película pasajera. Es triste y la vez alegre. Nos enseña en la belleza del mundo en cada pequeño detalle. En esas cosas que olvidamos mirar porque las creemos sin importancia y cuando nos damos cuenta, ya se han ido. Kawase se detiene en ellas. En forma y en fondo. Desde su objetivo, hasta una crema de judías de un marrón feo y con grumitos encuentra su sitio y su valor positivo. Y cuando somos capaces de sentirlo, hasta la luna, japonesa hasta las trancas (tanto que tienen un festival de contemplación de la luna), nos sonríe. 

Un empacho de dorayakis que merece la pena no dejar pasar.  


Y todo termina con un pétalo de flor de cerezo… 


Valoración: 8.5 / 10 

UNA PASTELERIA EN TOKIO, “AN” (2015) 
Director: Naomi Kawase 
Reparto: Masatoshi Nagase, Kirin Kiki, Miyoko Asada, Etsuko Ichihara, Miki Mizuno, Kyara Uchida. 
Género: Drama, vejez, enfermedad. 
Duración: 113 min. 


lunes, 28 de marzo de 2016

CRÍTICA GALAVANT (SERIE TV) (2015-)

ARMADURAS, ESPADAS, TONTERÍAS Y MÚSICA MAESTRO MENKEN 
Por Lucía Pérez García 

Dale al play y canta la crítica conmigo:



No había una vez, 
Porque no pudo ser 
Una historia tan loca en la Edad Media. 
Dan Folgeman pensó 
Lo que a Cervantes se le escapó 
Por aquellas tierras manchegas. 
¿Por qué no? Hacer un musical con Alan Menken 
Y que todos canten continuamente. 
¡Sí! Un cuento chalado. 
Con un caballero tocado. 
Y le pondremos Galavant. 

Destino de Caballero. 
Disney, Cracy, Love. 
Caballeros de una mesa muy cuadrada. 
Princesas y castillos. 
Reyes inocentones y pardillos. 
Y sirvientes cachondos, molones y listillos. 
¿Por qué no? Torturaré a Menken 
Escribirá canciones 
eternamente 
¡Sí! Todos bailarán.
Será súper genial. 
Y su nombre es Galavant. 

En veinte minutos, no os cansareis.
Aunque no os guste musical.
Os reiréis tanto.
Os daré guiones absurdos.
Tonterías del mundo medieval.
Y más, actores que sabrás
Que son los más, los más 
Como John Stamos o Kylie Minogue. 

Algún día lo veréis, 
Porque la ABC 
Venderá los capítulos a España. 
Os descuajeringareis.
Encima os meareis. 
Con las ocurrencias de Galavant. 
¡V.O.! No debéis esperar tanto. 
Y cantareis como yo os canto
¡Sí! Un descubrimiento. 
Gran entretenimiento. 
No os podéis perder a Galavaaaaaaaant. 





Una serie de caballeros y princesas de lo más absurdo y surrealista, que se ríe de sí misma, con música y canciones de quien inventó el musical Disney (como se nota esa Sirenita) y el guionista de Cracy, Strupid, Love (Glenn Ficarra, 2011) y Enredados (Nathan Greno y Byron Howard, 2010). Como diría Janice: ¡Oh, Dios, mío!

¡Y su nombre es GAAAA-LAAAA-VAAAAAAAAAANT

En su web oficial están los videos de muchas las caciones (Aviso: engancha): WEB GALAVANT 

Valoración: 9 / 10 

GALAVANT (SERIE TV) 2015-2016 
Creador: Dan Fogelman 
Reparto: Joshua Sasse, Timothy Omundson, Vinnie Jones, Mallory Jansen, Karen David, Luke Youngblood, Darren Evans, Ben Presley, Stanley Townsend, Genevieve Allenbury, Sophie McShera, Kemaal Deen-Ellis, Muzz Khan. 
Género: Comedia, parodia, Edad Media 
Duración: 2 tempoaradas (por ahora), de 8 y 10 capítulos, de 21 min.
 

domingo, 27 de marzo de 2016

CRÍTICA ESPARTACO (1960)

ESPARTACO: TRES HORAS IMPRENCINDIBLES PARA REVELARSE COMO UN BUEN CINÉFILO. 
Por Lucía Pérez García 

 
Nuestro corresponsal hollywoodiense nos habla hoy desde 1960, justo a la salida del estreno del Espartaco de Stanley Kubrick. ¿Qué le ha parecido la película señor Crowter? 
“El comienzo, donde se representa la formación en la escuela de gladiadores es animado, entretenido, emocionante y expresivo, no importa lo fiel que sea a la historia. Y la parte central es pretenciosa tediosa ya que se ocupa de la aburrida lucha política”. 

¿Y los actores? 
“El señor Douglas define su contundente estilo western contra al precisión del togado Señor Laughton y el gentil perfil romano del Señor Olivier. Tony Curtys como joven esclavo contrasta en su teatralidad con la facilidad para hacer el payaso de un romanizado Ustinov”. 

Parece que a nuestro amigo Bosley no le hace mucha gracia Don Peter Ustinov ¿No es cierto? 
“En Quo Vadis su afectación y sus gritos […] fueron lo más monótono de la película. Aquí, ya lo he dicho, un payaso”. Pues la Academia, con una nominación en la primera y una estatuilla en la segunda, parece que no opina lo mismo… 


Y usted, señorita ¿Qué opina?
Para mi Espartaco fue un descubrimiento. Primero literario. Tres versiones diferentes de la historia, nada más y nada menos, me leí una detrás de otra. El cine, como yo, decidió que la mejor era la de Howard Fast. A esas alturas del siglo XX americano, las otras dos novelas, junto con el guión de Dalton Trumbo, habrían sido demasiado. Con la de Fast, que también tiraba para el mismo lado, ya era suficiente. McCarthy no hubiera salido vivo de otra forma. Aquí, al menos, salió tocado pero no hundido. Pero ambos, Fast y Trumbo, se desquitaron a su antojo.  

Con el tiempo, la película ha perdido su ración de polémica (aunque se acercan tiempos de cambios…). Ahora es, como tantas otras compañeras épicas, uno de los grandes clásicos que hay que ver al menos, una vez en la vida. Sin significados ocultos. Solo disfrutando del cine del que unos años después inventara la Space Opera contemporánea, se atreviera a mezclar los decorados pop en con Beethoven, nos dejara un plano icónico de Jack Nicholson con un hacha y el reflejo desnudo de la pareja Cruise-Kidman en un espejo. Antes que todo eso, Kubrick fue un director clásico que olía a maestro. 


¿Solo eso?...
Antes que Russel Crowe existió un gladiador llamado Kirk Duglas. Un hombre cuya alma de luchador le mantiene aún en pie con casi 100 años. Con un hoyuelo inconfundible y una presencia de esas que te transportan inmediatamente a la era dorada de los estudios. Con un porte imponente que hacía olvidar su mediana estatura (1.75). Y con la ambición de atreverse a formar su propia productora y hacer películas de este tamaño. Es difícil elegir una actuación. Me quedo con su Doc Hollyday de Duelo de Titanes (John Sturges, 1957) y, por su puesto, su Van Gogh en El Loco del Pelo Rojo (Vicente Minelli, 1956). Espartaco viene en tercer lugar. Espero que no arme una rebelión contra mí. 


Tony Curtis, visto está, que no era solamente un “loco con faldas”. Y Ustinov, en contra de lo que Usted, Don Bosley, opina, a mí me hace gracia. Jean Simmons veo que si es de su gusto. A mí se me parece demasiado a la Hepburn como para preciarla en todo su esplendor. Pero sí, el contraste de elegancia y brutalidad de la pareja protagonista es tremendo, y casi lírico. ¿Olivier? No se me olvida. También es digno de mención. Aunque pasó medio metraje sumergido en los baños, del que la mitad acabó sumergido en la censura. 


Pero si algo queda en la retina son las luchas de gladiadores y sus entrenamientos. El gran Retiario, el gladiador más cinematográfico, encarnado por Woody Strode. Los ejercicios de un Kirk Douglas que recuerdan, en su versión romana, a los entrenamientos de su boxeador en El Ídolo de Barro (Mark Robson, 1949), y el emotivo combate final.

 
¿Y la música qué tanto le gusta a usted comentar, señorita? 
Alex North… Pobre criatura traicionada por Kubrick unos años después en 2001. Espartaco es, quizás, la banda sonora más tradicional y épica de su filmografía. El compositor que introdujo el jazz en el cine junto con Elmer Berstein también sabía ser elefantiástico. Grandes temas sinfónicos, una fortísima fanfarria inicial, un melódico tema romántico, etc. Entonces… ¿Qué hay de nuevo, Viejo? Un tema para las minas donde la percusión a base de metal simula el trabajo de los esclavos, y toda una concepción musical basada en las tonalidades menores, las disonancias y los ritmos sincopados (que para eso venía del jazz), que nos anuncian la futura decadencia de Roma. ¿No es esto suficiente? A Kubrick nos e lo pareció y, en su necesidad de improvisar escenas por problemas con el personal, introdujo más música de la cuenta en algunos cortes. Ya se le veía venir lo traicionero. 


¿Ha acabado ya? 
Solo quería decir que, pese a no ser una película de “Romanos con Jesús” como se estila en Semana Santa, en el fondo, y sobre todo al final, hay momentos y enseñanzas aplicables a estas fechas. No la lucha y la venganza, sino la búsqueda de la justicia y del bien; al defensa del amor y la amistad; y la rebelión contra un imperio que seguía el camino de Sodoma y Gomorra. Si Dalton Trumbo levantara la cabeza (lo hará próximamente en el cine) quizás no pensaría igual que yo. 

FIN 

Valoración: 9 / 10 

ESPARTACO (1960) 
Director: Stanley Kubrick 
Reparto: Kirk Douglas, Tony Curtis, Laurence Olivier, Peter Ustinov, Charles Laughton, Jean Simmons, John Gavin, Nina Foch, Herbert Lom, John Ireland, John Dall, Charles McGraw, Joanna Barnes, Harold J. Stone, Woody Strode, Peter Brocco, Paul Lambert, Nick Dennis. Género: Drama, histórico, aventuras. 
Duración: 196 min. 

 

sábado, 26 de marzo de 2016

CRÍTICA RESUCITADO, "RISEN" (2016)

EN BUSCA DE LA FE
Por Lucía Pérez García  






Resucitado “resucita” aquella película italiana de título tan largo: Una Historia que Comenzó Hace 2000 Años (Damiano Damiani, 1986). No lo hace intención de remake, como la de Giulo Base de 2006. Pero el parecido es más que razonable: incuestionable. También lo son las diferencias, precisamente en lo fundamental.  

El cine actual tiende a enseñar más de lo que debe. Busca en impacto en la imagen, y si puede, se recrea en él. Como el Cristo de la Clemencia de Martínez Montañés, El Cristo de Resucitado nos mira desde la cruz. Pero su rostro no muestra la piedad que le dio el escultor sevillano. La imagen de este Cristo es puro sufrimiento. Rictus de muerte que, en su realismo, parece negar las palabras: “perdónalos porque no saben lo que hacen”. Y sin embargo, no las niega. Porque los ojos con los que nos mira están filtrados por los de un romano que, un segundo después, ya siente la culpa y el remordimiento. Más tarde, serán las numerosas apariciones de Cristo resucitado las que guíen al sorprendido romano hasta el “Sí creo”. 


Esta búsqueda de la emoción de forma tan explícita resta valor, emocional y espiritual, a la película de Kevin Reynolds. El cine clásico supo traernos a Jesús en las miradas del pueblo. Bastaba eso para que todo Él estuviera entre nosotros. La Túnica Sagrada y Ben Hur son ejemplos magistrales de esta emoción. La de Damiano Damiani, más de treinta años después, se unió a ellas llevando el recurso al extremo. Allí, Dios está en todas partes, pero en espíritu. Está incluso donde el protagonista no lo sabe. La fe, ese “sí creo”, no se cuenta en versión Tomás (imagen que no falta en Resucitado), sino desde el trauma interior y la locura por el descubrimiento de un misterio que ya está dentro antes de que se sepa descifrado. La diferencia es clara. Aunque Joseph Fiennes se esfuerza. Realmente se esfuerza. El director Kevin Reynolds también. 



Pero Resucitado tiene otros atributos que le ayudan superar este bache. Uno de ellos es, paradójicamente, el realismo. La secuencia de la crucifixión es una de las más fieles a la historia de todas las que ha dado el cine, Mel Gibson incluido; y la recreación del ambiente es espectacular, con especial mención a los paisajes almerienses. La música también podría incluirse dentro de este apartado, ya que Roque Baños (no olvidemos que estamos ante una coproducción española) utiliza una instrumentación adecuada al lugar y la época que dan, en su fusión con la orquesta y el coro, un toque de Antigüedad. Aunque no acierta en toda su extensión y tiene reminiscencias del cine histórico actual, consigue momentos que superan la búsqueda de emoción a la que no llega la imagen. 


 

Y así, llegamos al momento en el que la película nos interpela a nosotros. ¿Qué mejor momento para hacerlo que en Semana Santa? La fecha de estreno ha sido el mayor acierto, y la mejor homilía.  


Valoración: 6 / 10 

RESUCITADO, “RISEN” (2016) 
Director: Kevin Reynolds 
Reparto: Joseph Fiennes, Tom Felton, Cliff Curtis, Peter Firth, Stewart Scudamore, María Botto, Mish Boyko, Mark Killeen, Stephen Hagan, Stephen Greif, Antonio Gil, Luis Callejo, Richard Atwill, Andy Gathergood, Jan Cornet, Joe Manjón, Pepe Lorente, Selva Rasalingam, Stavros Demetraki, Manu Fullola, Mario Tardón, Àlex Maruny, Paco Manzanedo, Frida Cauchi. 
Género: Drama, histórico, religión. 
Duración: 107 min.


 

viernes, 25 de marzo de 2016

CRÍTICA UNA HISTORIA QUE COMENZÓ HACE 2000 AÑOS, "L´INCHIESTA" (1986)

HACE 2000 AÑOS, Y HOY MISMO
Por Lucía Pérez García 






Comenzó hace 2000 años y todavía sigue dando que hablar. Como hecho de fe, como historia y como leyenda. Y el cine, que habla de todo, da igual el año en que comenzara, nunca ha dejado de contarlo. La resurrección de Cristo es “carne” de cine. Tiene “espíritu” de cine. Misterio, intriga, thriller psicológico, drama, aventuras, épica… toca lo más grande, material y espiritualmente, y lo más profundo, lo que no se ve, aquello de lo que se duda. 

Siendo un asunto tan cinematográfico, es tarea imposible encontrar una década en la que no se haya hecho una película, serie o documental que lo aborden. Todos recordamos los clásicos, pero todos los países han querido rendir homenaje a ese hombre que, no importa lo creyente que uno sea, encarna un mensaje universal en el que la resurrección juega un papel fundamental. 

ItalIa, cuna del péplum (todavía se alzan en los estudios de Cinecittá una gran ciudad romana) y lugar histórico implicado en la historia sagrada, no podía quedarse atrás. Su especial sentido del cine: fundado en el Neorrelismo, con cemento y ladrillos americanos y con tejado de Spaghetti Western, ha dejado obras más que peculiares en todos los géneros. El bíblico es uno de ellos. Desde El Evangelio Según San Mateo de Pier Paolo Pasolini (1964), hasta las tropecientas mil series y películas para televisión, pasando por esta curiosidad titulada Una Historia que Comenzó hace 2000 Años.  


Damiano Damiani, como el mismo cine de su país, creció con Vittorio De Sica y compañía, y amaneció para el celuloide en la edad del eurowestern, género del que participó con Yo Soy la Revolución (1966) o El Genio (1975). Todo ello se mezcló en una obra dominada por la crítica social y política, en la que tenían cabida actores de talla internacional. Una Historia que… fue una de sus últimas películas (la última fue Ángeles de Negro, protagonizada por Carmen Maura en 2002), y quizás la más alejada, pero cercana al a vez, de su temática predilecta. Y es que las intrigas del poder y las revueltas del pueblo son algo que siempre está de actualidad. 

Hace 2000 años, según nos cuenta Damiani: el pueblo de Jerusalén estaba inquieto, Tiberio quería saber, Pilato no quería que se supiera, su mujer, Claudia, no quería entrar en su juego, Tito Valerio Tauro intentaba descubrir y descubrió sin enterarse de que lo había conseguido… todo un rompecabezas que acaba por descubrirnos el poder de la fe, y las argucias del poder que hacen perder la fe en el mismo. El misterio llega a convertirse en locura. El metraje avanza. Jesús no aparece pero está siempre presente. Se diría de él que es un protagonista invisible. Pero como finalmente termina viviendo Tauro en sus propias carnes, no es tan invisible como parece. Es precisamente ese detalle el que eleva la cinta por encima de lo esperado. Una cinta que ni siquiera está etiquetada como bíblica o religiosa, sino como drama, intriga y misterio. Lo espiritual no se ve, se siente. Más cuanto más nos acercamos al final de la investigación.  



Protagonizada por Keith Carradine y un Harvey Keitel con cara de llamarse Máximo Décimo Meridio, no cae en las convenciones del spaghetti. No está rodado en España, sino en Túnez. No busca el plano estilizado. Pese a que la búsqueda es ardua, no se detiene más de lo necesario en pasajes eternos. Y el westerniano Riz Ortolani, se mantiene lejos del estilo morriconiano. No hay más western que el hecho de un hombre atormentado. Pero su tormento no acaba en el cañón de un rifle, sino en la apertura del corazón al misterio más grande la humanidad, a la historia más grande jamás contada. 


Una Historia que Comenzó hace 2000 Años fue nominada a tres David di Donatello, ganando Llina Sastri el premio a mejor actriz secundaria. En 2006, el también italiano Giulio Base hizo un remake, de calidad cuestionable, titulado En Busca de la Tumba de Cristo, protagonizado por Max Von Sydow. Esta Semana Santa 2016, Joseph Fiennes volverá a encarnar a ese detective espiritual en Resucitado. Peor esa será otra historia ¿No era la misma?...  


Valoración: 7 / 10 

UNA HISTORIA QUE COMENZÓ HACE 2000 AÑOS 
Director: Damiano Damiani 
Reparto: Keith Carradine, Harvey Keitel, Phyllis Logan, Angelo Infanti, Lina Sastri, John Forgeham. 
Género: Drama, histórico, religión 
Duración: 107 min. 


 

 

jueves, 24 de marzo de 2016

CRÍTICA BEN HUR (1959)



CUANDO EL CINE SE HIZO GRANDE EN UNA GALERA Y UNA CIRCO ROMANO
Por Lucía Pérez García



"Dentro del formato llamado ‘Blockbuster’, que por lo general supone una sublimación de la sensibilidad a la acción y la aventura, Metro-Goldwyn-Mayer y William Wyler han conseguido diseñar un drama humano extraordinariamente inteligente y fascinante en la nueva producción de "Ben-Hur" […] es, de lejos, la más respetable y emocionante película bíblica hecha jamás”. Así habló Bosley Crowther, nuestro corresponsal en Los Ángeles de los 50-60, de Ben Hur, la gran película que se adelantó a su tiempo: remake, blockbuster, efectos especiales impresionantes, acción, más acción, un poquito más aún, aventuras e incluso sangre, y 11 Oscars, los mismos que Titanic y El Señor de los Anillos: el Retorno del Rey. Lo de reebot lo dejamos para la próxima versión de Timur Bekmambetov.

Otro libro, el de Lewis Wallace, que leí con tanto entusiasmo que casi me quedo ciega. De páginas tan amarillas como el poster de la película. Olor a polvo de circo romano. Tacto arenoso como los paisajes de Jerusalén. Hojas rotas como lateja que cayó de aquella terraza. Viejo como los Reyes Magos que introducen la historia. Letras que corrían como las cuadrigas de Mesala tras el incombustible hijo de Hur. Un libro como debe ser del que solo podía salir una película estratosférica.


William Wyler es uno de esos directores más grandes que su propia obra: La Loba (1941), La Señora Miniver (1943), Los Mejores Años de Nuestra Vida (1946), La Hereder (1949), La Gran Prueba (1956), Horizontes de Grandeza (1958), La Calumnia (1961)…Ben Hur. Cuentan que cuando Chalton Heston quiso cambiar unos diálogos de uno de los grandes westerns por excelencia, Wyler dejó en la silla de director un cuaderno con todos estos títulos. Las frases, por su puesto, siguieron como estaban. Aquel que se ha adueñado de la imagen de Moisés y el Cid no fue capaz de decir una palabra más. ¿La vamos a decir nosotros?

Ben Hur lo tiene prácticamente todo para darse un empacho de cine y quedarse con ganas de más. Wyler, que había trabajado en el rodaje de la versión de Fred Niblo de 1926, sabía bien a lo que se enfrentaba: a todo imperio romano como nunca antes lo habían visto ni Griffith ni DeMille. No es solo la espectacularidad de las galeras y las carreras, los increíbles escenarios, la música de Miklós Rózsa o el impactante silencio que nos regala en la secuencia de la carrera… es la veracidad de los detalles desde el punto de vista histórico y artístico, y es, sobre todo, la profundidad de una historia de amistad truncada, el respeto y la emoción con la que son tratados los asuntos de Dios. Un Dios sin rostro que se ve en los ojos que observan y en las almas que sienten, en esa obra de misericordia que es dar de beber al sediento. 


Tal es la pasión que genera esta historia, que Wyler no pudo esperar a terminar la última escena de Horizontes de Grandeza para salir pitando a Roma. Nosotros solo tenemos que esperar a que llegue otra Semana Santa para poder volver a verla. Aunque… ¿Por qué esperar tanto?


Valoración: 8.5 / 10

BEN HUR (1959)
Director: William Wyler.
Reparto: Charlton Heston, Jack Hawkins, Stephen Boyd, Haya Harareet, Hugh Griffith, Martha Scott, Cathy O'Donnell, Sam Jaffe, Frank Thring, Terence Longdon, George Relph, André Morell, Finlay Currie.
Género: Drama, aventuras, histórico, religión.
Duración: 211 min.